“Somos los primeros surferos de Bajamar y pedimos el libre acceso hacia la playa del Lobo y el Arenal”. Los aficionados al deporte de la tabla en la costa lagunera han vuelto a reivindicar a través de las redes sociales del colectivo Las Viejas Glorias de la Punta que se abra la entrada a estas dos zonas de baño situadas entre Bajamar y Punta del Hidalgo, en la costa lagunera, para disfrutar de sus buenas olas . “Llevamos más de 40 años bajando por esa serventía y nunca hemos tenido problemas. A quien corresponda, busque una solución sin más demoras”, concluye el escrito de los surferos. Hay un gran inconveniente, que hace imposible la demanda, al menos hasta que se refuercen los pronunciados acantilados: el grave riesgo de desprendimiento.

El Servicio Provincial de Costas, dependiente del Ministerio de Transición Ecológica, lo deja claro en dos informes de 2019 y 2020. “Debido al riesgo de desprendimientos, avalanchas y deslizamientos del terreno parece necesario incluir esta zona costera en el Plan de Emergencias Municipal”, recuerda el escrito del departamento estatal que gestiona las costas isleñas. El informe, emitido en 2020, enuncia en su inicio que “se aprecia la gran degradación que ha sufrido el terreno a causa de las lluvias, dejando piedras de gran tamaño sueltas y masas de tierra que, por la pendiente, propicia la caída de estas piedras a toda la costa”. También se destaca en el escrito, redactado el pasado febrero, que “el Ayuntamiento, en el ejercicio de sus competencias, debe valorar la categoría que le corresponde a la playa del Arenal y a sus accesos entre playa prohibida o playa peligrosa, y tomar las decisiones oportunas llegando incluso al cierre total si así fuera conveniente”.

Hay que buscar salidas

En dicho informe queda patente la necesidad de la búsqueda de soluciones para evitar que el problema se agrave aún más. Se trata de un tema muy sensible para la población tinerfeña ya que en otras localidades de la Isla ya se han sucedido desprendimientos que han llegado a cobrarse víctimas mortales. Destaca el caso de Santiago del Teide, donde dos mujeres fallecieron en 2009 tras el derrumbe de un talud en la playa de Los Guíos. Lo más importante a partir de este suceso es que distintos estudios indicaban que se podía haber previsto.

La prohibición que pesa sobre Lobo y el Arenal está vigente desde 2011. Desde que se pudo apreciar la pérdida de calidad de los taludes que forman los riscos se han mantenido estas restricciones hasta ahora. La grave amenaza a la integridad física de quienes acceden a estas dos playas solo se puede resolver, como ha ocurrido en otras muchas partes de la costa tinerfeña, con la colocación de mallas de protección metálicas, que sujeten las grandes piedras que cuelgan del precipicio. Es lo que pasó por ejemplo con la playa de Mesa del Mar, en el municipio de Tacoronte, que se reabrió en agosto de 2018 tras meses cerrada por grandes aludes. El Ayuntamiento de La Laguna ya trabaja para conseguir un sistema de protección para los taludes y el acceso por el camino del Lobo a la playa del Arenal. El alcalde, Luis Yeray Gutiérrez, ha remitido los proyectos a la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno canario para captar fondos europeos.

Se trata de un problema que no se puede esquivar o ignorar. Este tipo de accidentes suceden cuando mayor sensación de seguridad hay. Y es que, la naturaleza no avisa. Sobre esta problemática reflexiona el surfista Alex Zirke, mientras vigila desde la altura a los compañeros que cogen olas. Apoyado en la barandilla cercana a la puerta que cierra el acceso al camino del Lobo, el director de la escuela de surf Green Wave y surfista local coincide con el Ayuntamiento sobre que los problemas del Arenal deben de ser solucionados, pero difiere con las medidas adoptadas por la institución lagunera: “Todos estamos de acuerdo en que el Arenal sufre desprendimientos que pueden poner en peligro a los usuarios”, suscribe Zirke, “pero cerrar el acceso al Callado del Lobo no tiene sentido; es como matar moscas a cañonazos”.

Se trata de una postura extendida entre la población local. Para ellos, el cierre de este camino es un error ya que las alternativas de las personas que siguen accediendo a las olas del Callado del Lobo son por lugares más peligrosos aún, denuncia el director de la escuela. “Día sí y día también, veo a gente arriesgando sus vidas, sobre todo turistas y niños inconscientes al pasar por los caminos alternativos”, confiesa preocupado.

Estos vecinos defienden que la mejor solución es la reapertura del camino que actualmente se encuentra cerrado y la rehabilitación urgente de estas áreas vulnerables de esta zona del municipio lagunero. “La realidad, en este momento, es que la puerta del camino más seguro para acceder a la costa sigue cerrada”, comenta Zirke. “Los surfistas, pescadores, paseantes y demás usuarios no tienen más remedio que ir por caminos que entrañan un mayor peligro”, insiste.

Mayor actividad surfera

Este grupo de vecinos recalca la importancia que tiene diferenciar entre la playa del Arenal y el Callado del Lobo, que se trata del punto de mayor actividad surfera. Situado a la izquierda del camino y de la playa, se encuentra separado del punto donde se han registrado la mayoría de desprendimientos, aseguran. El mejor acceso a esa zona es el denominado por los locales como camino del Lobo, que se encuentra clausurado. De unos 750 metros de longitud y con una pendiente irregular, este pequeño sendero entra dentro del informe aunque se cataloga como “no malo”. “Se puede transitar por él perfectamente” dicta la crónica de la inspección, “aunque su único inconveniente es el peligro de desprendimientos debido a la inclinación del terreno y el estado de degradación de los taludes.

El nulo tránsito por este área se torna utópico ya que dadas las dimensiones de la misma y los múltiples puntos de entrada, más peligrosos, no es factible la disposición de policía que restrinja este flujo de personas. Es la mayor preocupación de todas las partes implicadas: evitar que suceda una desgracia. “Esperemos que no ocurra nunca un accidente” declara Alex Zirke, “pero si ocurriera, y hubiera que rescatar a alguien, se van a encontrar con una puerta en el camino que cortará el acceso a los equipos de rescate”.

El otro gran factor en juego en este problema es el económico. “No se trata solo de un varapalo para las escuelas de surf”, comenta el instructor, “toda la economía de la zona sufre este contratiempo”. Y es que en una época en la que el turismo en el Archipiélago se encuentra en sus horas más bajas por la pandemia, “Bajamar y La Punta se han convertido en un destino europeo para la práctica del surf y gran parte de la economía de la zona vive directa o indirectamente de este turismo activo”, proclama Zirke. La economía local se beneficia de la actividad surfera de la zona, según el director de Green Wave: “Los turistas que vienen a practicar surf alquilan apartamentos, consumen en restaurantes, bares, alquilan equipo y compran en los supermercados de la zona”.

La realidad es que, hasta que las autoridades no digan lo contrario, el acceso a la playa del Arenal y a Callado del Lobo se mantienen cerrados debido a las peligrosidad del terreno, con todas las consecuencias positivas y negativas que eso supone. Es un problema que se repite en decenas de punto de la geografía tinerfeña, desde el macizo de Anaga hasta Punta de Teno, en Buenavista del Norte.