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Servicios Públicos | Las complejas redes de transporte del agua

La gran arteria del agua en Tenerife

Los tres ramales del canal de Vergara recorren 75 kilómetros de la Isla

Los 75 kilómetros del canal de Vergara atraviesan zonas de monte y paisajes volcánicos tan espectaculares como las extensiones de picón del volcán de Trevejo, que en 1706 acabó con el activo puerto de Garachico, y las coladas del Chinyero, la última erupción en Tenerife, en el año 1909. D.M.

En el sistema de abastecimiento de agua de la isla hay más de 1.200 conducciones que recorren 4.000 kilómetros, de las que 36 son conductos principales, como los que salen de Vergara I y II.

El Plan Hidrológico de Tenerife refleja que el sistema de redes de transporte de agua en la isla está compuesto por un complejo entramado de más de 1.200 conducciones que recorren un total de 4.000 kilómetros para llevar agua potable a la inmensa mayoría de los rincones habitados. Apenas 36 de estas más de 1.200 canalizaciones se consideran conductos principales que, a través de unos 755 kilómetros, se encargan de trasladar grandes cantidades de agua. Entre estas 36 se incluyen los tres ramales del canal de Vergara, que suman 75 kilómetros construidos hace 60 años para conectar la galería con más caudal de Canarias con el sistema general, una auténtica arteria del agua para Tenerife, capaz de abastecer a entre 200.000 y 300.000 contadores de hogares y empresas.

La gran arteria del agua en Tenerife

Directamente del corazón de la isla, a unos 3.305 metros de profundidad, Vergara I es capaz de generar casi 2.000 pipas de agua por hora, a las que se suman más de 200 que salen de Vergara II. Un total de 2.200 pipas por hora, el equivalente a más de un millón de litros de agua o, lo que es lo mismo, 132.000 garrafas de ocho litros cada hora. Un caudal ingente que desde 1961 se canaliza hacia Guía de Isora, La Guancha y Los Realejos a través de una gran obra de ingeniería cuyo mantenimiento requiere constantes visitas «metro a metro».

La gran arteria del agua en Tenerife

La mayor conducción del canal de Vergara, de 47 kilómetros, va desde La Guancha hasta Guía de Isora y continúa por el resto del Sur a través de otras conexiones, como el canal Guía-Tejina. La que llega hasta Chanajiga, en Los Realejos, mide 17 kilómetros y ahí se une al Canal del Norte que abastece al Valle de La Orotava, Acentejo y parte del área metropolitana. El ramal más pequeño, de 11 kilómetros, baja hacia La Guancha para abastecer a ésta y otras localidades del noroeste. En total son 75 kilómetros de un canal de hormigón, de estructura rectangular, cubierto en su mayor parte por losas.

El canal de Vergara recorre zonas de monte y uno de los paisajes más espectaculares de Tenerife, entre las cenizas del volcán de Trevejo, que en 1706 destruyó el puerto de Garachico, y las coladas del Chinyero, la última erupción en Tenerife, en 1909.

Jesús Manuel Álvarez González es el canalero y responsable de las galerías de Vergara I y II, y del propio canal de Vergara, que recorre de forma continua durante todo el año para reparar los daños que provocan la vegetación y, sobre todo, sus raíces; el paso del tiempo, ya que se construyó en el año 1961; los desprendimientos, o la intervención humana en forma de imprudencias, como caminar sobre las losas, que pueden partirse; intereses particulares como coger agua o dejarla salir para abrevar animales o atraer muflones y cazarlos, o simples sabotajes.

Álvarez , que trabaja junto a su hijo Jorge Álvarez Reyes, detalla que el mantenimiento es un trabajo continuo y sin final, que en ocasiones obliga a trasladarse de madrugada a lugares remotos para resolver incidencias. El uso de sensores y nuevas tecnologías permite ahora acotar fugas y problemas importantes en tres tramos. Eso ayuda, pero aún así es necesario recorrer kilómetros de canal para dar con los problemas de origen humano o natural.

Las raíces de pinos, vinagreras y escobones puede ser un auténtico quebradero de cabeza. Álvarez señala que aún se sorprende por la capacidad de las raíces para encontrar el agua y penetrar en el canal «por la más mínima fisura». Cuando la encuentran, «a veces tras recorrer más de cinco metros junto al canal», se expanden creando auténticas redes de raíces que han llegado a superar los 30 metros de longitud. Además, cuando se retiran, «lo habitual es que en un año o dos vuelvan a aparecer en el mismo lugar». Como si tuvieran memoria.

Los desprendimientos de rocas también pueden causar daños importantes en segundos, y es necesario intervenir y reconstruir de inmediato para evitar la pérdida de millones de litros de agua. Precisamente en el entorno del volcán de Trevejo, en una zona que el canal atraviesa entre montañas de zahorra, Álvarez tuvo que actuar hace años para liberar el canal de cientos de kilos de piroclastos que «lo taponaron por un derrumbe».

Respecto al riesgo de sabotajes o de contaminación, Álvarez considera que el gran caudal que arrastra el canal y las estaciones de tratamiento donde desemboca dificultan cualquier actuación de este tipo. «El agua termina siempre en las plantas de tratamiento, donde se analiza y se trata, así que cualquier incidencia podría detectarse de forma rápida», detalla. A lo largo del trazado, Álvarez ha aprovechado mínimas fugas de agua para establecer bebederos para la fauna. También hay registros con tapas para que se pueda coger agua en caso de emergencia, aunque ruega encarecidamente que «se dejen siempre cerradas, puesto que es muy fácil que mueran animales allí si se acercan a beber debido a la fuerza de la corriente, y eso queremos evitarlo».

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