Juicio por la 'operación Cedro' en Tenerife
La Fiscalía afirma que Mohamed Derbah tenía elevados ingresos por extorsiones
En el escrito se apunta que el empresario libanés recaudaba 150.000 euros semanales por la contratación de sus servicios de seguridad

Exterior del Palacio de Justicia de Santa Cruz de Tenerife. / ED
La Fiscalía cree que la supuesta organización criminal que lideraba el empresario de origen libanés Mohamed Derbah podía llegar a ingresar unos 25 millones de pesetas (150.000 euros) a la semana por las supuestas actividades ilícitas de amenazas y extorsión a empresarios en Playa de las Américas y Costa Adeje desde finales de los 90 hasta noviembre del 2001.
El grupo investigado fue desmantelado durante la operación Cedro, que estuvo dirigida por exjuez Baltasar Garzón y finalizó con la detención de 18 personas.
De todos los arrestados, casi 25 años después, hay una decena de acusados en el juicio que se celebra desde la pasada semana en la Audiencia Nacional por los posibles delitos de asociación ilícita, estafa continuada, blanqueo de capitales, tenencia ilícita de armas, cohecho (soborno), revelación de secretos o abandono de la obligación de perseguir delitos.
Los procesados son Mohamed Derbah, sus dos hermanos, varios testaferros, un padre y una hija, un director de sucursal bancaria y un mando de la Guardia Civil ya jubilado.
Amenazas
El Ministerio Público atribuye a Derbah y a su círculo más próximo la comisión de cuatro delitos de amenazas, según el escrito de calificación. Esas acciones consistían presuntamente en plantear advertencias a hombres de negocios para que contrataran sus servicios de seguridad privada, a cambio de no sufrir peleas o diversos daños graves en sus establecimientos, «provocados por» algunos de «los propios acusados».
Para llevar a cabo sus objetivos, presuntamente recurrían a tres empresas de seguridad que, bajo una apariencia legal, ocultaban la actividad de amenazas y coacciones a emprendedores de hostelería o el comercio, entre otros.
Los afectados se veían obligados a pagar cada mes presuntamente un canon a la organización para poder tener tranquilidad y una aparente seguridad, según señala la acusación pública.
Hasta 6.000 euros
Muchos de los perjudicados por esta práctica eran inversores de origen extranjero, que, a cambio de protección, debían abonar cantidades que oscilaban entre los 600 y los 6.000 euros mensuales.
La cifra concreta dependía de la entidad de cada negocio. Las órdenes para las amenazas y coacciones eran ejecutadas por una plantilla de profesionales, entre las que figuraba un investigado que está declarado en rebeldía.
Una de las víctimas fue presuntamente el dueño de un local en uno de los centros comerciales Verónicas, en Playa de las Américas (Arona), que pagó 95.000 pesetas (570 euros) en concepto de seguridad durante meses para evitar reyertas en su establecimiento.
El contrato
Una situación similar padeció un segundo empresario, quien, para ocultar las presiones sufridas presuntamente por la organización, firmó un contrato con una de las sociedades mercantiles controladas por Derbah y su entorno, según la Fiscalía.
El damnificado generaba una facturación diaria mucho mayor que otras víctimas, pues gestionaba tres locales. Por eso, el pago al grupo asociado con el inversor libanés ascendía a 261.000 pesetas (1.568,6 euros). Y, de nuevo, la operación se formalizó a través de un contrato.
Según la información remitida por los investigadores al Ministerio Público, un día otro empresario recibió la visita de tres personas no identificadas, que actuaban en nombre de uno de los procesados y que le exigieron el pago mensual de 50.000 pesetas (300 euros) en concepto de protección.
Práctica mafiosa
El argumento al que se agarraron para que aceptara fue que, si se negaba a pagar, volverían para destrozarle el local y que «le romperían la cabeza».
Como se ha reflejado en numerosos proyectos cinematográficos, la extorsión a comerciantes para que paguen un impuesto a cambio de no sufrir ataques [ellos o sus empresas] es uno de los fenómenos mafiosos más tradicionales.
Verónicas en los 90
Y algunos negocios de ocio nocturno situados en los centros comerciales Verónicas no fueron una excepción a finales de los años 80 y, sobre todo, desde los 90.
En aquella época, en particular hasta hace tres décadas, dicha zona estaba en plena ebullición y cada noche miles de turistas o residentes llenaban las discotecas y pubs.
Los excesos por el consumo de alcohol y drogas generaron numerosos episodios de violencia, reyertas y riñas tumultuarias, algunas con fallecidos o heridos graves.
La historia se repite
Y esa compleja realidad fue aprovechada por grupos delictivos para hacer caja con los servicios de protección. Treinta años después, de forma periódica, las redes sociales se llenan de vídeos con peleas multitudinarias y agresiones brutales en Verónicas y su entorno.
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