El Cabildo inaugura su tradicional belén. Un clásico de las fiestas navideñas que en esta ocasión reúne todos los condicionantes de un año tan especial como el marcado por la pandemia de la Covid-19. Carlos Curbelo, artista polifacético, lo ha elaborado junto a su equipo desde un magisterio en el sector nacido en Guía de Isora que ahora puede admirar toda la Isla, hasta el próximo 6 de enero. Tal vez no sea una obra del todo agradable, pero invita a la reflexión.

El presidente de la Corporación insular da su venia al belén de la casa de la Isla, símbolo de cada diciembre en la entrada del Palacio Insular. El pueblo de Tenerife ya lo puede visitar, aunque debe seguir las medidas de seguridad contra el virus. El aforo es limitado y la posibilidad de las 3D se descarta por ese motivo. Sólo hay una perspectiva, la frontal, pero es el belén de la Isla esta Navidad.

Curbelo, que también es pintor, escultor y artista floral, diseñó en 2010 esta obra. Combina la estética hebrea con un desarrollo escenográfico estructural de estilo claramente napolitano. Así lo explica él mismo en el acto inaugural con la pasión del autor cuando muestra su trabajo.

Pese a las restricciones sanitarias, la idea es superar las 36.000 visitas de 2019

Pedro Martín incide en que “este año la forma de mostrar el belén al público es diferente, pero así y todo disfrutaremos del diseño de Carlos Curbelo, un artista en el más amplio sentido de la palabra, que, a partir de elementos sencillos, elabora verdaderas obras de arte”. Martín, que fue alcalde, recuerda como Curbelo empieza en el pueblo de ambos, Guía de Isora, acoplando los símbolos de los distintos barrios al resultado global. El presidente destaca “el carácter artesanal de todos los elementos utilizados en la construcción” y el trabajo “de mucho tiempo para buscar los elementos precisos, así como unirlos para componer una obra que es casi de orfebrería”. El artista la brinda a toda la Isla “para poder disfrutarla”.

Curbelo se salta el protocolo y toma el micrófono. Con orgullo ofrece una detallada explicación de los elementos de su idea. De las partes y del todo. Incide en que “se fragua hace mucho tiempo y refleja tanto momentos determinados como vivencias personales de todos estos años. Una experiencia vital cuyo resultado es este”. Figuras como la vendedora de palomas o el tuerto encantador de serpientes, recuerda, “los vi en El Cairo, durante un viaje en 2005, y los recreo aquí”. Pero también hay otros guiños entre figuras hechas de terracota cocida y policromada con estructuras de cuerpos de alambre para darles la movilidad y la expresión.

Expresión. Esa es la palabra clave. Las figuras la tienen incluso con una cierta exageración manierista. Por ejemplo, la de María cuando enseña a Jesús. Casi parece retar a Dios por lo que ocurrirá. Y San José señala la escena.

La Adoración de los Reyes Magos muestra el mundo conocido entonces. Europa, Asia y África. Baltasar representa al continente negro y lo hace con un guepardo como mascota y unos enanos músicos de corte. Exótico.

Curbelo representa también escenas cotidianas de un mercado. Las tres virtudes teologales –fe. esperanza y caridad– están reflejadas en ese marco. La fe, con la figura de una vieja ciega cuyo bastón busca la luz, que es el nacimiento de Jesús. La esperanza es la de los niños que intentan subir la escalera para encontrarse con sus amigos. Y la caridad la representa la mujer que, ante quien pide limosna, le da su toga como abrigo para que no pase frío. “No todo es el dinero”, valora Curbelo, para quien “el sentimiento es más importante”. Hay un recuerdo especial en este entorno que el propio autor explica: “La vieja señora de los quesos es mi madre. He querido recordarla ahí”.

El mercado es el centro de la escena. Ahí gana la vida y todo el mundo vocea que ha nacido Cristo. Pero también hay “una señal de mala vecindad”, como dice el autor. Es la de la mujer que limpia la alfombra y lanza la suciedad al que pasa por debajo. Concluye el artista: “Es un sueño cumplido exponerlo en el Cabildo para toda la Isla y confío en que sirva de precedente para que otros belenistas de Tenerife también tengan cabida en este Palacio Insular”.

El belén recibió el año pasado más de 36.000 visitas. Pedro Martín confía en superar la cifra, “pese a la Covid-19”. Permanecerá abierto hasta el 6 de enero de 2021. Todos los días, de 09:00 a 15:00 y de 16:00 a 21:30 horas, excepto el 24 y el 31 de diciembre, cuando el horario será de 09:00 a 15:00; el 25 de diciembre, 1 de enero y 6 de enero, de 16:00 a 21:30 horas.0