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Sucedió en Canarias

Thomas Handrick: el asesino que planeó un viaje a Tenerife para matar a su familia

El 23 de abril de 2019, en una zona escarpada de Adeje, lejos de los núcleos turísticos y al abrigo de una cueva, se consumó uno de los crímenes más estremecedores de la crónica negra isleña

El ciudadano alemán Thomas Handrick mató a su mujer y a su hijo mayor en Adeje, el 23 de abril del 2019.

El ciudadano alemán Thomas Handrick mató a su mujer y a su hijo mayor en Adeje, el 23 de abril del 2019. / EFE

Miguel Ángel Autero

Miguel Ángel Autero

Santa Cruz de Tenerife

La mañana del 23 de abril de 2019, Thomas Handrick planeó una excursión familiar, una caminata para disfrutar junto a Shylvia, Jacob y Jonas, de una jornada en la naturaleza pero en realidad se trataba de plan urdido por Thomas, cuyo matrimonio había hecho aguas. La pareja estaba en trámites de divorcio y no convivían juntos. Él residía en Adeje y su todavía esposa se había marchado a Alemania con los dos hijos. Aquella mañana Shylvia y Jacob fueron asesinados a golpes con una piedra, mientras el pequeño Jonas logró escapar del despiadado ataque de su padre.

Un día antes de la salida al campo, Shylvia y sus hijos volvieron a la Isla para que los pequeños pasaran unos días con su padre tras las vacaciones de Semana Santa. Nunca habrían imaginado que solo uno de ellos volvería a Alemania con vida.

El 23 de abril, Thomas Handrick, su esposa e hijos se encaminaron hacia una zona de barrancos y cuevas en las medianías de Adeje. Él los convenció para hacer la ruta hacia una cueva con un engaño casi infantil y por eso mismo el crimen resulta aún más atroz: en una cueva había «regalos de Pascua». La promesa de unos huevos de chocolate, de una sorpresa propia de aquellos días, fue el señuelo. Pero el destino que había planeado era otro bien distinto. Cuando la familia entró en aquella cavidad de la montaña, el final de la ruta estaba decidido de antemano para que fuera un paseo solo de ida. Lo que sucedió en aquella cueva fue el horror en estado puro: Thomas atacó primero a Shylvia y después a Jacob, de diez años. El arma homicida fue una piedra de grandes dimensiones que encontró allí mismo.

La escena fue de extrema violencia y los atacó por sorpresa. Solo Jonas, de seis años, logró escapar de las garras de su padre. Aquel niño echó a correr por el monte, probablemente sin rumbo fijo mas que el de buscar su propia supervivencia. Corrió hasta que no pudo más, pero continuó su huida a trompicones, atravesando un paraje complicado hasta que fue auxiliado por una mujer holandesa que se encontraba en la zona y que pudo entender lo que le decía el pequeño a pesar de estar aterrorizado.

La fuga

La fuga desesperada y que fuera encontrado por una mujer que luego dio parte a las autoridades permitió descubrir los cuerpos sin vida de Shylvia y Jacob, y atrapar a Thomas como autor del crimen. Si Jonas no hubiera escapado, es muy posible que la tragedia hubiera quedado sepultada en aquella cueva remota, quizás se hubiera presentado una denuncia por la desaparición de tres personas y, quien sabe si en ese hipotético caso, se hubiera podido resolver el misterio.

Cuando el niño apareció ante aquella mujer, cubierto de tierra, en estado de shock y fuera de sí, los investigadores se pusieron en marcha de inmediato y poco después hallaron los cuerpos de la madre y el hermano guiados por el pequeño. El horror que relató ya no era una descripción dibujada con las palabras de un niño, sino un escenario real y brutal. A partir de ese momento se abrió la instrucción penal que, desde muy pronto, apuntó a una idea central: aquello no había sido un arrebato confuso ni una discusión que degeneró en un acto violento sobrevenido, sino un crimen preparado, premeditado por Thomas Handrick. La elección del lugar, el engaño previo y la secuencia de los ataques forjaron una arquitectura de hechos demasiado precisa para que los vestigios encontrados pudieran pasar por un episodio de violencia casual. Y eso no pasó desapercibido para los investigadores, que pudieron sustentar con pruebas objetivas el testimonio que ya conocían tras oír a Jonas.

El acusado fue enviado a prisión provisional sin fianza. En los primeros compases del procedimiento negó haber matado a su familia y sostuvo que los había dejado con vida en la zona. Pero esa versión empezó a resquebrajarse a medida que avanzaban los informes periciales con la inspección ocular y la reconstrucción de los hechos. La causa siguió el curso de la instrucción hasta que el relato judicial concluyó con una evidencia incontestable: dos homicidios consumados y un tercer ataque que no se culminó porque la que debía ser la tercera víctima mortal desbarató los planes del asesino al huir.

El juicio con jurado

Y la causa llegó a la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife a comienzos de 2022 donde se celebró el juicio con tribunal del jurado. Handrick permaneció durante las sesiones al lado de una intérprete y su abogado hasta el momento en el que tuvo que sentarse frente al magistrado presidente del tribunal para contestar a las preguntas de las partes.

Intentó alejarse de la fotografía del asesino frío y calculador: dijo arrepentirse, dijo que lo que ocurrió en la cueva fue una pesadilla, dijo que se encontraba bajo los efectos de la morfina y de otros fármacos, y dijo también que no fue verdaderamente consciente de lo ocurrido. Dijo demasiadas frases que parecían ensayadas pero no dijo nada que sembrara alguna duda o rebatiera las evidencias que lo señalaban como la persona que planificó acabar con la vida de Shylvia y Jacob.

Su defensa trató de introducir la idea de una alteración psíquica que pudiera rebajar su responsabilidad o al menos introducir una duda razonable entre los miembros del jurado contundente. Pero no convenció y las pruebas de cargo fueron desechando una a una esa vía de escape.

El jurado popular escuchó durante varios días la reconstrucción minuciosa del caso. Escuchó cómo aquella familia había sido conducida hasta la cueva con la promesa de una celebración, cómo el hijo mayor intentó defender a su madre, cómo el pequeño sobrevivió a una larga caminata y cómo el acusado fue detenido tras frustrarse su plan por la huida inesperada de quien iba a ser su tercera víctima mortal. Al final, la conclusión fue unánime: Thomas Handrick fue declarado culpable de los asesinatos de su esposa y de su hijo mayor, y también por un delito de tentativa de asesinato de su hijo pequeño.

El jurado entendió que la muerte de Shylvia y de Jacob "no fue fruto de un acto violento improvisado, sino de una acción dirigida, ejecutada con ventaja y dentro de una relación de confianza que el agresor utilizó como arma; hubo planificación y hubo voluntad homicida sobre tres personas, aunque se frustró con una de ellas porque logró escapar".

La sentencia convirtió ese veredicto en una de las condenas más duras que puede imponer el ordenamiento penal español. Se dictó prisión permanente revisable por el asesinato del hijo mayor, 23 años de prisión por el asesinato de la esposa y 16 años más por la tentativa de asesinato del hijo menor. Es decir, fue condenado a una pena de prisión permanente revisable más otros 39 años de cárcel.

La defensa de Handrick recurrió, primero ante el Tribunal Superior de Canarias y luego ante el Tribunal Supremo. Su abogado insistió en discutir la valoración de la prueba y el rechazo a las eximentes o atenuantes de carácter mental. Sin embargo, ninguna de esas pretenciones prosperó. En 2023, la condena quedó definitivamente ratificada. La justicia cerró así el recorrido procesal del crimen sin alterar ni una sola coma de la sentencia impuesta por el magistrado juez Fernando Paredes tras escuchar el veredicto del jurado.

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