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Crimen sin resolver

Prescribe el asesinato de los Robinson en Tenerife y los autores siguen libres

Se cumplen 20 años desde que dos exempleados de John Palmer, ‘Billy’ y Florence, fueron degollados tras crear su propio negocio de ‘time-sharing’

Guardias civiles inspeccionan el Porsche Cayenne de William Robinson

Guardias civiles inspeccionan el Porsche Cayenne de William Robinson / Pedro Fumero

Santa Cruz de Tenerife

El asesinato del matrimonio formado por William y Florence Robinson prescribió este pasado mes de enero y los autores materiales o intelectuales siguen libres dos décadas después de los hechos, que ocurrieron en el Sur de Tenerife.

En la oscuridad de la noche, un vehículo chocó contra la parte trasera de un Mercedes SL 55 AMG el 12 de enero del 2006 en San Miguel de Abona (Tenerife). Al volante del deportivo de lujo de color plateado iba una mujer británica, Florence Robinson, de 55 años.

La conductora se bajó para ver los daños. Y alguien la golpeó de forma brutal y le cortó el cuello. La sangre quedó impregnada en el portón trasero de su coche y en el asfalto de una pista que enlaza la zona de Oroteanda Alta con Las Chafiras y la Autopista del Sur. El cuerpo fue encontrado a las once de la noche.

Un hombre que pasaba por allí alertó a emergencias de que veía a una mujer tirada en el suelo, inmóvil y en medio de una gran mancha de sangre.

El segundo cuerpo

En la mañana del 13 de enero, el cadáver de William Robinson apareció en el asiento trasero de su Porsche Cayenne de color gris, a un kilómetro y medio de donde se halló a su mujer.

El todoterreno alemán estaba bien aparcado en una calle del polígono industrial Llano del Camello, muy cerca de Las Chafiras (San Miguel de Abona). El hombre, conocido entre la colonia británica de Tenerife como Billy, también de 55 años, fue degollado y tenía muchos golpes.

Veinte años después, las fuerzas de seguridad no han conseguido atrapar a los responsables de un episodio criminal que conmocionó a Tenerife y, sobre todo, a muchos de sus compatriotas que residían en la Isla.

Sin huellas

Investigadores de la Guardia Civil realizaron un considerable esfuerzo por intentar recoger alguna huella o resto biológico de los asesinos en los automóviles del matrimonio asesinado o en su casa.

Pero ese arduo trabajo del Laboratorio de Criminalística nunca dio el resultado esperado para identificar, localizar y atrapar a los responsables. Y el resto de gestiones de la Unidad Orgánica de Policía Judicial y la Unidad Central Operativa (UCO) tampoco arrojó luz sobre el caso.

Las autopsias revelaron signos de tortura. Supuestamente, Billy fue sometido a golpes y cortes poco incisivos en distintas partes del cuerpo antes de ser degollado con un tajo muy preciso.

Una paliza

Días después, se publicó que William había sufrido dos años antes una brutal agresión en Tenerife que estuvo a punto de costarle la vida. Sin embargo, ese hecho no se llegó a investigar, pues nadie presentó denuncia por el violento ataque.

Sobrevivió el hijo de la pareja, que entonces tenía unos 30 años. Supuestamente, éste se enteró de que su madre había sido asesinada por un periodista en el lugar en que se produjo el ataque mortal y, de forma inmediata, abandonó el lugar acelerando otro Porsche Cayenne.

Según relataron los medios en aquella época, una hija que residía en Londres se desplazó a la Isla para el funeral. Algunos policías relatan que, al poco tiempo, el joven se marchó de Tenerife para iniciar una nueva vida.

El reloj de lujo

Los Robinson tenían su hogar en un chalé en la zona de Oroteanda Alta, un paraje aislado con unas pocas viviendas de lujo en una calle sin salida, en el municipio de San Miguel de Abona, a menos de un kilómetro de la autopista en línea recta.

La hipótesis del robo directo a las víctimas se descartó desde un primer momento. ¿Por qué? Billy llevaba un reloj de alta gama, valorado en 125.000 euros, y nadie se molestó en quitárselo tras acabar con su vida.

William y Florence Robinson trabajaron en los años 90 y hasta comienzos de la década de los 2000 para el empresario y mafioso británico John Palmer. Ambos se encargaban de parte de la contabilidad de dicho hombre de negocios.

El 'time-sharing'

Eran los tiempos dorados de la venta de incontables apartamentos de multipropiedad (time-sharing) por parte de empresas vinculadas a Palmer, de la presión a los turistas por las calles, de las reuniones para vender a ciudadanos británicos las semanas de vacaciones en el paraíso del Sur de Tenerife, y de los matones de seguridad para controlar al personal y a bandas rivales.

También hubo muertes violentas de personas relacionadas con dicha actividad económica. Una fuente relata que a William se le solía ver en algunas ocasiones con otro británico, muy corpulento y con cara de pocos amigos, por Las Américas y Costa Adeje.

La estafa de Palmer

En el 2001, John Palmer fue condenado por el tribunal penal de Old Bailey de Londres por conspirar para defraudar, tras cometer una estafa inmobiliaria a gran escala, relacionada con el time-sharing, en la que se estima que fueron engañados unos 20.000 clientes.

Muchos de los afectados eran pensionistas británicos y el volumen del fraude se cifró en 45 millones de euros. Palmer entró en prisión en el Reino Unido y estuvo entre rejas menos de cinco años.

Su empresa

En ese lustro, William y Florence decidieron independizarse del entramado de Palmer y crear su propia sociedad para ganar dinero con la multipropiedad y los paquetes de vacaciones. Crearon Global World Travel, que tenía su sede en Playa de las Américas, muy cerca del hotel Mare Nostrum y de la actual Milla de Oro (Avenida Las Américas).

Palmer salió de la cárcel días antes de que ocurriera el doble asesinato de Billy y su esposa. Nunca se llegó a probar que el citado empresario tuviera algo que ver con las muertes de sus exempleados.

Pero, desde el primer momento, se desataron las especulaciones y el recuerdo de la vinculación laboral de las víctimas con el ‘capo’ que creó un imperio económico en Tenerife. Palmer murió asesinado de un disparo en el 2015 en su casa del condado de Essex.

Sicarios

Una línea de trabajo de la Guardia Civil consistió en que los hechos fueron cometidos por profesionales contratados para eliminar al matrimonio, así como que los autores abandonaron la Isla pocas horas después de haber cometido la acción criminal sin dejar rastro alguno. Y ya no tendrán que pagar por ello.

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