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Sucedió en Canarias

El triple asesinato de Piedra Hincada, en Tenerife

Hay crímenes que dejan una cicatriz indeleble en la memoria de un pueblo; una herida que no se cierra aunque pase el tiempo. Los vecinos de Piedra Hincada, en el municipio tinerfeño de Guía de Isora, conocen bien lo que es sufrir uno de los sucesos más trágicos de la crónica negra reciente de Canarias. Sucedió el 13 de marzo de 2013.

José Antonio Gomes Soares, en un momento del juicio en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

José Antonio Gomes Soares, en un momento del juicio en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. / El Día

Miguel Ángel Autero

Miguel Ángel Autero

Santa Cruz de Tenerife

Era miércoles y desde las tres de la tarde las campanas de las iglesias repicaban a júbilo: «¡Fumata blanca!» en la Capilla Sixtina tras el cónclave que eligió al cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio nuevo pontífice, será el Papa Francisco. Aquella tarde, Dalmacio Mendoza Navarro y María de los Ángeles Bello González, naturales de La Gomera pero residentes en Tenerife desde hacía décadas, cuidaban de su nieto de cuatro años, José Dalmacio, en la casa de la calle Basalto, en Piedra Hincada. Las horas transcurrían tranquilas hasta que José Antonio Gomes Soares, natural de Cabo Verde, convirtió aquella tarde en el mismísimo infierno.

José Antonio no era un desconocido en aquella casa. Ocho años antes se había casado con Mónica Mendoza Bello, una de las dos hijas de Dalmacio y María de los Ángeles. Del matrimonio nació José Dalmacio en 2009, pero la relación no marchaba bien. En 2010, la convivencia se había deteriorado por el «comportamiento controlador» de José Antonio hacia Mónica. La amenazaba diciéndole que si se separaba de él le «daría donde más le dolía, mataría al niño y luego a ella». El hogar con el que Mónica soñaba ya no estaba junto a su marido. Su irrespirable vida conyugal la obligó a tomar una decisión: cogió a su hijo y regresó a la casa de sus padres en septiembre de 2012.

Sin embargo, a finales de ese mismo año, José Antonio se las ingenió para mudarse también con ellos. En el juicio, celebrado en mayo de 2015, no llegó a trascender por qué le abrieron la puerta y lo dejaron quedarse: quizás fuera porque el niño lo echaba de menos o para evitar conflictos mayores o por darle otra oportunidad. Sea como fuere y apenas tres meses después, José Antonio perpetró una masacre en la casa que Mónica creyó que, al estar con sus padres, iba a ser su refugio y el de su hijo.

Discusión el día anterior

Un día antes de los crímenes, Mónica y José Antonio discutieron. Ella insistió en que la relación tenía que acabar y él volvió a amenazarla como siempre. A la mañana siguiente, el suegro de José Antonio le recriminó por la discusión con su hija. El yerno salió de la casa y empezó a beber en varios bares de la zona hasta bien entrada la tarde.

Alrededor de las 20:00 horas, José Antonio Gomes Soares cogió un cuchillo de cocina, con una hoja de 18 centímetros de largo y cuatro de ancho, y fue en busca de su suegro, al que halló en la primera planta de la vivienda. Pese a que intentó huir, el agresor le dio alcance y le asestó tres puñaladas por la espalda, a la altura del cuello, cayó al suelo y quedó boca arriba a merced de su atacante, quien le asestó otras cinco cuchilladas a la altura de la base del cuello. Su suegra había intentado refugiarse en la azotea con su pequeño nieto, pero allí el asesino le propinó 20 puñaladas. Su hijo horrorizado pretendió esconderse en un pequeño cuarto con una cocina en la misma azotea, pero el criminal lo alcanzó y acabó con la vida del niño, primero a golpes y, después, tras colocarse encima de él, lo acuchilló hasta 40 veces.

Cuando los primeros agentes llegaron al lugar, se encontraron con una escena brutal. En el interior de la casa yacían muertos los suegros del acusado y el hijo de este tras ser atacados con arma blanca.

«Fumaba y silbaba»

Fuera del domicilio, estaba el hombre que poco después quedaría en el centro de toda la investigación: José Antonio Gomes Soares. Tras el crimen fue a un bar cercano manchado de sangre y anunció que «acababa de matar a su familia». Luego se dirigió a la plaza y pidió unos cigarros para luego regresar a las inmediaciones de la casa y esperar que llegara la Policía. Algunos vecinos declararon en el juicio que se habían quedado helados al conocer una noticia tan terrible y que el autor del triple asesinato estaba a escasos metros de la escena del crimen, como si no tuviera que ver con la barbarie: «Fumaba y silbaba».

La Policía lo detuvo, pasó a disposición judicial e ingresó en prisión provisional, incomunicada y sin fianza a la espera de juicio.

En Piedra Hincada, los vecinos quedaron conmocionados. Tres generaciones de una misma familia quedaron truncadas en un violento ataque irracional e incomprensible. Mientras, la vida de Mónica Mendoza, que no estaba en la casa aquella tarde, se derrumbó en un instante porque el asesino había cumplido su terrible amenaza.

Gomes Soares cumple una pena de 69 años de prisión por asesinar a su hijo y sus suegros en marzo de 2013

La investigación avanzó con rapidez, pero el juicio con jurado popular no se celebró hasta dos años y dos meses después. La secuencia de cómo se produjeron los crímenes, los testimonios de los testigos, los informes de los peritos forenses y la declaración del acusado se desarrollaron en la semana del 18 al 22 de mayo de 2015 en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

José Antonio Gomes Soares se sentó en el banquillo de la sala 12 del Palacio de Justicia de la capital tinerfeña acusado como presunto autor de tres delitos de homicidio con las agravantes de alevosía, ensañamiento y parentesco, en otras palabras, le enjuiciaron por tres asesinatos.

El caboverdiano declaró que «no recordaba nada de lo que había ocurrido aquella tarde», que «no podía beber por prescripción médica desde 2008», pero sí se acordó que «aquel día se embriagó desde temprano». Afirmó que «volvió a casa, se acostó sobre las 13:00 horas y puso el despertador para la mañana siguiente, a las siete, pero se confundió y la alarma sonó solo seis horas más tarde».

La defensa trató de apoyarse en «una posible afectación psíquica y consumo de alcohol como atenuantes para intentar evitar una condena severa de prisión. La Fiscalía, en cambio, tenía todo un abanico de pruebas materiales. testificales y forenses, por lo que mantuvo la acusación por tres asesinatos y pidió 20 años de cárcel cada una de las dos víctimas adultas y 25 por la del niño, en total 65 años. La acusación particular y la acción popular, también lo acusaban por asesinato, pero reclamaron 25 años por cada víctima, es decir 75 años de prisión.

Veredicto y condena

El 22 de mayo de 2015, el jurado popular emitió su veredicto: culpable de tres delitos de asesinato con las agravantes de alevosía, parentesco y ensañamiento. El magistrado presidente del tribunal lo terminó por condenar a 69 años de cárcel, 23 por cada víctima, a indemnizar a Mónica y su hermana con 430.000 euros y prohibición de volver a Tenerife en los cinco años posteriores a salir en libertad.

Gomes Soares continua en prisión, pero su privación de libertad no ha sido suficiente para dejar de causar más daño a los familiares de las víctimas a las que destrozó la vida. En 2022, el abogado que representa a Mónica Mendoza y su hermana cursó una denuncia ante la Audiencia Provincial porque el condenado había subido a Facebook imágenes de él con el niño junto con comentarios. El escrito del letrado recogía que «como si la de un buen padre de familia se tratara, lo cierto es que quien aparece en ellas junto al menor es quien le segó la vida» para añadir que las publicaciones en esa red social eran una «aberrante manipulación de la verdad y de lo sucedido, que ha causado un dolor e impacto tanto a la madre del menor como a su tía».

El asesino cumple condena en un centro penitenciario de la Península y tiene prohibido comunicarse con ellas por cualquier medio durante el tiempo de prisión y cinco años más tras su puesta en libertad. La Fiscalía también remitió un escrito a la Audiencia Provincial donde afirmó que «puede considerarse que la publicación por el condenado de fotografías con su hijo menor asesinado por él es una forma de comunicación indirecta que daña a las perjudicadas y familiares de los asesinados por aquel».

La Audiencia Provincial dio traslado al centro penintenciario en el que está preso Gomes Soares para que le requisaran cualquier medio que tuviera con acceso a internet y se eliminaran las publicaciones.

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