12 de enero de 2020
12.01.2020

El ejemplo de la cercanía

El oficial de la Policía Local de Candelaria Gregorio González recibe en su último día de trabajo un homenaje de sus compañeros, que destacan su valía profesional

11.01.2020 | 22:53
Todos sus compañeros reconocieron con afecto el trabajo desarrollado durante 35 años por Gregorio González.

Todos los integrantes de la plantilla formaron en la plaza de la Patrona de Canarias para reconocer el trabajo desempeñado por el oficial Goyo en sus 35 años de trayectoria. Agentes municipales resaltan la actitud de proximidad que este mando ha tenido con vecinos y miembros de la plantilla del cuerpo de seguridad. Forma parte de una generación de funcionarios policiales que se jubila en estos años, de la 'vieja escuela', pero que ha sabido adaptarse a la nueva realidad de la seguridad ciudadana en los municipios. Cuando otros muchos apostaron por ganar más dinero, él decidió ser servidor público.

Todos los policías locales de Candelaria formaron en la plaza de la Patrona de Canarias a mediodía del pasado viernes. Ninguno quiso perderse la despedir a su compañero Gregorio González Alonso, más conocido entre vecinos y funcionarios como el "oficial Goyo". Más de 35 años después de apostar por ser policía, su última jornada laboral se desarrolló entre el reconocimiento de sus compañeros y de la alcaldesa, María Concepción Brito. Desde hace 12 meses, toda una generación de policías locales empieza una nueva etapa vital. Y Gregorio González representa a aquellos que en tres décadas han vivido una transformación considerable de la sociedad, de la tecnología, de la preparación y de las capacidades de sus plantillas. En toda esa evolución, González Alonso no se ha olvidado de la importancia de saber tratar a ciudadanos y a compañeros, con cercanía y sin prepotencia.

El principal organizadors del homenaje, el agente Ruymán Jiménez, lo define como "una persona que es todo corazón y, como mando, ha sido un padre para todos nosotros, ya que nos ha sabido transmitir amor a la profesión". Para Jiménez, el "oficial Goyo" es "el típico policía de la vieja escuela que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos".

Otros tiempos


Gregorio entró como auxiliar de policía en 1984. Decidió ser agente y su primer salario fue de 52.000 pesetas al mes. Esa decisión no era la más popular entonces. Muchos jóvenes preferían ir a trabajar al Sur de la Isla, a la construcción o la hostelería, donde cobraban dos o tres veces más, según el "oficial Goyo". Reconoce que "era una etapa muy difícil, no había tanta tecnología y los medios, muy escasos". Trabajaban nueve policías locales para 7.000 vecinos empradronados. Comenta que "hacíamos de policías, de bomberos, de enfermeros o de socorristas". Durante sus primeros 14 años, "ninguno de nosotros cogió vacaciones en los meses de verano", ante la proliferación de fiestas. Algunas de esas jornadas empezaban a las ocho de la mañana y finalizaban a las tres de la madrugada. En el 2001 ascendió a oficial y once agentes entraron en el cuerpo de seguridad municipal, cuando ya el censo de Candelaria registraba unas "18.000 personas, pero en verano se elevaba a 35.000". De la primera etapa ha mantenido la idea de que "éramos unos servidores de los vecinos, muy cercanos, ya que a muchos de ellos los conocíamos con nombres y apellidos". Reconoce que, como policía local "empiezas muy acelerado, pero después te das cuenta que lo más importante es saber atender al ciudadano".

Le ha tocado realizar tareas operativas y administrativas. "No importaba el político que estuviese, había que sacar el trabajo", aclara. En los últimos años, como oficial, ha afrontado múltiples funciones, desde ayudar a los policías nacionales que se desplazan a Candelaria para tramitar el DNI, colaborar con la Intervención de Armas de la Guardia Civil, la organización de la logística de la Policía Local, planificar el tráfico durante las fiestas y diferentes eventos, búsqueda de financiación para recursos materiales destinados a la plantilla, recabar datos meteorológicos o la ubicación de las cámaras de videovigilancia en las fiestas de la Patrona.

Lo mejor y lo peor


En 35 años de profesión ha tenido muchas situaciones desagradables. Tal vez la peor fue en la cueva de San Blas, cuando una mujer decidió quemarse "a lo bonzo" y, días después, falleció. La sensación de coger con sus manos la piel quemada es un recuerdo difícil de olvidar. En sus primeros años como agente hubo días en que llegó a su casa con malestar en el estómago por lo que había visto. Pero, con su habitual carácter, prefirió guardarse para él esos sentimientos. Entre lo positivo recuerda las acciones emprendidas para intentar localizar o salvar la vida a personas de diferentes edades. La alcaldesa, María Concepción Brito, explica que "es un compañero muy valorado por la plantilla y los vecinos". Manifiesta que, tras los importantes cambios registrados en Candelaria en los últimos 15 o 20 años, el oficial "siempre ha estado al servicio de las personas, con lealtad y fomentando la convivencia en paz".

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