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Incendio en Tenerife | Protagonistas

El patriarca de los fontaneros del monte

El iniciador del Canal de Aguamansa cree que "el incendio que desde hace diez días azota Tenerife no tenía que haber pasado de la ladera, pero tardaron en empezar"

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Francisco Rodríguez Herrera es el cabeza de la familia Ramos que ha hecho las «miles de galerías» de agua que existen en La Orotava y casi medio millar en Los Realejos, un oficio que le permitió sacar a su seis hijos. Comenzó a trabajar con once años, un oficio que mantiene su familia, que se dedica al mantenimiento del Canal de Aguamansa, recientemente afectado por los desprendimientos por el incendio.

«Toda la vida he trabajado para el prójimo; no tengo riquezas. He ganado mucho, pero todo ha sido para ayudarle a la gente». Se presenta así Francisco Rodríguez Herrera en el patio de su casa, en el Camino Fuente Vieja de La Perdoma, donde nació hace ya 83 años. A Paco Ramos, como le conocen en La Orotava, se deben muchas de las galerías de agua que atesora la escarpada orografía del Valle, donde asegura que hay miles, y cuatrocientas en Los Realejos.

Ha visto media docena de incendios en su vida, y lamenta «la dejadez que ha habido en el que azota la Isla en los últimos 10 días. Y con este ocurrió igual. Los incendios no se pueden apagar después de que estén ardiendo, sino hay que apagarlo al principio, hay que actuar rápido y todos tienen que ir al ajo; este incendio no tenía que haber pasado de la ladera, pero tardaron mucho en empezar».

Su nombre cobra actualidad casi veinte años después de su jubilación porque su legado laboral de medio siglo ahora está en manos de sus hijos y nietos, que se encargan del mantenimiento del Canal de Aguamansa.

El padre de Paco Ramos, Francisco Rodríguez Lorenzo, era «rematador, no era como yo; ni siquiera se acercaba a las galerías. Más bien administraba las galerías; yo hacía obra». «No me llevaba con él y me quedé marcado porque fue muy cruel conmigo. ¿Y sabes cómo lo llamaban a él? El Religioso. El motivo: tuvo 16 hijos y seis eran religiosas. «Éramos cinco varones y once hembras, y vivíamos todos hasta el otro día, que murieron la mayor y la más pequeña». Entre las religiosas, la dominica Carmen Rodríguez, que estuvo de misión en Mozambique, en el colegio de Geneto y luego fue destinada a la Basílica de Candelaria. 

Paco se dedicó a la perforación de galerías y luego del mantenimiento del Canal de Aguamansa. «He hecho miles y miles de metros de galerías; incluso trabajé en las galerías a brazo, con el marrón y el taladro, cuando no había motor. En la comunidad Las Cumbres hice también las galerías La Puente, Montaña Blanca, La Raya, Montaña del Medio y El Pastelito; esta última la hice toda nueva. Todas pertenecen a La Orotava». «Cuando las galerías alumbraron agua hubo que hacer el canal y trabajé al principio como peón de otra empresa y a partir de 1972 me di de alta como contratista con mi empresa para llevar las aguas donde hiciera falta». El Canal de Aguamansa, que estos días ha sufrido varias averías por rotura y tupiciones por desprendimientos provocados por el fuego al quemarse los árboles y correr las piedras para caer a la canalización y afectarla, se hizo en el año 1963.

Hasta dicho canal se llevaba las aguas de las galerías de la zona y a la que luego se sumaron las aguas de Los Realejos. «La galería El Nuevo Portillo dio mil y pico pipas de golpe por horas y hubo que hacer un nuevo canal y lo empaté con Aguamansa». «Me dediqué a trabajar aguas de Los Realejos: El Nuevo Portillo, La Esmeralda, Cruz de Luis y El Cerco, pero ya estaban antes. También sustituí a Sosa, el luchador, que era el contratista de la galería de Los Realejos, y me quedé como rematador y trabajé casi cincuenta años».

Paco Ramos empezó a trabajar con once años en la galería Salto de los Helechos, en el barranco del Infierno, que es donde se rompió ahora el Canal de Aguamansa. «Abría las calles de La Orotava donde estaba la humedad cuando era pequeño para buscar el tubo y arreglarlo; tuve follones con la gente...». «Casi once años era un pequeño empresario; Dios me dio una inteligencia tremenda».

"Somos los más rápidos en reparar canales. ¿Sabe por qué? No tememos perder la vida"

Francisco Rodríguez

— iniciador del Canal de Aguamansa

Y añade: «nosotros somos los más rápidos que han existido para reparar canales o lo que sea. ¿Sabes por qué?, porque no tenemos miedo a perder la vida ni nada, nos metemos donde haya que ir. Y gracias a Dios no nos ha sucedido nada, y mira a los chicos Jonás, Ramsés y Samuel, –cuenta en referencia a sus nietos que trabajan en la empresa que dirige su hijo Francisco, con su otro hijo, Benito– que son una maravilla».

«Cuando yo empecé a abrir galerías, había que pagar unas cuotas y la gente empezó a gastarse el dinero en eso: unas dieron agua y recuperaron el dinero; otras no lo dieron y lo perdieron eso. Era una lotería. Llegaron las crisis y llegó el Gobierno canario y se cogió el agua, y había que pagar un tanto por ciento por lo que tuvieras de agua. Yo eso lo veo como un abuso; no tenía por qué existir».

Paco hace un alto para explicar cómo conoció a su esposa. «En La Perdoma había un cine parroquial y un día me senté al lado de una chica que tenía solo 13 años, la que luego fue mi mujer. Era flaquita y negra como un tizón de lo que estaba pasando, porque era de lo más pobre que había en La Perdoma. Poco a poco empezamos y nos veíamos de sábado a sábado, hasta me di cuenta que me estaba enamorando. Yo era de una clase (social) más fuerte y ella no trabajaba. Y comenzó a sufrir porque la gente le decía que yo no me iba a casar con ella porque tenía más recursos que ella, hasta que le dije un día: ‘mira niña, soy de principios y soy de gente que respeta, y te voy a respetar toda la vida’, no hagas caso de lo que te dice la gente». «Y empezó a crecer el amor, tanto que cuando murió, me quise ir con ella». No todo fue color de rosas. «Me quedé sin trabajo hasta que una noche me llamaron del Canal de Aguamansa. Me citaron en el Gobierno Civil al día siguiente y hasta la fecha. «Y así me hicieron rico en ocho meses, cuando gané unos cuantos millones».

A Paco se le conoce por la familia Ramos por su abuelo, que se Manuel Rodríguez Ramos, por parte materna; él era albañil, uno de los artífices de la charca de los Ascanio. «También me dediqué a hacer estanques», para lamentar lo que supuso la entrada del euro: «era rico y estos cabrones me han hecho pobre, le digo a los chicos».

Paco Ramos, como le conocen en La Perdoma.

Paco Ramos, como le conocen en La Perdoma. / Andrés Gutiérrez

Del Norte al Sur de la Isla en bicicleta

Paco Ramos explica sus orígenes. «Iba caminando desde Camino Fuente Vieja hasta la ladera del barranco de Los Helechos. Salíamos a las siete y llegábamos a las ocho».

«En el Valle Santiago, en Santiago del Teide, trabajé en una galería que le dicen El Sauce. ¿Sabes cómo empecé allá? En bicicleta, desde aquí –La Perdoma–, salía el lunes a las cinco y media de la mañana, llegaba a Icod y ponía en la guagua el paquete con la ropa y la comida y yo seguía en bicicleta. Allá estaba toda la semana, hasta regresar el sábado otra vez». «Había días llovía hasta la cumbre de Erjos, en el Sur». Hoy disfruta de su mayor tesoro: la familia, con seis hijos, doce nietos y otros tantos bisnietos, para recordar a su esposa, fallecida hace diez años.

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