19 de septiembre de 2020
19.09.2020

El arte de un corredor de fondo

A sus noventa años y a cuatro lustros ya de su inesperado retiro profesional, Gene Hackman constituye una de las figuras más representativas de la ilustre tradición de actores secundarios del viejo Hollywood

18.09.2020 | 22:50
Hene Hackman en 'The French Connection'.

Su mirada era punzante, retadora, chulesca a ratos, helada y aun ardiente; eran los ojos de un hombre que no dudaba, ni reculaba, ni parpadeaba siquiera. Podría sospecharse que sonreía, pero no había en su mueca inamovible vestigios de afabilidad o empatía real. Con su gesto, en cualquier caso, ocultaba mil secretos o alguna que otra cruel trapisonda con la que se afirma a sí mismo como sujeto con capacidad para establecer relaciones de dominio aún en las condiciones sociales y políticas más hostiles.

Ya fuera como detective descreído, como fiel sabueso de oscuros intereses paraestatales; como un revolucionario coach de básquetball, como el presidente sin escrúpulos de un prestigioso bufete de abogados o como un aguerrido oficial de marines en el infierno vietnamita, siempre brillaba con luz propia, ofreciendo recitales interpretativos de una intensidad y un realismo superlativos, en consonancia con la rica tradición de supporting actors del cine estadounidense desde los albores de la industria, poblada de astros de la solidez y solvencia de, entre otros, Robert Ryan, Lee J. Cobb, Dan Duryea, Charles Durning, Richard Boone, Ward Bond, Eli Wallach, Joe Pesci, John Carradine, Burl Ives y Ernest Borgnine, auténticos contrapesos dramáticos frente al protagonismo continuado de las grandes estrellas.

También encarnó a un gángster irredento junto a Clyde Barrow (Warren Beatty), uno de los grandes mitos del hampa en los años de la prohibición; a un turbio presidente de la potencia más rica del planeta; a un viejo y melancólico vaquero en sus años de decadencia; a un rico abogado sospechoso de homicidio o a un férreo y disciplinado comandante de la Legión Extranjera intentando cumplir a toda costa con sus deberes castrenses. Sus interpretaciones, en resumidas cuentas, conforman una de las filmografías más extensas, potentes y complejas del Hollywood de las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta y su peculiar talento dramático, presente en centenares de filmes alojados, desde hace décadas, en la memoria colectiva de varias generaciones de espectadores, han dejado, sin duda, una huella bien palpable entre la amplísima nómina de los intérpretes secundarios , jóvenes y menos jóvenes, que persiguen su propio lugar en el firmamento hollywoodiense.

Pues bien, Eugene Alden Hackman (California, 1930), popularmente conocido como Gene Hackman, ha cumplido en 2020 noventa años, aunque dieciséis de los cuales los haya vivido fuera de los platós cinematográficos disfrutando de una apacible jubilación en la ciudad de Santa Fe (Nuevo México) consagrado a la creación literaria. Un más que merecido descanso tras haber participado en más de ochenta largometrajes de los géneros más diversos y haber obtenido dos Oscar de Hollywood, por su papel del rudo y mugriento detective Popeye Doyle en French Connection: contra el imperio de la droga ( The French Connection), de William Friedkin, en 1971 y, en 1992, por su magistral composición de Little Bill Daggett, el sheriff sádico y corrupto de Sin perdón ( Unforgiven), la incontestable obra maestra de Clint Eastwood, con la que obtuvo su segundo Oscar de la Academia y la oportunidad de trabajar bajo la batuta de uno de los cineastas estadounidenses más respetados e influyentes de los últimos cuarenta años.

En 1974, año en el que se estrenaron en España títulos seminales del cine contemporáneo como Aguirre la cólera de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes), Belle de jour ( Belle de jour), Blow Up ( Blow Up), Tiburón ( Jaws) El honor perdido de Katharina Blum ( Die verlorene ehre der Katarina Blum), El exorcista ( The Exorcist), La naranja mecánica (Clockwork Orange) o Easy Rider ( Easy Rider) Coppola lo fichó para encarnar a Harry Caul, el detective especializado en sistemas de seguridad que protagoniza la inquietante La conversación ( The Conversation), la primera y magistral incursión en el universo del thriller de suspense del autor de El padrino ( The Godfather, 1972) donde Hackman se transforma en el epicentro de una densa y turbia trama criminal. Se trata probablemente de uno de los títulos más perturbadores del cine de los setenta y la definitiva ascensión del actor a la cúspide de los grandes intérpretes secundarios del viejo Hollywood. Pero su verdadera consagración como actor de calado popular le llegaría años atrás, cuando el destino le proporcionó uno de los personajes más singulares de su larga y brillante carrera artística: el detective desaliñado y temperamental que lucha con la mafia internacional en French Connection.

La película, que gracias al enorme éxito taquillero cosechado en todo el mundo se convertiría en uno de los filmes más impactantes de los años setenta, así como en la mejor plataforma promocional para acelerar el paso de Hackman en su camino imparable hacia el estrellato. Dicho éxito también animaría a la Fox a producir, cuatro años después, The French Connection II ( The French Connection II) que, pese a no alcanzar las cotas de recaudación de la primera, prolongó aún más la exposición pública de Hackman en otro filme de enorme calado popular que dirigió, con mano firme, John Frankenheimer.

A partir de entonces, el actor pasó a formar parte de la élite de las grandes estrellas de Hollywood, protagonizando dramas raciales de la magnitud de Arde Mississippi ( Mississippi Burning, 1988), junto a un inmenso Willem Dafoe; grandes recitales interpretativos como los que muestra, junto a Denzel Washington, en la superproducción de la Paramount Marea roja ( Crimson Tide, 1995), de Tony Scott. Un explosivo drama sobre el enfrentamiento personal entre dos altos mandos de un submarino atómico estadounidense que ha de gestionar una imprevisible crisis mundial desatada por un oficial desertor de la marina soviética. Hackman personifica al capitán Ramsey, un militar autoritario, rudo y despótico que socava la autoridad del comandante Ron Hunter (D. Washington) ante el hipotético estallido de una nueva conflagración mundial.

En 1993 participa, junto a Tom Cruise, en La tapadera ( The Firm, 1993), un thriller judicial dirigido por Sidney Pollack, interpretando a Avery Tolar, el jefe de un poderoso bufete de abogados implicado en diversas tramas criminales en donde muestra, una vez más, su enorme versatilidad para encarnar personajes de moral turbia que intentan situarse al margen de la ley en su intento por traspasar todos los límites necesarios para actuar impunemente al socaire de los grandes capos de la mafia italoamericana. Aunque la réplica permanente de Cruise como el joven abogado que descubre, desde dentro, las verdaderas maniobras del bufete, es, sin duda, espléndida, el poderío verbal y físico que exhibe Hackman a lo largo de la película impide cualquier intento de minar, por cualquier medio, su portentosa actuación.

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