11 de octubre de 2020
11.10.2020

"Esperamos que nos pidan perdón"

El poblado marinero de Cho Vito empezó a dejar de serlo el 7 de octubre de 2008, cuando las palas iniciaron la demolición de sus viviendas en plena crisis económica

10.10.2020 | 23:02
"Esperamos que nos pidan perdón"

Tomás González es el referente de la lucha infructuosa de 31 familias por impedir la destrucción de sus viviendas y, con ello, de un barrio costero de Candelaria. Tiene claro, como los demás, que la excusa oficial fue el incumplimiento de la Ley de Costas (así lo refleja alguna sentencia), pero sostiene que las causas reales son la construcción de 14 adosados en un solar situado sobre el pueblo y el desarrollo de un puerto deportivo que el PIOT contempla en el entorno de la central eléctrica, industria con la que limita el sendero que financió la Unión Europea y que sustituyó a las casas del lugar.

A las 10:28 horas de tal día como el 7 de octubre de 2008 "la pala mordió la casa de Rafael". Fue el primer punto demolido de un poblado llamado Cho Vito, que doce años después es callao, soledad, mierda y un paseo a ninguna parte. Bueno, sí, al muro de la central eléctrica de Caletillas, "esa que los socialistas decían que desaparecería en 2015 y que ahora, un lustro después de ese límite, la alcaldesa, otra socialista, asegura que seguirá ahí. ¿Para qué nos tumbaron?".

El 7 de octubre de 2008 fueron demolidas 16 casas y cinco más quedaron inhabitables. En el transcurso de los siguientes días siguieron las palas con su labor hasta completar la demolición de 23 de las casas del barrio de Candelaria. Quedaron nueve en pie hasta cuatro años después. Pero ese es otro capítulo de esta historia, cuyo final "no está escrito".

Tomás González o Tomás el de Cho Vito es el líder indiscutible de la lucha que emprendió la gente de este lugar en 2005. Hoy, doce años después, tiene claro el sentir de los que fueron sus vecinos: "Esperamos que nos pidan perdón". Toma aire y vuelve a la carga: "Que el responsable número uno de lo ocurrido nos pida perdón", y señala directamente al exalcalde de Candelaria, "José Gumersindo García Trujillo".

Cho Vito terminó de desaparecer cuando cayó la casa de Lolita, la más alejada de las entradas al pueblo. Desde entonces, han fallecido siete de quienes residían en las 31 construcciones que formaban el lugar a la orilla del mar y que feneció en aplicación de la Ley de Costas. Desde su salida de lo que fue su casa durante varias décadas, para la mayoría, "todos están reubicados en casas de alquiler y asumiendo su pago, una vez que expiraron los dos años a los que se comprometió el Ayuntamiento de Candelaria".

Doce años después, "ni la administración nacional, ni mucho menos la regional; ni la insular ni la local, que ni está ni la esperamos, se ha puesto en contacto con nosotros. Es lamentable que haya más interés por parte de la Comisión Europea que por nuestras autoridades". González no deja de señalar al gobierno municipal como responsable de la desaparición de Cho Vito -el que había en 2008- y al actual, porque "se comporta con quienes protestan igual que los otros, como ocurre con Bajo la Cuesta".

Entre los habitantes del desparecido Cho Vito se revive su historia cada vez que surge el caso de este otro barrio candelariero. "No quiero que se repita lo nuestro en ningún lugar de Canarias. Y lo que más nos afecta en este asunto es lo que está pasando en Bajo la Cuesta. Estuvimos desde el primer momento luchando juntos".

El argumento final que emplearon para "liquidar" Cho Vito fue la construcción de un paseo litoral. El 25 de mayo de 2011, el Servicio Provincial de Costas comenzó su construcción y su comunicación con el paseo de la playa de Las Caletillas. En el comunicado oficial que hizo público indicó que el paseo tendría 225 metros de longitud con una superficie pavimentada de 1.647,91 metros cuadrados, así como que uniría el tramo de la costa con la trama urbana. Además, se le dotará de servicios a los usuarios, mobiliario urbano y áreas ajardinadas. Hoy el paseo es una realidad que llega a un lugar que hoy "está hecho un asco".

Quienes construyeron e hicieron de Cho Vito un lugar para vivir insisten, doce años después, en que la excusa oficial para demoler sus casas fue el incumplimiento de la Ley de Costas, pero que los verdaderos motivos son "la unidad de actuación de 14 adosados incluida en el planeamiento en la zona alta, detrás del poblado, y el desarrollo del puerto deportivo que el PIOT refleja en el entorno de la central. Nos dijeron que esa era mentira y los documentos hoy dejan constancia de que ambas cosas están en los papeles".

Tomás González tiene claro que "el espíritu de Cho Vito no ha desaparecido. Seguimos aportando nuestra experiencia a quienes están en una situación similar".

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