09 de mayo de 2020
09.05.2020

Sobre la poesía discursiva de Ángel Sánchez

Cincuenta años de trabajo del último Premio Canarias de Literatura

08.05.2020 | 22:12
Ángel Sánchez.

Pocos días antes del comienzo de este coronavírico recogimiento obligatorio, a comienzos de marzo, se presentaba una obra significativa de un autor no menos trascendente. Hablamos de A ntología de Ángel Sánchez (2019), libro corporalmente apuesto de la colección Biblioteca Manuel Padorno de la Academia Canaria de la Lengua. En la mesa de presentación en la Biblioteca Pública de Las Palmas de Gran Canaria, estuvieron los encargados -junto al poeta- de la selección, Cecilia Domínguez Luis y Roberto Toledo Palliser, además del crítico tinerfeño Nilo Palenzuela Borges. Los dos primeros acercaron unas contadas y afectivas palabras generales y situacionales, y Palenzuela Borges, por su parte, aportó tres o cuatro claves de la poética en cuestión, síntesis de Travesía de Ángel Sánchez, escrito en similar coyuntura en 2007 e incluido en el pórtico de este libro con mucho tino, pues seguramente se trate del texto con mayor profundidad en la actualidad (además de lo escrito aquí y allá por Jorge Rodríguez Padrón) sobre la poesía discursiva del polifacético artista.

Precisamente una de las ideas que en él se tiene presente es la perspectiva multidisciplinar de las propuestas creativas e investigadoras del protagonista, y en esta nuestra interpretación no será olvidada. Es más, escribir exclusivamente sobre la poesía discursiva de Sánchez Rivero ya es partir con pie cojo, pues sostenemos con rotundidad que la justa importancia de esta lírica toma materialidad y quilates si fuera interpretada dentro de ese cuerpo completo que se puede rotular el lenguaje (artístico) de Ángel Sánchez. Aun así, sus poemas han sido, son y serán leídos y antologizados como parte del devenir de un género tradicional históricamente hablando, la poesía, y es en este marco -digamos- convencional desde donde se iluminan propiamente sus procederes más o menos llamativos, estén o no soliviantados por una perspectiva polifocal de la escritura y de la estética. La antología de poesía es dilatada muestra de los cincuenta años durante los que el último Premio Canarias de Literatura se ha ejercitado en el oficio poético. A partir de ella, y teniendo en cuenta factores diversos que ayuden a la interpretación, ensayaremos una lectura que invite a acercarse a esta poesía para disfrutarla, exprimirla y -siempre- repensarla.

Como encuadre general, suele plantearse que hay un cambio de etapa en esta escritura a finales de los años setenta, aproximadamente, percibible en la forma que adoptan los poemas desde entonces: libremente a dos o más columnas rompiendo la estructura habitual monocolumnaria, en bloques de versos con saltos; visual, rítmica y cognoscitivamente a cachos, hasta cierto punto en la estela francesa de la tirada de dados de Mallarmé y más que nada de la caligramática de Apollinaire, a quien Sánchez considera un inexcusable mentor. Compartimos la idea de un nuevo estadio a partir de esos años, pero sin perder de vista que -aunque como críticos nos veamos obligados al despiece- la poesía es un tronco prieto de letras y ritmos inseparables de sugerencias, ideas e invitaciones a concepciones del pensamiento y de las vivencias diferentes a las habituales. Por ello, a este llamativo gesto formal de presentación de los versos hay que añadir la amalgama de significados generados desde una asimilación del paisaje distinta a como había sido tratada por el autor, tal y como se especificará.

Crítica


Desde el primer poemario, acompañado del elocuente nombre de Aníbal Núñez, la letra de Ángel Sánchez deviene explícitamente crítica. La guerra de Vietnam y la Revolución Cubana, la Guerra Civil o la II Guerra Mundial aparecen directa o diagonalmente cual alisios que propician un registro verbal bélico como contrapoder. La inclinación hacia el desfavorecido hace que el hambre, en su palabra poética, se desee arma humana para las personas sencillas ( Roque el Marinero, por ejemplo) y para la cotidianidad general en la miseria mezquina y la pesada falta de libertades de la dictadura franquista; así como fuerza y contención de múltiples circunstancias mundiales donde proliferasen la represión, la constreñida respiración o las muertes injustas en las manos de la policial autoridad castrante. Animados por todo ello, surgen en las páginas -entre otros motivos- referentes musicales populares como los del tango argentino, Janis Joplin o la propia Violeta Parra, por poner un ejemplo más que manifiesto.

De este modo, y a la vez que el artista vuelve a Canarias para quedarse (tras sus vivencias por Salamanca, Francia, Alemania, Sahara?), el señalamiento cuestionador se dirige con ímpetu, igualmente, contra las consecuencias negativas en Canarias de las transformaciones económico-sociales derivadas del turismo, tras el boom; con lo que se rezuma en su poesía desde los años setenta una actitud ecológica que se irá transcribiendo de forma implícita (con la aparición de paisajes antiturísticos para el circuito de masas en Jardines insulares: Cofete, Los Órganos gomeros o las salinas del Janubio?), y con categórica transparencia en sus más recientes Taller de los sentidos (2003) o Teoría y práctica del vuelo (2005). Este último poemario, precisamente, escenifica la continuidad de esta crítica de los comienzos, encendida ahora contra otros motivos inaceptables de la realidad, pero con similar espíritu ("si cupiera otra vida / pediría ser pez: // solo los peces / vivos / van a contracorriente", p. 276).

Cierto es que en un poema del año 1997, Los poetas no podemos impedir (pp. 325-328), el puesto que tiene la lírica en los cambios sociales queda bastante cuestionado ya que la sociedad -para su más trágico devenir- no ha hecho ningún caso al discurso poético. Este vívido abandono evidente como creador fue manifestado por el autor durante la presentación de la antología, y añadía que lo que más le interesaba en el presente era su día a día junto a los seres cercanos y la naturaleza. De ello es fiel reflejo No te pongas así (pp. 361-362), de Cuaderno de campo, uno de sus últimos libros: "empieza al fin a ser ángel / de tu propia guarda dulce / compañía que falta te hace (?) / mira por ti y que le den // al mundo un finiquito / justo y proporcionado // a la humana indiferencia".

Ironía


La ironía que en las anteriores citas atisbamos es desde siempre otro ademán definitorio. Panorámicamente, la escritura de Sánchez posee este tic actitudinal para afrontar con relativa distancia el universo vivido en sociedad, y desde su estilo y postura procura quebrantarlo a partir de las fintas críticas que explicábamos. En Naumaquia (1971) esta ironía se muestra escudo ante el silencio absurdo de los que callan a pesar de la muerte y la nada, con una indirecta dureza que va a abrir grifo en Yoduro de sangre (1975), frente a lo personal y ante lo colectivo. Su retintín punzante adquiere en las Baladas de finales de esa década, y del ciclo inicial que decíamos, un grado cercano a la acritud y a la catastrófica amargura, especialmente contra el familiar universo insular, incluido el mundillo literario ( Balada de las obras completas, pp. 172-174).

Adjunta a esta socarrona ironía sucesiva, hay que entender la utilización de un código referencial y un léxico particularmente llamativos (dentro de la lírica hispánica, y específicamente en Canarias) durante los años en que comenzó a escribir Sánchez Rivero, tras la caída abismal de valores ilustrados que supuso la Segunda Guerra y los posteriores acontecimientos, que vinieron a dar en lo que algunos llaman la posmodernidad y sus relaciones con la economía, la cultura audiovisual y la publicidad, el espectáculo debordiano, las nuevas tecnologías? Nilo Palenzuela engarza esto, en la obra del canario, con la consecuente e incrédula crisis de valores y de identidad del yo que se fragmenta (sin soporte en medio de la caída) a partir de semejanzas con el expresionismo alemán de Trakl y, sobre todo, con el de Gottfried Benn (los dos traducidos por Ángel Sánchez), patentizadas especialmente en su revelador poema El yo tardío, que en la poesía del galdense provocará como análogo gesto su representativo texto Yo el mesturado (pp. 251-260).

Así, mayormente con sorna se suceden en los poemarios, y fuera de su hábitat, móviles extraños e irreverentes a los códigos poéticos tradicionales, por ejemplo citas de periódicos deportivos, de libros de historia o de manuales de instrucciones. Surgen elementos de la cultura norteamericana o un léxico (especialmente anglosajón) adscrito al espectro de actividades y objetos de artificio propios de la vida moderna ( reggae, inside, after-shave, travelling?; pero también desde muy temprano palabras como biodegradable, termorradioactividad, gomaespuma o aceite hidratante). En Yoduro de sangre lo que decimos se entremezcla con el mundo tradicional, también el canario ("este pudridero", p. 134), en una plantilla donde emergen asimismo giros de la jerga juvenil o incluso versos que se tornan eslóganes ( Baladas de las vidas que quisiera, pp. 163-164).

Paisaje


La comparecencia de la naturaleza y los paisajes (en sentido amplio) es otra perseverancia desde los orígenes y, evidentemente, todo lo que en ello tiene que mirar con Canarias y su identidad. No solo el mar y los humanos oficios, sino otros motivos peculiares de nuestra idiosincrasia como pueblo y sujetos ( Tiempo Sur, pp. 140-141) que irán desarrollándose, ampliándose y variándose denodadamente tras su regreso al Archipiélago. De ahí que surjan poemas tan significativos, desde este planteamiento, como Balada de Calibán en la República Bananera, con un enfoque manifiestamente colonial.

Como adelantábamos, se va a producir en esta encrucijada un cambio de perspectiva que tendrá su rostro más nítido en Paisaje sucesivo (1981). Probablemente como pieza resultante de su encarnación decidida en la existencia sicosocial y cultural insular, a partir de este instante el paisaje se agencia el protagonismo: es él, habitual mero escenario de la literatura, el que proporciona contenidos, el que somete al yo poético y el propio sentido. Llega a adquirir tanta fuerza en su cosmovisión esta inspiración dictada que dialécticamente la misma naturaleza se completa de verbalidades ("la mar / espesa / red semántica", p. 218; "esta posición bilabial de la mirada", p. 219). El papel principal de la visión se une al formato a cachos y en bloques que comentábamos, derivando el compuesto poético en una especie de ininterrumpidos negativos fotográficos que -en palabras del autor- apenas se corrigen una vez se trazan sobre las láminas.

Tiempo después, en Taller de los sentidos (2003), su experiencia lingüístico-paisajística sería certificada y sellada con un elemento simbólico recurrente en sus letras, el concreto y singular níspero (p. 257). Con los ojos en él como consciente horizonte, el poeta observa la naturaleza y la expande microscópicamente línea a línea, al detalle, entre margen y margen. Ya no es ni escenario crítico ni boca estimuladora de la dicción, sino refugio y prolongación de paz e inmovilidad. Dentro de este procedimiento se acercan las ulteriores creaciones, y en proporción evidente Cuaderno de campo (2008-2014), donde sigue sutilmente activado el microscopio meditativo sobre la elementalidad del paisaje mínimo en las hormigas, los mirlos, los cardos, los caracoles? "Si no pudimos impedir la humana / contingencia tampoco podremos / hacer mucho más los poetas // que compartir y amar con furia pronominal / yámbica simbolista o poscontemporánea // este amago letal / en pie quebrado" (p. 327); o lo que viene a ser lo mismo: el amparo y abrazo con la naturaleza tras el reconocimiento final de la inutilidad de la poesía para la sociedad del capital y de sus neoliberales e infernales intereses.

Lengua


Aunque vamos hacia el final, el uso lingüístico en poesía es principio por importancia y sentido global como básico sustento e instrumento de un cosmos creativo. Decir lengua poética es mentar cuerpo total, organismo íntegro que oxigena por los poros de la expresión (sintaxis, morfología, fonética, léxico?) y que tiene en la rítmica y la puntuación dos de sus más recios asideros. Amén de concretas y variadas marcas como las que se han ido explicando, hay que sumar que los versos de Ángel Sánchez nunca han tenido puntuación, y hasta en los comienzos a veces florecían versículos que tendían deliberadamente a la prosificación ( Un palmo, p. 54).

Paralelamente, la narratividad (y por instantes cierta testimonialidad) es otra de sus características más obvias, precisamente el rasgo más nítido que lo vincularía en parte, en los inicios escriturarios, al grupo de Poesía canaria última, con el que se le suele hermanar por similares circunstancias temporales de vida, más que por rasgos estéticos comunes en su origen. Esa narratividad, en él prácticamente incesante (a pesar de los matices que le inyecta la mencionada disposición poemática heterodoxa), se conforma y entremezcla con numerosas referencias librescas y culturales: cine, música, artes plásticas, literatura, cómics?; además de con aspectos discursivos históricos y publicitarios; a veces con fraseología y refranero del mundo popular y tradicional cotidiano, incluidos los cantares ("Fúlgida luna", p. 238); y hasta con poemas escritos en otro idioma (francés).

En síntesis, lo que aquí se estila es un conglomerado, a pedazos y sin unidad estructural milimetrada, definido como personalidad lírica mixta que, por un lado, destapa la voracidad de aprendizaje y la tolerante amplitud de miras del autor, en consonancia con su multidisciplinar aventura de vida; y que, por otro, es reflejo de un programa tácito de procesual descreimiento en el que los valores y los ejes humanos tradicionales parecen quedar difuminados y escépticamente en entredicho. Una suerte de sobrentendido territorio mestizo que, sin lugar a dudas, es lógico hijo de nuestros tiempos del posmundo y del postodo, y que además se liga de lleno con la mestura desde la que interpreta Sánchez la identidad de las realidades insulares.

El grancanario lo afirma con rotundidad: él es un artista pop, resultado de haber crecido en una sociedad de consumo. Y además lo certifica en uno de sus poemas más recientes, otra poética, en el que expresa sus incredulidades y misturas y "(?) donde zurrón estío espuma sombra / cuajo mudanza y cantimplora // conjuguen armónica medida / contaminando lo bello / con lo utilitario / que tal es al fin / mi idea / de poesía" (p. 357).

Interrogantes


Llegados a este límite, y una vez desandadas algunas de las señas que pensamos relevantes de esta lírica adelantada, en determinados aspectos, a muchos de sus coetáneos (como ha escrito el aludido Rodríguez Padrón), nos surgen unas cuantas preguntas que cuestionan -desde mi personal, parcial y actual tacto- algunos de los cimientos de esta orientación poética. La primera de ellas es si acaso la desconfianza social enunciada como artista, que se atisba en el discurso de Sánchez a partir de un momento reciente, no incluye, al unísono, y al compás de su ironía, una descreencia y un agotamiento hacia su propio discurso desarrollado hasta ese instante (¿no sería su actitud final escrituraria, apegada al recogimiento meditativo en los elementos naturales, un indicio cristalino de lo afirmado?). Es más: ¿hasta qué punto puede una alocución poética convertirse en contradiscurso cultural y artístico si se deja penetrar ("contaminando lo bello / con lo utilitario", se escribía), sin mucha resistencia, por buena parte del alma y del lenguaje referencial de la publicidad, así como de algunos aires del espíritu terminológico animado por los productos de la economía de mercado (a los que -por cierto- nadie es ajeno)? Más allá de la distancia irónica, ¿a qué otra lectura diferencial de la existencia nos invita, como es propio -en nuestro limitado entender- de los más valorados códigos poéticos? Y si la lengua configura mayormente nuestras perspectivas, ¿la combinación de las más destacadas herramientas de nuestro poeta (sobre todo la ironía y la narratividad, roturadas en una constante fragmentación visual sobre la página) da como resultado un adecuado y apropiado discurso crítico y realmente irreverente?

Desde mi sincera y particular perspectiva surgen inevitables interrogantes cuando leo en el poema Los 40 principales (pp. 310-311) sus explícitos referentes culturales y escriturales, puesto que no acaba de cuadrarme que entre ellos estén San Juan de la Cruz, Paul Celan, Luis de Góngora, Lezama Lima o Rumi. No digo que no sean genuinos gustos intelectuales y amplios del autor, faltaría más? Lo que afirmo es que no leo en la carne profunda del cuerpo de los poemas de Ángel Sánchez marcas asimiladas vivificantes similares a esos mundos de escritura mentados.

Quizás en esta línea de mis preguntas nos resulta algo revelador el reciente poema pleitesía versátil (p. 363), dedicado a la poeta Tina Suárez, en el que se alaban sus fórmulas creativas, que vienen a ser unos procederes primos hermanos de algunos de los que Sánchez viene gestando desde sus comienzos (léase el libro Parches, de 1972, y se darán cuenta de que hace décadas que esto -con todos los matices que se quiera- ya fue una novedad). Poéticas como la de Suárez y similares -cibernáuticas o no- que circulan en el presente, y donde a veces uno no detecta bien la diferencia entre un poema y un pasatiempo ingenioso con aires culturalistas (desacralización de la poesía se sigue llamando), pueden ser algunas (no digo la única) de las derivas influenciantes en la actualidad y en el futuro de líricas discursivas como la de Sánchez. ¿Es este uno de los papeles que queremos tenga la poesía?

Final


Me desvivo por conocer y aprender sobremanera, de una forma activa y crítica, y dentro de mis posibilidades, trayectorias tan nutrientes y enriquecedoras, nacidas desde nuestra circunstancialidad concreta, como la de Ángel Sánchez, y para el caso concretamente sus orientaciones líricas, las que -en la perspectiva temporal del análisis diacrónico- poseen lógicamente un valor indudable en el marco de la poesía canaria e hispánica contemporánea. Mi ensayo y su final interrogativo cuestionador de esta vertiente de su obra -aunque alguno pueda interpretarlo como lo contrario- no hace más que confirmar la idea anterior pues tengo en la obra del galdense -como crítico literario y creador que intento ser desde Canarias- uno de los alimentos más suculentos con el que dialogar y contrastar para mi aprendizaje agente nunca saciado. Y por eso y tantas otras cosas, sincera e indefectiblemente, le estaremos agradecidos hasta la infinidad.

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