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Un crimen de cuatro sicarios a demanda (y error) desde Colombia a Telde

Cuatro sicarios asesinaron en junio a un hombre en Gran Canaria al confundirlo con otro. Una muerte encargada por una deuda de droga que coloca a Canarias en el mapa de las organizaciones criminales internacionales que ordenan ejecuciones

Así fue la detención de los dos sicarios colombianos por el asesinato de Josué, 'el Conejero'

Así fue la detención de los dos sicarios colombianos por el asesinato de Josué, 'el Conejero' / La Provincia

Las Palmas de Gran Canaria

Es la máxima expresión de la violencia: matar por encargo. A demanda. Arrebatar una vida a cambio de un puñado de miles de euros. Días de seguimientos que terminan en segundos: llegar, localizar a la víctima, apretar el gatillo y huir. En algunos casos, ni siquiera da tiempo a que los ejecutores emitan el aviso de «trabajo hecho» cuando la Policía activa las sirenas para darles caza. En otras ocasiones, las que se tuercen, el cadáver tendido en la acera no corresponde con el objetivo a batir.

Ojo por ojo. Caiga quien caiga. Y omertá. La ley del silencio. Nadie sabe, nadie ve, nadie oye... Y nadie habla. Porque todo queda entre las organizaciones criminales que encargan y los autores que ejecutan. Violencia y muerte, vinculada, en la mayoría de los casos, al narcotráfico. Repartirse la tarta (de cocaína, la más preciada) y quedarse con el trozo más grande tiene un precio. Y esa tarta también se corta en Canarias. Las islas no están exentas del crimen y de las mafias.

Convertida en almacén, punto de avituallamiento y proveedor de mano de obra, con una ubicación privilegiada en medio del Atlántico, Canarias es una de las puertas de entrada de la ‘dama blanca’ en España –y de ahí a Europa—. Y esta posición conlleva un aumento de la violencia. Droga y brutalidad van de la mano. Amenazas, coacciones, extorsiones, secuestros... Y asesinatos. Es la profesionalización del crimen.

Y, aunque en menor (muy menor) medida que en la Península (sobre todo mucho menos que en territorios como Madrid, Barcelona y la Costa del Sol), los sicarios también han dejado sus huellas en el Archipiélago.

Josué Delgado, El Conejero, de 38 años, recibió en junio cinco balazos cuando volvía por la tarde a su casa de Telde. Los sicarios llegaron desde Colombia: un viaje de días, de vigilancias que terminaron en el asesinato. Un asesinato que la investigación, tras la detención de los autores y la confesión de uno de ellos, considera que fue un error. Por eso no cobraron la tarea.

Todo se desencadena a principios de junio. Una organización criminal, asentada presuntamente en Colombia, encarga la muerte de un «hombre, de entre 38 y 40 años, de raza blanca y moreno» a cuatro individuos. Es la descripción que aportan, junto a una imagen. El objetivo se localiza en Telde, al otro lado del charco. Para acabar con él, por una supuesta deuda, ofrecen al que tendría que haber sido el autor material 60.000 euros, pero tras realizar las localizaciones, este hombre se niega a matar.

«Me contactó una gente de Colombia y me ofrecieron 20.000 euros para ir a la Isla e investigar al luchador propietario de un gimnasio y luego me ofrecieron 40.000 euros para matarlo», reveló el ahora encarcelado, colombiano de 24 años, a la Policía, tal y como publicó LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas.

Él se marchó de Gran Canaria y, en su lugar, llegó un sustituto, quien se habría equivocado y habría matado a El Conejero al confundirlo con la persona que realmente estaba en el punto de mira. Así lo reveló el anterior sicario detenido.

Los detenidos

Por este (erróneo) crimen fueron arrestadas cuatro personas: Antony C. M., César Fabián C. B., Brayan Andrés F. R. y Diego Ferney P. N. Todos colombianos, todos contratados desde su país de origen por una mafia todavía no desmantelada.

En la planificación hubo otro nombre clave: Manuel Alejandro R. C., un ciudadano que permanece en libertad al no localizarse en España y que fue el responsable, presuntamente, de encontrar a los cuatro implicados y de financiar sus gastos. «Tanto tiempo para venir a cagarla», dijo uno de los encarcelados a Manuel Alejandro.

A los dos días de matar a El Conejero, la Policía Nacional detuvo a los dos presuntos autores materiales en Las Palmas de Gran Canaria antes de que abandonasen la Isla. Los otros dos, vigías y planificadores, cayeron en la Península en noviembre.

Siete meses después del asesinato, se desconoce quién dio la orden de matar y quién está detrás de la contratación de esos cuatro sicarios que realizaron desde Colombia un viaje con un objetivo claro, arrebatar por dinero una vida, y con el que situaron a Canarias en el mapa del sicariato vinculado, supuestamente, al tráfico de estupefacientes y a las deudas relacionadas con la cocaína.

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