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crónica

Manuel Borges Cedrés, un ramblero ejemplar

Arriba, Manuel Borges (en el centro, a la derecha), en una papada ramblera. Abajo, sus primeros empleados y la farmacia. | | E.D.

La historia de los pueblos la escriben sus vecinos, auténticos protagonistas quienes a través de su esfuerzo y trabajo diario, en sus diversas ocupaciones laborales, han conseguido, con el paso de los años, el progreso de su municipio, con un destacado papel en su historia, además de lograr una mejor calidad de vida de sus habitantes, a través de sus acciones llevadas a cabo, en su mayoría de forma desinteresada.

Manuel Borges Cedrés. | | E.D.

Este es el caso que nos ocupa y que pretendemos hacerles llegar acerca de un ciudadano ejemplar en la Villa de San Juan de la Rambla, que merece, un sencillo homenaje que reconozca su figura, la de Manuel Borges Cedrés, popularmente conocido por Don Manolo el de la Farmacia, al estar próxima la conmemoración del setenta aniversario de la apertura de la primera farmacia de esta Villa. Pretendemos, pues, dar a conocer quien fue este destacado ramblero, que desde su profesión siempre estuvo presto a colaborar con los vecinos. Además de sus destacadas acciones en actos culturales, festivos, religiosos y sociales, y hoy en día, alguno de los cuales podemos disfrutar gracias a su empeño e iniciativa.

Manuel Borges Cedrés, un ramblero ejemplar

Fue el 28 de diciembre de 1952, cuando se produjo la apertura de la primera farmacia en San Juan de la Rambla, por Manuel Borges Cedrés (número 18 de la provincia), tras haber obtenido la licenciatura en febrero de 1950 en la Universidad de Santiago de Compostela, la de más larga tradición de Galicia y una de las más antiguas del mundo.

Manuel Borges Cedrés, un ramblero ejemplar

Manuel Borges nació el 30 de enero de 1906 en la célebre finca de Las Monjas, en el Barrio de La Rambla y falleció a los 81 años de edad (1987), habiendo sido un hombre apreciado, respetado y admirado y que, debido a su espíritu de colaborar con los demás, se granjeó el cariño eterno de los rambleros.

Hijo de familia numerosa, le tocó vivir una época muy difícil, pues la emigración era la constante vital en las familias canarias. Pasó su infancia con los chiquillos de la época en el Barrio de La Rambla, cursando estudios en el Colegio de Los Hermanos de La Salle –hoy Salesianos– en La Orotava y el Bachiller en el hoy denominado Instituto Cabrera Pinto de La Laguna.

Su inquietud juvenil le empujaba a ser marino, pero no contó con el beneplácito de su madre, opositando a Aduanas en Madrid, y al no superar dichas pruebas de acceso, ingresa en la Facultad de Farmacia, y mientras cursaba estudios estalló la Guerra Civil, siendo destinado por sus conocimientos al Hospital de Campaña de El Escorial.

Contrajo matrimonio con Julia Ripoll, quien le anima a acabar su carrera de Farmacia, lográndolo de forma brillante, regresando a Tenerife y con su título de farmacéutico, trabajó en la farmacia de la Viuda de Álvarez en la popular Calle del Castillo, para meses más tarde ejercer la plaza de farmacéutico titular en su pueblo, procediendo a la apertura de la primera farmacia de San Juan de la Rambla, en la calle Estrecha, hecho muy destacable en la Villa, que supuso un avance en la sanidad municipal, evitando así el molesto y tortuoso traslado de los vecinos a municipios limítrofes –Los Realejos e Icod de los Vinos– para la dispensa de medicamentos; téngase en cuenta que con anterioridad el municipio ramblero formaba partido farmacéutico con el del Realejo Bajo.

Don Manolo el de la Farmacia fue un hombre campechano, educado, pero con un inmenso corazón. Nunca negó un medicamento a quien lo necesitara, incluso a muchos que, sin tener seguridad social en aquella época, por falta de trabajo, él les entregaba la medicina, recetada por el médico, casi siempre a fiado, hasta que el cliente pudiera pagar la deuda.

Aquí no acaba su generosidad, pues al tener coche –de los pocos del municipio– dispuso el mismo para ayudar en lo necesario. Así era frecuente trasladarse a Santa Cruz a por encargos y suyo fue traer al pueblo el primer transistor, además de pilas, rollos fotográficos, etc. Asimismo siempre prestó de forma desinteresada trasladar al médico cuando era menester para atender a vecinos de lugares alejados y de difícil acceso. Y hasta en una ocasión, metido en un barranco alumbró con los faros de su vehículo hacia la casa terrera del vecino necesitado, que carecía de electricidad, para que el médico lo atendiera. Muchos actos de buena voluntad, pues con su coche ejerció de taxista, ambulancia y hasta de coche fúnebre, todo ello gracias a su noble gesto de servicio a los demás.

Además, fue inspector farmacéutico municipal del partido del Realejo Bajo, ejerciendo con eficacia su cargo. Por si fuera poco, queriendo ayudar a su pueblo formó parte del Ayuntamiento de San Juan de la Rambla, siendo teniente de alcalde, por nombramiento del gobernador civil, tomando posesión en la sesión plenaria de 27 de octubre de 1960, en la época del alcalde Antonio Ruiz Cedrés, que además era primo suyo. De tantas iniciativas que llevó a cabo y a fin de recaudar fondos, promovió con los hermanos Ruiz y García González, una verbena para acondicionar el acceso a la popular zona de baño del Charco de La Laja. Incluso tuvo el acierto de habilitar el primer carro de recogida de basura a domicilio.

Manuel Borges fue, asimismo, colaborador nato en diversas actividades de tipo cultural, como veladas musicales, o comisiones de fiestas; encabezando la del año 1956 que celebró en junio, en honor a San Juan Bautista (Patrón del municipio) desarrollando un brillante programa y pasando a ser la fiesta principal sustituyendo a las del Carmen. Cabe destacar que fue en esta fiesta donde consta acreditado que la célebre papada –que consiste en una cena popular y de convivencia en la Plaza Rosario Oramas– tuvo notable éxito y sirvió como inicio de este número festivo en años venideros. Don Manuel copió la idea de haber visto algo similar en diversos pueblos de Madrid.

En reconocimiento a tanta generosidad, por su sencillez y enorme calidad humana, la Corporación municipal le otorgó el mérito, a título póstumo, de rotular una calle con su nombre en la urbanización de Las Monjas en San José.

Por último, cabe destacar que, su hija, Julia Borges Ripoll, continuó con la profesión de su padre y ocupó su plaza de farmacéutica titular de esta Villa, hasta hace unos años, habiendo sido pregonera de las Fiestas Patronales el 18 de junio de 2016, en la Plaza de Rosario Oramas, llena a rebosar, cuyos vecinos premiaron con una calurosa ovación las palabras dedicadas a la figura de su padre.

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