El sur de la Isla recibió este lunes 11 de mayo la primera fase de la desescalada con una sensación agridulce. La felicidad de los residentes que celebraron el fin del confinamiento brindando en las terrazas chocó con la desesperanza de los pocos comerciantes que abrieron sus puertas para comprobar cómo sin turistas se desploman sus ventas.

Kishore Bhatia esperaba pacientemente en su zapatería de Los Cristianos a que entrara algún cliente después de dos meses con la persiana bajada. Sin embargo, reconoció que sin visitantes que paseen por las calles de este núcleo turístico será difícil mantenerse a flote. "Han venido residentes a comprar cosas puntuales que necesitaban con urgencia, pero nada más", lamentó. La mayor fuente de ingresos de esta tienda salía de los bolsillos de los extranjeros, por lo que Bhatia espera que pronto puedan volver los turistas para poder salvar su negocio. "Vivimos de los visitantes porque hacen un mayor gasto, si no hay vuelos será difícil que nos recuperemos", sostuvo.

En la misma situación está Lorenzo Perera, propietario de una floristería en una calle céntrica. Todavía no se ha animado a abrir al público, aunque sí mantiene activa la venta a domicilio. Asegura que parte de su negocio se sustenta sobre todo "en el gasto de extranjeros residentes, que vienen a la Isla a pasar varios meses sobre todo en invierno", por lo que espera que poco a poco vaya reactivándose. Perera mantiene que antes de abrir su negocio necesita "tener claro cuáles son las normas para que pueda entrar la clientela al local" y conocer también cómo actuar en el caso de que toquen alguna de las plantas expuestas. "Yo no puedo ponerles desinfectante", señaló.

Por eso, de manera preventiva continúa prohibiendo el acceso al público y aseguró que bajo su punto de vista "se está abriendo demasiado la mano muy pronto" y criticó que muchos "vayan sin guantes ni mascarilla a todos lados".

La situación era bien diferente en las terrazas de aquellos establecimientos hosteleros que este lunes abrieron sus puertas por primera vez después de 57 días. Aunque eran pocos los locales que decidieron ponerse a trabajar, sus mesas estaban llenas de gente que pedía cañas, cortados o algo fresquito para luchar contra el calor.

Brindando se vieron este lunes por primera después de dos meses María Ángeles Morago, Jaime Ruiz y Maite Medina. "Estamos muy ilusionados, llevamos mucho tiempo pensando en este momento", aseguró Morago. "La cerveza no sabe igual en casa, como en una terraza en ningún lugar del mundo", sentenció Ruiz. Este grupo de amigos aprovechó también el encuentro para dar "cierta envidia a otros compañeros que se encuentran en zonas de la Península donde no han pasado a la fase 1" expuso Morago.

Moja Szwick aseguró que no le resultó fácil encontrar una terraza abierta para poder inaugurar el desconfinamiento. "Tuvimos que venir hasta el centro para encontrar algo", señaló y finalmente acabó sentada en una de las mesas de la pizzería Mister Pizza. Esta extranjera residente en Arona afirmó que estaba deseando poder salir a la calle y tomar algo bajo el sol. "No queríamos perdernos el primer día de apertura", indicó.

A pesar de que la normalidad pareció volver a Los Cristianos, todavía ciudadanos y establecimientos deben cumplir con unas estrictas normas de seguridad, como la limitación del aforo de las terrazas al 50% y la distancia mínima de dos metros entre las mesas. Pero también con otra restricción que causó algún que otro quebradero de cabeza, el cierre de los baños y aseos que hizo preguntarse a más de uno a dónde ir para aliviar la vejiga después de un par de cervezas.

Aunque los reencuentros fueron este lunes la tónica habitual, hubo otros que han pasado unidos el confinamiento y que tampoco han querido separarse para ponerle fin. Este es el caso de Millán Ventura y Francisco Mesa, dos vecinos que se acercaron hasta una terraza de Los Cristianos para celebrar la vuelta a la llamada nueva normalidad. Ahora que ya pueden salir a la calle "hemos ido buscando los sitios a los que normalmente íbamos antes para ver si estaban cerrados o no" y lamentaron que la mayoría continúa con la persiana bajada. Mesa indicó que pasar más de 50 días encerrados en casa "ha sido difícil", aunque reconoció que "a todo te acabas adaptando". Tanto él como Ventura aseguran que el confinamiento "también ha traído cosas buenas" como "acercarse más a la familia y darle más valor al tiempo".