El Consejo de Gobierno del Cabildo ha aprobado un plan de quince años, revisado cada cinco, con un coste de diez millones de euros –a restar la madera que se obtenga cuyo cálculo es de nueve– para organizar los tratamientos selvícolas de pinar radiata. Fueron plantados entre 1946 y 1972, y el documento propone sustituirlos por vegetación de la zona.

“En un momento de la historia se planteó la posibilidad de generar una industria de la madera en los montes” afirma la consejera de Medio Natural, Isabel García. Por ello se procedió a plantar –más de 200 hectáreas– de Pinus radiata, llamado vulgarmente pino insigne para vender su madera.

Ahora se encuentran en una situación de excesiva densidad y decrepitud, “lo que supone un riesgo para los visitantes de estas zonas protegidas”, dice García, además del “alto riesgo de incendio forestal y su fragilidad frente a sequías, tormentas y plagas”.