04 de enero de 2020
04.01.2020

Un programa como los de la edad de oro

Centralidad sinfónica, exigente camerismo, grandes solistas y un horizonte de importantes cambios

04.01.2020 | 01:37
Santtu-Matías Rouvali dirige la Filarmónica de Londres con tan solo 30 años.

Lo primero que salta a la vista en el programa del XXXVI Festival Internacional de Música de Canarias es la recuperación de su singularidad más acusada, que es la orquestal. De los trece conciertos que ofrecerá en Santa Cruz de Tenerife, nueve son orquestales. La dirección musical y la gubernativa proyectan cambios importantes en la distribución temporal y los contenidos pedagógicos del evento. Bienvenidos sean, porque la experiencia acumulada en todas sus ediciones, con sus aciertos y sus errores, merece una evolución meditada, sin pérdida de los valores que permanecen en la preferencia de los públicos y generan abono, como ya se ha visto en el Festival del año pasado y se mantiene en alza con el actual.

Dirigentes fiables

Hay serias razones para confiar en la dirección profesional de Jorge Perdigón y en el apoyo y la iniciativa institucional de Juan José Márquez como viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias. Ambos son músicos, intérpretes en activo y respetables didactas. Ambos han actuado ante el público en incontables conciertos y conocen de primera mano las reacciones individuales y sociales ante las músicas que ejecutan. Esta experiencia es muy valiosa a la hora de programar, analizar la audiencia conseguida en más de tres décadas, y sostener e incrementar la esponsorización empresarial (que se hizo volátil y casi desapareció en la convocatoria más cuestionada, la del 33º Festival de 2017). Por fortuna, desde el Festival de 2019 es evidente el camino de retorno, al igual que la nómina de abonados . Por todo ello, los dirigentes son fiables en la voluntad de lograr lo mejor, sin menoscabo de lo bueno ya recuperado.

Una iniciativa tan lograda y prestigiosa como este Festival Internacional, capaz de soportar y gestionar en positivo las grandes rebajas de la aportación pública, como también los despilfarros de un tándem de irresponsables, afortunadamente muy efímeros, hace creíble la ambición recuperadora de lo que es culturalmente óptimo y, a la vez, compatible con cambios inteligentes.

Cambios prometedores

De momento vemos entre los aciertos el rescate de la naturaleza del evento, afianzada para asimilar los cambios que están en estudio: entre ellos sustituir la continuidad temporal del programa por un modelo de temporada mediante la ampliación de los plazos entre concierto y concierto; la atención específica a las músicas de nuestro tiempo con un festival específico el próximo junio; el estímulo a los compositores jóvenes de probado talento (sobre todo en Canarias, donde no abundan las posibilidades de estreno de alta calidad); la conquista de nuevos públicos con un festival previo como el ya realizado por primera vez con la llamada Sigue la Música; la vertiente pensada para los estudiantes de música, que hará preciso pactar anticipadamente con las grandes figuras del Festival, de suyo asequibles y generosas, algo más que un solo diálogo (ya se han hecho con las más grandes figuras), a fin de transmitir su saber a los jóvenes con cursillos de, al menos, tres días como guinda de una pedagogía permanente que ayude a evitar compromisos ajenos al objetivo, cerrarse a los enchufados y vencer la tentación del favor como arma de captación política. Pero aún son más los proyectos que bullen en la inquietud de los nuevos rectores, y aquí estaremos a la hora de aplaudirlos o denunciar rebajas o presiones desviacionistas. En la mejor consecución de todo ello será imprescindible no parar en el incremento gradual del presupuesto básico y las amistosas aportaciones empresariales.

Lujos orquestales

En títulos, la programación es muy atractiva pero con lagunas desconcertantes. Baste citar que, siendo el Festival mayoritariamente sinfónico, el Beethoven sinfónico no aparezca por parte alguna pese a ser 2020 el año en que el mundo entero va a conmemorar los 250 de su nacimiento (1770). Sin duda será valiosa su única presencia en los seis cuartetos de cuerda que el Cuarteto Ornati paseará por las ocho islas (incluyendo La Graciosa) entre el 10 y el 25 de enero, pero quedan inéditas las versiones que serian de esperar en orquestas y directores tan ilustres como los contratados.

Porque la nómina orquestal es impresionante. En Tenerife la ronda comienza el próximo día 10 con la Orquesta Philharmonia de Londres dirigida por su nuevo titular, sucesor de Salonen en el podio: Santtu-Matías Rouvali, sensación en Europa a sus 30 años. Con un programa de gira como el que traen (Quinta de Tachaikovsky y Primera de Sibelius) las novedades movilizadoras estarán en la inspiración del joven maestro.

El 23 de enero vuelve al Festival la Orquesta de la Radio de Frankfurt, con el muy aplaudido director colombiano Andrés Orozco-Esrtrada y el violinista Fumiaki Miura como solista del magnífico Concierto de Tchailovsky. Puede ser una fiesta doble, porque completa el programa la Quinta Sinfonía de Shostakovich, obra maestra a pesar de su triste dedicatoria "como respuesta de un compositor soviético a una crítica justa", la aparecida en el Pravda con un seudónimo de Stalin contra su ópera Lady Macbeth en el distrito de Minsk. El autor no sabía dejar de ser genial ni humillado por la censura que ponía en peligro hasta su propia vida.

Interesantísimos los dos programas (30 y 31 de enero) de la famosa Orquesta Nacional Danesa con el gran director vasco Juanjo Mena en el podio. Tres obras de los daneses Niels Gade y Carl Nielsen darán a algunos primera noticia de sendos catálogos de gran calidad, casi inéditos en Canarias. Junto a ellos, la bellísima Novena de Schubert ("La larga") y el magistral Concierto para violonchelo del checo Dvorak, este último con el muy célebre violonchelista Jean Ghihen Queyras, debutante en las Islas. En el Concierto para clarinete de Nielsen será solista Mark Simpson.

Nada menos que Cristoph Eschenbach, el célebre pianista y director vinculado a las Islas, vendrá al frente de la Orquesta de París (que debutó aquí con Pierre Boulez) en otro programa de gira: Concierto de violín de Mendelssohn (el joven virtuoso Daniel Lozakovich en el solo) y la Sinfonia Fantástica de Berlioz. Este será el programa de clausura, el 9 de febrero.

Aportación canaria

Las dos orquestas canarias ofrecen grandes incentivos. La de Tenerife (16 de enero), con su actual titular, Antonio Méndez, llena el programa con una sola obra: El Anillo sin palabras, resumen exclusivamente orquestal de la Tetralogía de Wagner realizado por Lorin Maazel, que lo dirigió personalmente en un pasado Festival. La adaptación, casi literal, es perfecta para que descubran la belleza de la música wagneriana todos aquellos que aún le tienen miedo. Y la Filarmónica de Gran Canaria (17 de enero) tendrá en el podio a un grandísimo maestro de la vieja guardia europea, Eliahu Inbal, también aplaudido en nuestros festivales. En programa, dos obras muy populares de Max Bruch, el quejumbroso poema Kol Nidrei para violonchelo (Amanda Forsyth), y el primer Concierto para violín (Pinchas Zukerman). Cerrará sesión la formidable Cuarta Sinfonía de Bruckner, subtitulada Romántica. En pocas palabras, sinfonismo de auténtico lujo.

Estreno absoluto de Manuel Bonino

Las orquestas de cámara llegan encabezadas por la muy prestigiosa Mahler Chamber (11 de enero), con la excelsa pianista y directora japonesa Mitsuko Uchida, otra vieja amiga. Además de dirigirlos, tocará el piano en los conciertos número 13 y 22 de Mozart, además de dar el estreno en España del Cuarteto Coral de Jorg Widman, compositor contemporáneo de amplio perfil internacional. La Camerata Royal Concertgebouw, dirigida por Lucas Macías con la soprano Judith van Wanroij, presentará en cinco Islas una experiencia muy singular: las versiones de cámara de las Siete canciones tempranas de Alan Berg y la Cuarta Sinfonía de Mahler. Y la Orquesta Filarmónica de Cámara rusa de San Petersburgo, dirigida por Juri Gilbo, estrenará (4 de febrero) una de las obras más esperadas de esta edición: la encargada por el Festival al joven compositor y pedagogo canario Manuel Bonino. Se afianza así la política de encargos y estrenos absolutos que fue importantísima en el FIMC por estimular a los creadores de las Islas y traernos en obra y persona a algunos compositores fundamentales de nuestro tiempo: Boulez, Berio, Stockhausen, Henze, Pärt, etc.

En la categoría de música de cámara pura, incluye el Festival dos veladas muy atractivas: la del Duo Cassadó de violonchelo y piano, con gran raigambre canaria, en un precioso programa español (Cassadó, E.Halffter y Falla) rematado con un tango de Piazzola. Y el Cuarteto de cuerda Ornati (día 21), formado por solistas de la Filarmónica de GC y único responsable de la celebración de Beethoven. En programa, los cuartetos nums. 1, 4, 8, 10 y 13, además de dos fragmentos del periodo intermedio. Un tour de force que alternarán en las ocho Islas.

Estrellato de Volodos

Finalmente, dos acontecimientos extraordinarios: el emocionante Requiem de Fauré, dirigido por José Brito a un ensemble de la Sinfónica de Las Palmas y al laureado Coro de Cámara Ainur, orgullo de Gran Canaria, que completará el tiempo de la sesión con siete obras a capella bajo dirección de su titular, Mariola Rodríguez. Recorrerán siete Islas, en un itinerario que los llevará el 18 de enero a la lagunera iglesia de La Concepción.

Y punto final con uno de los mejores pianistas de la actualidad, situado en la cima por los más exigentes auditorios y discográficas: el ruso Arcadi Volodos, cuyas apariciones en público siempre son un acontecimiento. Es el único que tocará solo en el Festival (día 24), pero vale por muchos. Tocará cinco obras de máximo virtuosismo de Liszt y la admirable Kreisleriaba de Schumann, punto culminante de su escritura en series en obras breves y autónomas.

Para finalizar, cabe destacar que son innegables los motivos de satisfacción ante un Festival que podría alinearse perfectamente con los de sus años dorados. ¡Bravo!

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