Güímar quiere completar el proceso de puesta en valor de uno de los espacios más singulares de su historia y de la Isla: el sitio histórico de Chinguaro. Se trata del antiguo auchón de uno de los nueve menceyatos en los que los aborígenes dividieron Tenerife. En este caso, el menceyato de Acaymo, emblemático símbolo de la aculturación y sincretismo entre la cultura nativa y la europea, actualmente catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) por el Gobierno de Canarias, a través de su decreto 79/1999, de 6 de mayo. “Es un enclave importante no solo en la historia local, insular y regional, sino también atlántica e intercultural”, sostiene la portavoz del Grupo Municipal Popular güimarero, Carmen Luisa Castro.

El Pleno, por unanimidad, acordó, en su última reunión, promover las acciones necesarias para que se ejecuten las cuatro fases del proyecto Tajea –cuyos autores fueron José Lucas Delgado Gorrín, Carlos Bermejo Díaz Calvo y Francisco Javier Carrancho Montero– que faltan por materializar para completar la rehabilitación y conservación del sitio histórico de Chinguaro, al tratarse de la propuesta aprobada por los siete miembros del jurado del concurso internacional de ideas convocado al efecto –lo presidió Javier Eloy Campos, entonces concejal de Cultura y Patrimonio Histórico–, en la reunión que celebró a las 16:30 horas del 21 de diciembre de 2000. La edil proponente se felicita de este paso dado “20 años después”.

El 26 de septiembre de 2004 fue un día grande para Güímar: se colocó la primera piedra de la obra de restauración de Chinguaro, el lugar en el que se mezclaron las culturas guanche y europea. Era un proyecto a realizar en cinco fases con un coste cercano a los 16.800.000 euros, si bien en la iniciada entonces solo se invertirían 1.282.000 euros. Y hasta ahí llegaron. Cabildo Insular (80%), Obispado y Ayuntamiento de Güímar (20%) financiaron esta obra en base a un proyecto que trataba de salvar la arqueología del espacio, recuperar su significado religioso e histórico –Chinguaro estaba llamado a ser un gran centro de peregrinaje por sus connotaciones religiosas– y de resolver el problema paisajístico que plantea “este paraje atractivo, cautivador y fascinante para arqueólogos, antropólogos, historiadores y religiosos”. Esa primera piedra la bendijo el obispo del momento, Felipe Fernández (q.e.p.d.), antes de que fuera colocada para iniciar “un hermoso e importante proyecto”, el primero que se planteó tras ser nombrado obispo nivariense. La idea le surgió mientras leía el libro de su homólogo emérito, Damián Iguacen: La ruta Virgen de Candelaria.

La clave de su importancia

Chinguaro fue la morada de los menceyes de Güímar y el lugar al que los aborígenes trasladaron –y donde permaneció durante unos 80 años– la imagen de la Virgen que encontraron en la playa de Chimisay, hoy El Socorro. De ahí su simbolismo y relevancia para la sociedad güimarera, en particular, y para la tinerfeña, en general. Es el eje de la actual Ruta de la Virgen, ya que aquella talla primigenia fue trasladada desde este enclave al que hoy ocupa la Basílica de Candelaria, donde mora la Patrona de Canarias.

Esta obra estaba llamada a consolidar el lugar como lo que nunca ha dejado de ser en la memoria colectiva de los güimareros: el verdadero santuario de la Patrona. Hay quienes entienden que debe ser el punto central de la ruta mariana de la Isla, “esa que existe en la mente de todos pero que nadie se atreve a promover”. Partiría de la playa de Chimisay o de El Socorro, subiría hasta este punto de Chinguaro y terminaría en la Basílica de Candelaria.

La primera fase de la restauración de Chinguaro –la única que se hizo–, afectó a una superficie de 15.000 metros cuadrados y consistió en la construcción de una ermita moderna en el lugar donde se encuentran las ruinas de la que fue desmantelada en 1986. El templo tiene una cubierta de hormigón visto que sobresale del risco y sirve de resguardo para el celebrante y unos pocos fieles. El aforo se amplió creando una cavidad en la roca, que funciona como capilla donde se venera el antiguo cuadro que representa a la Virgen en la Cueva de Chinguaro, al que rindieron culto los guanches. Para ejecutar el proyecto se tuvieron que cimentar algunos espacios e incorporar rampas de acceso y mejorar la seguridad.

Esa primera fase de rehabilitación empieza en 2003, gracias a un convenio de colaboración entre el Cabildo de Tenerife, el Obispado y el Ayuntamiento de Güímar. Durante los trabajos, el equipo ganador se retiró del proyecto porque se trasladó el emplazamiento de la ermita aguas arriba, una de las cuevas se derrumbó y la obra estuvo parada. Durante la inauguración de esta fase, el obispado de Tenerife consagró Chinguaro como santuario insular, pasando a ser un lugar de culto permanente. En el acto estuvieron presentes los tres obispos que trabajaron por recuperar este lugar: Damián Iguacen Borau, Felipe Fernández García y el actual, Bernardo Álvarez Afonso.

Falta lo más productivo

El proyecto Tajea contempla otras actuaciones más ambiciosas que se dividieron en cuatro fases, aún por desarrollar. “Traerán vida y generarán riqueza en la zona”, asegura Carmen Luisa Castro, quien recuerda que entre esas intervenciones se encuentran las referidas al acondicionamiento integral del Camino de Tonazo, la rehabilitación de la torre del Taro, crear áreas de aparcamiento, así como la recuperación integral de la Charca, un elemento esencial en el devenir de Chinguaro y que incluiría un centro de visitantes, un centro de interpretación, restaurante y un auditorio.

El 15 de junio de 2007 tuvo lugar la inauguración oficial de este enclave. El mismo día en el que Vicenta Díaz dejó de ser alcaldesa de Güímar. En ese momento recordó la coincidencia de que su primera gestión como regidora (1996) fue trasladar al pleno un punto relacionado con esta iniciativa y su último acto como tal fue inaugurar esta primera fase de la obra. Aprovechó para dar las gracias “a mi pueblo güimarero” y decir que “estaré a su disposición allí donde esté”. Falleció el 18 de junio de 2011.

Chinguaro sigue siendo hoy un punto de peregrinaje, aunque alejado del circuito tradicional. El próximo 7 de febrero, como cada domingo posterior al 2 de febrero, festividad litúrgica de la Virgen de Candelaria –y si el Covid-19 lo permite–, este recinto albergará la misa tradicional a la que precede (esta vez, no) una peregrinación desde el casco urbano.