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Un taxista niega que violara a una clienta en Tenerife pese al ADN que lo vincula

El acusado por la presunta agresión sexual de una turista en el sur de Tenerife afirma «no saber cómo llegó su semen a la vagina de la víctima» pero induce en su declaración la «posibilidad de una contaminación cruzada» tras aseverar que «ella toqueteó la radio del coche durante todo el trayecto»

El acusado por la supuesta violación de una turista en el sur de Tenerife, durante el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

El acusado por la supuesta violación de una turista en el sur de Tenerife, durante el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. / M. Á. A.

Miguel Ángel Autero

Miguel Ángel Autero

Santa Cruz de Tenerife

Un taxista de Adeje, acusado de agredir sexualmente a una clienta de origen alemán cuando la llevaba al domicilio de sus padres alrededor de las tres de la madrugada del 30 de septiembre de 2022, ha negado haber violado a la joven y, cuando fue preguntado por las pruebas de ADN que lo vincularían con la agresión sexual denunciada, el investigado se limitó a responder que «no sabía cómo se encontró su semen en la vagina y bajo uno de los pechos de la víctima».

El acusado afirmó –o más bien balbuceó– que la víctima «estuvo todo el trayecto toqueteando la radio y los asientos». De esa manera parecía justificar la presencia de su ADN en el cuerpo de la joven, mediante algún mecanismo de «transferencia de material genético». Un argumento que los peritos forenses del Instituto de Medicina Legal echaron por tierra tras negar esa posibilidad.

No obstante, cuando le tocó el turno a los peritos contratados por el acusado, manifestaron que «la contaminación cruzada podía ser la causa de la presencia de esos restos de ADN», pero no supieron responder a las preguntas del fiscal que rebatió todos los supuestos como el hecho de que se hubiera recogido restos de líquido seminal en la vagina y cérvix de la víctima».

Correspondencia biológica

Los peritos indicaron que «la probabilidad de que los restos biológicos analizados correspondan al investigado es 81 millones de veces superior a la de que pertenezcan a cualquier otra persona escogida al azar». Los expertos no solo revelaron esta prueba objetiva que vincula al procesado con la presunta agresión, incidieron en que las muestras biológicas se encontraron en zonas del cuerpo de la mujer donde «solo podían llegar tras un contacto íntimo».

El investigado, que respondió a todas las preguntas de las acusaciones y las de su defensa, no supo explicar por qué permitió que la joven, que entró en su taxi en las inmediaciones de Las Verónicas, ocupara el asiento del copiloto en lugar de subirse a la parte trasera.

Alegó que «era muy habladora» aunque admitió que «apenas habla inglés y mucho menos alemán». Intentó alejarse del relato que le acusa de una violación. Aseveró que «aquella era la última carrera de la noche con el taxi» y cuando la joven se subió al coche pensó: «Menuda carrera me va a dar». Añadió que, como vio que no llevaba bolso, pensó que «no iba a pagar» pero aun así decidió darle el servicio. Relató que supuso que era residente porque la dirección que le dio de la urbanización a la que iba está ocupada por extranjeros residentes y, por eso, según explicó «la llevó por la ruta más corta».

En medio del trayecto, paró el taxi y entró en un 24 horas donde compró dos cerezas. El acusado dijo que la clienta le pidió que las comprara y luego le daría el dinero junto a la tarifa de la carrera. Sin embargo, la víctima declaró que fue él quien paró en el establecimiento para comprar las bebidas, justo antes de llevarla a un descampado donde fue agredida sexualmente.

El acusado explicó que ella no se bajó del coche a comprar las cervezas porque le «pidió un cigarro y no podía entrar en la tienda fumando». Dijo que luego la llevó a su casa y que «pagó con dos billetes de cinco euros que guardaba bajo la ropa».

La joven, que vive en Alemania, visitaba a sus padres residentes en el sur de Tenerife y, aquella noche salió de fiesta con un amigo. El padre de la víctima dijo «sentirse culpable» porque él fue quien le aconsejó que coger un taxi para volver a casa, para evitar subirse a coches de extraños. El progenitor relató que, hasta esa noche la unión con su hija «era muy fuerte», pero desde entonces es «una joven rota». «Ha perdido el trabajo, está en manos de psicólogos, y nuestra relación no ha vuelto a ser la misma», incidió.

Fiscalía y acusación particular piden una pena de diez años de prisión y 25.000 euros de indemnización para el acusado, mientras la defensa, la libre absolución.

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