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Inmigración irregular

Absueltos los dos migrantes acusados de guiar a Tenerife un cayuco en el que murieron 80 personas

La Fiscalía solicitaba que se impusiera a cada uno de los patrones 21 años de prisión

Los acusados durante el juicio qur concluyó la semana pasada en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

Los acusados durante el juicio qur concluyó la semana pasada en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. / M. Á. A.

Miguel Ángel Autero

Miguel Ángel Autero

Santa Cruz de Tenerife

La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha absuelto a los dos hombres que se sentaron en el banquillo acusados de organizar una travesía migratoria que terminó en tragedia. Durante el viaje, y según relataron algunos de os supervivientes, se tuvo que arrojar por la borda a 80 personas que fallecieron por las duras condiciones de un viaje que se prolongó durante unos 20 días quedándose sin agua, alimentos y gasolina a la mitad de la expedición. Sin embargo, no se pudo localizar ninguno de esos cadáveres en el mar, por lo que el juicio solo tuvo en cuenta la muerte de cuatro migrantes. Los cuerpos sin vida de tres de ellos se encontraron en la barquilla cuando fueron rescatados por un crucero en alta mar, mientras que una cuarta persona falleció tras ser hospitalizada al llegar a Tenerife.

Afrontaban una petición pena de la Fiscalía de 21 años y un mes de prisión para cada uno por favorecimiento agravado de la inmigración irregular, cuatro homicidios por imprudencia grave y cinco delitos de lesiones. La Sala, sin embargo, ha concluido en una sentencia absolutoria notificada este miércoles 18 de febrero que no existe prueba de cargo suficiente para condenarlos y que su presunción de inocencia permanece intacta.

La historia dramática que desembocó en este juicio comenzó el 30 de mayo de 2024, cuando un cayuco salió de Nouakchott (Mauritania) rumbo a Canarias con al menos 71 personas a bordo. Era una embarcación precaria, pensada para la pesca de bajura y no para adentrrse en el Océano Atlántico. Sin sistemas de seguridad adecuados, con escasez de agua y comida, y sin garantías mínimas de navegación, la travesía se convirtió pronto en una lucha por la supervivencia.

Durante días, el cayuco avanzó a la deriva. La sentencia recoge que varios ocupantes fallecieron antes de ser rescatados, probablemente por deshidratación, inanición o hipotermia. Algunos cuerpos fueron arrojados al mar (pero no se precisa el número). El petrolero Philipp Oldendorff auxilió a la embarcación en primer lugar y se encontraron tres cadáveres a bordo. Posteriormente se acercó el crucero Insignia Master, que rescató a los migrantes y los llevó a tierra firme. Los que lograron llegar a puerto lo hicieron en condiciones extremas, con cuadros graves de deshidratación y deterioro físico.

La tesis de la Fiscalía

La Fiscalía sostuvo que los dos acusados habían participado en la organización del viaje y asumido el gobierno del cayuco, lo que los convertía en responsables penales tanto del traslado irregular como de las muertes y lesiones producidas durante la travesía. Por ello solicitó siete años de prisión por el delito de inmigración irregular agravada, doce años por los cuatro homicidios imprudentes y dos años y un mes por las lesiones.

Sin embargo, el juicio puso de relieve importantes grietas en la acusación. El tribunal subraya que no quedó acreditado quién dirigía realmente la embarcación. No se pudo demostrar con la certeza que exige el Derecho Penal que los procesados desempeñaran funciones de organización o mando durante el viaje.

Un elemento clave fueron las declaraciones de varios migrantes que habían testificado en fase de instrucción y que se tuvo en cuenta como prueba preconstituida al no poderseles localizar para que declararan en la vista oral. Al intentar reproducir esas grabaciones en el juicio oral, el tribunal se encontró con un obstáculo insalvable: la calidad del audio era tan deficiente que muchas partes resultaban inaudibles. Sin poder escuchar con claridad a testigos e intérpretes, la Sala concluyó que no podía otorgar plena eficacia probatoria a esos testimonios.

Tampoco las identificaciones fotográficas ofrecieron la solidez necesaria. En algunas imágenes apenas se distinguían los rostros o la posición de los ocupantes dentro del cayuco. El atestado policial, aunque reflejaba una investigación extensa, no podía por sí solo fundamentar una condena si no era respaldado por pruebas practicadas con todas las garantías en el juicio.

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