Los paseos y las primeras compras marcaron la mañana de ayer en el casco histórico de La Laguna. Después de que en la tarde-noche del lunes la ciudad se llenase, a mediodía de este martes el día parecía desarrollarse dentro de una relativa moderación. Casi todo abierto en la vieja Aguere, aunque fueron muchos los que aprovecharon el festivo más para tantear lo que ofrecían algunos comercios o simplemente para recorrer la vieja urbe y tomar un aperitivo.

“Comprar, no mucho; más bien estamos viendo”. La frase es de Milagros, una vecina de El Coromoto que caminaba junto a una amiga por la céntrica calle de La Carrera. “Salimos a dar una vuelta, a ver las tiendas... Lo mejor es que las calles no están tan llenas como otros días”, apuntaba esta ama de casa de 56 años. “Ahora tomamos algo en La Concepción y para casa, otra vez”, indicó Carmen, que la acompañaba. “Yo tampoco es que esté saliendo todo el día, porque hay que tener cuidado, pero estar encerrado, sin coger ni aire, tampoco es que sea bueno”, añadió.

Hasta que empezó un tímido chipi-chipi, el tiempo invitaba a eso que decía Carmen: a despejar la mente por las calles laguneras. Algo así hacía Javier, de 58 años y docente: “He aprovechado para salir a dar un paseo al estar el tiempo un poco mejor, pero la verdad es que hay demasiada gente; al final decidí salirme de las calles principales e irme a la zona de La Manzanilla, por estirar un poco las piernas”. Y continuó en tono responsable: “Me parece arriesgado, y más para una persona de mi edad, ya picando los 60, meterse en la calle de La Carrera y Herradores con lo concurridas que están”.

Lo de las compras de estas fechas, Javier lo deja para mejor ocasión. “Lo tengo en stand by. Intentaré comprar la próxima semana o la siguiente, algún día que tenga un rato libre por la mañana”, manifestó, antes de indicar que, en cualquier caso, es su mujer la que se encarga de la mayoría de los regalos de la familia. “Ella es más atrevida que yo, incluso anoche, con toda la gente que dicen que había, estuvo de paseo con una amiga...”, dijo en una combinación entre la broma y un rechazo contenido.

Dos vehículos de la Policía Local aparcados junto a la iglesia de La Concepción parecían recordar que la pandemia todavía sigue ahí. Desde algunos establecimientos comerciales señalaban que el día se estaba desarrollando dentro de lo previsto. Lo corroboraba Ernesto, que, frente a la tónica dominante, portaba varias bolsas: “En la calle, y, sobre todo, en las más céntricas, sí hay gente, pero en los comercios parece más o menos un sábado cualquiera por la mañana: hay más clientes de lo normal, pero tampoco es esa locura de que estén a rebosar”.

Concepción, de 69 años, caminaba a media mañana por Herradores. Volvía de comprarle un regalo a su nieto, que celebra hoy su cumpleaños. “Mi hija me dijo: ‘No vayas, mamá, que ayer había demasiada gente!’, pero yo quería comprarle el regalo”, explicó. Y agregó: “Mis hijas no quieren que esté saliendo, y la verdad es que hay que tener cuidado”.

Francisco y su hijo David se trasladaron ayer al casco lagunero desde Tacoronte. “Venimos para intentar resolver algunas compras navideñas”, apuntó el patriarca. “Trabajo en una compañía de seguridad y suelo tener turnos que van desde por la tarde hasta la madrugada, y se me suele hacer bastante difícil encontrar un hueco entre semana”, señaló.