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Arona | Ten-Bel: esplendor y caída de un referente turístico

Ten Bel: El ocaso de la ciudad de vacaciones de Tenerife

Transcurridos 20 años desde la muerte de su creador, el empresario belga Michel Huygens, Ten-Bel es una fuente de problemas para sus vecinos, la propiedad y Arona

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Estado actual de Ten Bel Andrés Gutiérrez

Construida en los primeros años 60 del siglo pasado, el complejo turístico lo forman más de 2.000 apartamentos distribuidos en las promociones Alborada, Drago, Géminis, Maravillas, Bella Vista, Frontera, Primavera y Eureka. En sus 80.000 metros cuadrados tiene todo lo que un pueblo requiere, incluido el primer gran centro comercial de la Isla. Hoy es un lugar deteriorado con poca esperanza en su futuro.


Con su construcción surgió una nueva forma de entender el turismo. Son 2005 apartamentos distribuidos en ocho complejos: Alborada, Drago, Géminis, Maravillas, Bella Vista, Frontera, Primavera y Eureka. Todos con piscina y una principal, de agua salada y junto a una playa: La Ballena. Alberga lo que fue el primer centro comercial de la comarca y de la Isla. Parques, zonas ajardinadas, instalaciones deportivas, tiendas, bares, farmacia, oficina de Correos, entidades bancarias, terrazas, discoteca, un tren como transporte interior propio, bicicletas y hasta coches de alquiler a pedales. Todo eso en 80.000 metros cuadrados de Arona configura lo que, con el tiempo, se consideró la primera ciudad de vacaciones: Ten-Bel.

La idea fue de Michel Albert Huygens, el empresario belga que en 1963 construyó el primer complejo de referencia en el Sur. Ten-Bel es un topónimo que fusiona Tenerife y Bélgica. Durante casi tres décadas (70, 80 y 90) del siglo pasado atrajo a millones de turistas ingleses, alemanes, franceses, holandeses, escandinavos y belgas, además de peninsulares y canarios. Era el lugar predilecto del turismo interior. «Lo que ocurría en Ten-Bel se quedaba en Ten-Bel», recuerda un grupo de aquellos que vivieron «algunos veranos de ese esplendor».

El ocaso de la ciudad de vacaciones

Chano, Jesús, Teresa, Ángeles y Juan Miguel volvieron a Ten-Bel para servir de referente del ayer y el hoy de este lugar. «¿En manos de quién ha estado esto? ¿De verdad, el Ayuntamiento no puede hacer nada? Esto es irreconocible. ¿Aquí vienen turistas? Hay sitios que tienen una pinta chunga, chunga». Y siguen reflexionando y rememorando.

«¿Y estos generadores?». Es la constatación del penúltimo episodio que viven más de 4.000 de los habitantes que hoy residen en Ten-Bel, donde hubo unos 7.000 censados. Porque lo que fue una ciudad de vacaciones es hoy una zona residencial de Costa del Silencio. Otro topónimo que nace al amparo del éxito de Ten-Bel, cuando otras empresas construyen en su entorno y se convirtieron en una competencia despiadada. Ahí comienza el estancamiento y declive, que se acentúa con la venta del complejo por la heredera (su hija) de Huygens, quien falleció en 2002. «Veinte años después de su muerte, Ten-Bel se ha convertido en una pesadilla». Lo asegura Mariano, nombre ficticio de un residente, «porque aquí hay que tener cuidado, todavía».

El desastre

Las empresas que adquirieron el lugar cambiaron el modelo al vender los apartamentos para residir a precios por debajo del mercado. El pago de todos los servicios esenciales y del cuidado de la zona pasó a ser cuestión de cada nuevo propietario y de las comunidades que iban surgiendo. Llegaron los morosos, los okupas, el relevo de propietarios... Alborada se mantuvo y mantiene como la única explotación turística. La nueva condición administrativa provocó que en julio de 2017 se produjera un corte del abastecimiento de agua. Se resolvió.

El 29 de diciembre pasado se registró un corte del suministro eléctrico. El día 30 alquilaron generadores gracias a los que hoy, un mes después, siguen teniendo luz. El consumo de todo Ten-Bel se registra en un contador central, que distribuye el gasto por comunidades. Pero el impago es importante y la negociación con la empresa suministradora no está cerrada. Ni tampoco con la Dirección General de Industria para individualizar el control del consumo.

El Ayuntamiento colabora en la búsqueda de una solución de la mano de los afectados

«Alguien tiene que darnos una solución. Nosotros hemos pagado. Si Ten Bel Turismo (la empresa titular) no pagó a Endesa, tendrá que explicarlo». Son palabras de Luca Mastrantonio (Eureka) pronunciadas en el último mes que resumen el sentir de las más de 1.400 familias que buscan respuestas y soluciones. «Tenemos luz, sí, pero a un precio que no sabemos cuánto tiempo podremos mantener». Las derramas se suceden para poder pagar el alquiler de los generadores y el carburante que necesitan para funcionar.

El gobierno municipal les dice, como a cualquiera que pregunte, lo que todas las autoridades municipales han dicho durante los últimos 20 años: «Es una zona privada en la que no podemos actuar, no está recepcionada». ¿Por qué? Porque Ten-Bel no se ajusta al proyecto autorizado para su construcción. Hubo intentos, el último en 2018. Cuando parecía todo encauzado y hasta el Ayuntamiento de Arona anunció que era posible rescatar esta zona del municipio de su desastrosa situación, la propiedad no cumplió, han explicado desde el Consistorio aronero desde entonces.

Reuniones para una solución

En la actualidad, el gobierno municipal y representantes de las comunidades que conforman Ten-Bel trabajan «de la mano» para resolver una problemática «que nos tiene agotados», asegura Mastrantonio. El último encuentro en esa línea tuvo lugar ayer. «Pero, de momento, no hay perspectiva», sentencia.

El tiempo parece detenido, como si se hubiese producido una hecatombe y no quedara nadie. Es Ten-Bel, una zona turística antaño bulliciosa y reluciente que hoy parece en muchos de sus rincones un escenario de la serie The Walking Dead. Árboles derribados, columpios destrozados, basura por todos lados, escaleras que muestran su esqueleto de metal, restos de palmeras carbonizadas, pintadas por todos lados... Hasta las tuneras están secas y muertas.

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