Crónica negra
‘El Brujo’: 35 años del final del terror en Tenerife
El 19 de febrero de 1991 se puso fin a un mes de búsqueda por los montes de Anaga de uno de los asesinos más temidos de la crónica negra tinerfeña. Dámaso Rodríguez Martín, conocido como ‘El Brujo’ o ‘Maso’, fue acorralado por guardias civiles en una casa de El Solís. Lejos de entregarse, abrió fuego y cayó muerto de un disparo.

Traslado del cadáver de Dámaso Rodríguez, El Brujo, tras morir de un disparo poniendo fin así a su fuga de más de un mes por los montes de Anaga. / El Día

Desde hacía más de un mes, el nombre de Dámaso Rodríguez Martín, conocido como El Brujo o Maso resonaba en cada conversación que se entablaba en una cafetería o mientras se guardaba turno en la charcutería del supermercado o en una cola en el banco. En la edición canaria de los informativos de Televisión Española o en los periódicos regionales de la época, se informaba a diario sobre la intensa búsqueda de El Brujo por los montes de Anaga, en el nordeste de Tenerife. El Brujo, un preso que en un permiso penitenciario asesinó a un matrimonio de turistas alemanes y se dio a la fuga.
Aunque no hubo un pánico generalizado, la preocupación era evidente entre la población del área metropolitana, sobre todo en la capital, que ya preparaba los Carnavales en la calle. Se temía que El Brujo sorteara el cerco de agentes que le perseguían y se mezclara entre miles de personas disfrazadas para huir o matar de nuevo. Al final, el fugitivo más buscado de Canarias fue acorralado y cayó muerto el Martes de Carnaval de hace 35 años.
Aquel 19 de febrero de 1991, se localizó a El Brujo en una vivienda deshabitada de la zona de El Solís. Él, seguramente, no lo esperaba y a las advertencias de los guardias para que se entregara porque estaba acorralado, contestó abriendo fuego y se produjo un intercambio de disparos. Según la versión oficial de entonces, la muerte del proscrito se produjo tras descerrajarse un disparo con su escopeta, posiblemente al ver que no tenía escapatoria.
¿Pero por qué había estado Dámaso Rodríguez en prisión? Diez años antes, en noviembre de 1981, asaltó a una pareja que se encontraba dentro de un coche en El Moquinal, en el macizo de Anaga. Era una zona frecuentada por enamorados que se acercaban a este paraje cuya oscuridad lo hacía idóneo para escapar de miradas ajenas.
El 19 de febrero de 1991, Dámaso Rodríguez murió de un disparo tras un mes fugado de prisión
Dámaso Rodríguez sacó una pistola y disparó contra el joven que estaba dentro del coche y que murió desangrado en el interior. La joven acompañante resultó herida de gravedad, pero su calvario estaba a punto de empezar. El Brujo la agredió sexualmente con violencia y se marchó dejándola moribunda.
O creyó que estaba muerta o pensó que el hilo de vida que le quedaba no era suficiente para salir de allí y pedir ayuda. Pero se equivocó. Sin saber conducir y con el cadáver de su novio dentro, la joven condujo por la carretera llena de curvas hasta llegar a una casa donde fue socorrida.
El suceso generó una rápida actuación policial. Las investigaciones desarrolladas en los días posteriores permitieron identificar y detener al presunto autor, que no era otro que Dámaso Rodríguez. Las pesquisas confirmaron que el arma de fuego que se le intervino en la detención estaba involucrada en el violento asalto de El Moquinal.
El caso fue instruido judicialmente y culminó con la condena de Dámaso Rodríguez a 55 años de prisión por asesinato, agresión sexual y tenencia ilícita de armas.
Aquel crimen fue violento, sí. Y la condena impuesta al asesino fue contundente. Sin embargo, nadie perfiló al criminal entonces para determinar el riesgo, el peligro que encerraba su cabeza y sus manos si volvía a ver la luz del sol alejado de los barrotes de la prisión donde iba a estar confinado más de medio siglo. Y menos de una década después de entrar en la cárcel, dejó bien claro de lo que era capaz.
¿Quién era Maso?
Dámaso Rodríguez Martín nació en 1944 en El Batán, en el corazón mismo del macizo de Anaga. De niño y durante la adolescencia recorrió el monte y se lo conocía mejor que la palma de su mano. Cuando llegó la hora de cumplir con el servicio militar, el Ejército le buscó sitio: la Legión.
Esa etapa de su vida marcó rasgos que serían determinantes durante el tiempo que estuvo huido en el monte: familiaridad con las armas de fuego, resistencia física y capacidad para soportar condiciones exigentes. No se trataba solo de alguien que sabía empuñar un arma, se habituó a la disciplina y al esfuerzo prolongado.
Tras dejar la Legión, Dámaso Rodríguez se casó y tuvo dos hijas. Y a pesar de formar una familia, fue capaz de cometer tres asesinatos violentos, el primero en 1981.
Cuando El Brujo no había cumplido 10 años de pena, se le concedió un permiso teniendo que regresar varios días después.
El 17 de enero de 1991 no regresó a Tenerife II y se activó un dispositivo de búsqueda, en principio como cualquier otro. Sin embargo, el 23 de enero se halló el cuerpo sin vida del ciudadano alemán Karl Flick, de 82 años, en la zona de Anaga. Al día siguiente, el de su esposa, Marta Küpper, de 87 años. La investigación atribuyó ambos crímenes al fugitivo y esas muertes elevaron el nivel de alarma social y ampliaron el operativo de la Guardia Civil.
Durante esos días se restringieron los accesos al monte y se reforzó la presencia policial trayendo efectivos de la Península. El temor se extendió por la Isla durante semanas hasta dar con él.
El Brujo esquivó durante un mes a los agentes y a los perros especializados que le olfateaban pero le perdían el rastro sin más para asombro de sus guías. Pero Maso conocía senderos, barrancos, pistas forestales y caseríos aislados. Sabía orientarse entre la laurisilva, donde la niebla es frecuente y la visibilidad puede reducirse en minutos. La orografía abrupta, los desniveles y la vegetación cerrada convertían la zona en un entorno difícil para quien no estaba acostumbrado. Para El Brujo, el monte no era un laberinto, sino un mapa interiorizado.
El 19 de febrero fue la fecha del cerco final. Una familia alertó de la presencia de alguien en una casa de El Solís que debía estar cerrada. Y cuando los agentes llegaron, fueron recibidos a tiros. Se produjo un intercambio de disparos y El Brujo murió en el enfrentamiento por una herida con arma de fuego.
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