La vida en un polideportivo: «Nos tienen ‘arrestados’ aquí porque hay humo en las casas»
Solo en El Rosario 1.200 vecinos fueron desalojados y 3.800 confinados en el casco para facilitar el tránsito del operativo

Isidoro González, de Las Barreras, ante un futuro incierto aún. / María Pisaca

Con rostro cansado por el paso de las horas y haber unido la noche con la mañana sin tregua, la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, acudió con el director insular de Medio Natural, Pedro Millán, a las dos de la tarde a Las Rosas, en El Rosario, al encuentro del alcalde Escolástico Gil, quien lanzó un envite a las autoridades antes de que saliera el sol cuando en los micrófonos de la Radio Canaria advirtió que ya era hora de que el Gobierno autonómico mandara recursos aéreos y no dejara sola a la población. Y a partir de ahí fue una exhibición de hidroaviones sobre las laderas.
Escolástico compartió con Dávila su malestar por episodios como la denuncia en redes sociales de quien dijo que estaba recogiendo la pinocha a metros de su casa, donde estaba el fuego, cuando en realidad las llamas estaban a dieciocho kilómetros. Fue la descarga del alcalde de La Esperanza que pasó entre las tres y las cinco de la madrugada del miércoles al jueves uno de sus peores momentos, cuando le advirtieron que el cambio de viento podría provocar una tragedia si viraba a Las Barreras. Y hasta le dieron el paso de dos horas, como al enfermo terminal que le acotan la esperanza de vida.
Dávila aguantó el chaparrón cual confesor. E informó de la apertura de un centro puesto de mando, más pequeño que el Andrés Orozco, de Arafo, para facilitar la coordinación, más la puesta en servicio del Polideportivo de El Chorrillo para los desalojados, lo que pareció calmar las madres del alcalde, el único regidor de los municipios afectados por el fuego que no se ha sentado en la mesa de coordinación de los políticos sino que ha preferido estar a pie de calle, entre los vecinos.

«Nos tienen ‘arrestados’ aquí porque hay humo en las casas» / Humberto Gonar
Rosa Dávila hace balance a primera hora de la tarde de la evolución del fuego, cuando detalla cinco puntos preocupantes, con especial incidencia en La Orotava, por el Norte, y la evolución de las llamas de La Esperanza, sin ningunear la situación de la subida a Los Loros, por los márgenes de Güímar y Arafo –donde se trabaja aún– o en Los Brezos, en Candelaria, preocupada por la evolución, que coincidió con el confinamiento que decretó el Gobierno canario para que los vecinos del casco de La Esperanza no salieran a la calle para facilitar la circulación de los servicios de emergencia.
Ya a las 20:00 horas, el alcalde de La Esperanza traduce su preocupación en números: entre 1.200 y 1.300 desalojados, a lo que se suman unos 3.800 confinados.
Desde Candelaria, por la mañana, fuentes municipales recordaron que el primer día del incendio, el miércoles, fueron desalojadas cien personas, muchas de ellas que estaban atendiendo sus fincas; de hecho, solo cinco de ellas fueron realojadas en el Pabellón de Punta Larga, que también acogió a siete trasladados desde Arafo, y dos desde El Rosario, para recuperar la relativa normalidad al mediodía pendiente de la evolución de las llamas.
Los primeros de Lomo Pelado
La Esperanza habilitó desde las primeras horas del miércoles dos Polideportivos: en Lomo Pelado y El Chorrillo, por más que no se pusieran en servicio en condiciones hasta la mañana de ayer.
Los primeros en llegar al de Lomo Pelado, sin hamacas, fueron Pedro, de 63 años, y Rober, de 36 años, con su pareja, que llegaron a las instalaciones municipales poco después de la madrugada del miércoles al jueves.

«Nos tienen ‘arrestados’ aquí porque hay humo en las casas» / Humberto Gonar
«Nos echaron por la mañana (de Las Lagunetas)», narran con buen humor, para recordar en la conversación que entonces estaban en el campamento 23 niños que dejaron su actividad. Pedro recuerda el incendio que asoló la zona en 1995, para asegurar que el que azota estos días La Esperanza es peor. «Espero que esto no dure mucho; como llegue hasta el domingo no queda nada», teme.
A su lado, Rober, un recién llegado a Las Lagunetas, donde compró hace un año y medio la casa de 30 metros cuadrados en la que vive, con una finca de 1.500 metros cuadrados en los que planta frutales como manzanas, peras, ciruelas... «El año pasado planté medio saco de papas y recogí uno y medio». A sus 36 años ha tenido tiempo hasta de ser paracaidista en el Ejército de Brigada en Murcia y Madrid, hasta que decidió abandonar el ruido de la ciudad y hasta su solidaridad lo acercó a La Palma con motivo de la erupción del volcán. «Con 7 años comencé a cantar y con 16 ya escribía, hasta que cuando la pandemia comencé a rapear. Un día El Arepa me grabó y me gustó mi voz y seguí. A partir de ahí los amigos me decían que me creía el Pepe Benavente de Geneto –barrio lagunero donde vivía entonces–». De ahí surgió el reto de echar una mano solidaria con La Palma. Rober es en el mundo artístico el rapero The King Of Faraon; hizo suyo el reto que le plantearon sus amigos y acabó interpretando con Pepe Benavente el tema Conóceme con fines solidario para los afectados por la erupción del volcán palmero. «Pero eso no tiene nada que ver cuando lo vez desde fuera a cuando te toca y temes perder tu casa», cuenta sentado en la madrugada del Centro de Formación de Lomo Pelado mientras caen pavesas.
A las 23:00 horas, se produce el primero de las evacuaciones en la zona de Las Rosas que afecta a 150 vecinos de Las Barreras. Al paso por la subida por Machado rumbo a Preventorio permite descubrirlos con mangueras en las manos refrescando el terreno, haciendo comunidad. Todos fueron realojados en casas de sus familiares.
Trabajadora social con solera
Entre el personal que acompaña al alcalde y a los concejales de Urbanismo y Fiestas, Ana, una trabajadora social que no cuenta su antigüedad por trienios o quinquenios sino por siniestros, como la riada de 2002, el Delta, Los Valles –en María Jiménez, en Santa Cruz–, Los Lavaderos o el incendio de la iglesia de Buenavista del Norte narraba en la noche que llovía ceniza del cielo esperancero.
A las cinco de la madrugada, nuevo desalojo en la zona de Las Rosas, Lomo Pelado y Las Barreras. El alcalde respira porque las peores previones no se han cumplido, pero desesperado porque no llegan los medios aéros en auxilio de la población. «No podemos esperar más». Y es contundente en su temor: el foco Sur, Las Barreras, pero sobretodo Montaña Grande. «Si eso vira para aquí –cuenta desde Las Rosas ya por la mañana– estamos acabados».
Desalojada y voluntaria
Las situaciones adversas no respetan edad ni condición. Y si no que se lo pregunten a la exconcejala Sara Cabello, mano derecha en el mandato anterior del alcalde Escolástico Gil hasta su renuncia. Alejada de la política –por ahora–, ultima su formación para dedicarse a la docencia con el aval de ser geógrafa con máster en Protección Civil y Gestión de Emergencias, precisamente especializada en incendios. Fue desalojada de su casa, lo que no le impidió pedir el peto de voluntaria a Protección Civil de El Rosario y ponerse al servicio del regidor.
A sus 32 años, aporta el conocimiento técnico al vagaje humano de Escolástico, que conoce hasta por su nombre cada vecino de La Esperanza, sea cual sea su calle. Sara comparte con Escolástico la preocupación del fuego en el interfase –la zona rural de uso residencial, porque se ha abandonado el campo y ya las cabras no limpian las parcelas, con el riesgo que supone para el fuego», con la sabiduría del estudio que le lleva a advertir del peligro de los vientos de noche, de cumbre a mar –adiabáticos–, que entrañan más riesgo que los de día, de mar a cumbre, los catabáticos. Más allá de tecnicismos, un objetivo contundente: «La Esperanza intenta evitar que el fuego afecte a la zona urbana».
Y otra lección de conocimiento cuando se refiere al incendio inédito del verano de 1995, que comenzó en La Esperanza, para seguir a Candelaria, luego saltar la dorsal y llegar al Norte de Tenerofe para terminar en La Esperanza una semana después. «Este fuego va para una semana», insiste.

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En Las Rosas pasa en moto de Protección Civil de La Esperanza Airám, un militar que dedica su tiempo libre a ayudar a sus convecinos, como Julián, propietario en el pasado del restaurante Don Pollo y ahora de otro guachinche en Aguagarcía deja su negocio para hacer de chófer en este cuerpo de voluntarios de El Rosario, con generosidad y sin altanería.
Durante el recorrido por las casas de Las Barreras, y luego informar a los vecinos de que las casas no han sido afectadas por el fuego, Sara recuerda que este incendio ha permitido estrenar en La Esperanza el sistema de avisos por móvil que advertían que la población del casco estaba confinada por decreto del Gobierno de Canarias.
Los legionarios del fuego
En la carretera junto a Las Rosas, despliegue de media docena de camiones de Bomberos llegados desde Gran Canaria, en un guiño con Escolástico Gil, los legionarios del fuego por su atrevimiento a la hora de meterse por cualquier sitio.
En la carretera de Las Barreras, bomberos voluntarios de La Laguna colaboran en las tareas, entre los que se encuentra Carlos Hernández Rodríguez, Carlos Plata en el mundo del Carnaval, en particular en la murga Mamelucos, que ha dedicado gran parte de sus 48 años a sus labores solidarias en Protección Civil y Cruz Roja y desde hace año y pico con los bomberos voluntarios laguneros; pidió el jueves y viernes libre en la tornillería en la que trabaja para prestar esta ayuda solidaria.
Desde el frente al centro habilitado para los desalojados en El Chorrillo, en el cercano colegio San Isidro, donde la Cruz Rosa, esta vez sí, ha habilitado 71 camas; eso sí, en la puerta a la instalación un cartel que impide la entrada a los medios de comunicación para garantizar la intimidad de los desplazados. Dentro, 25 desalojados, aunque se vive con el corazón en vilo a la espera de que lleguen más en cualquier momento por una causa mayor no deseada.
En la contigua Casa de la Juventud, el concejal de Fiestas Yeray Gutiérrez pone de ejemplo de la labor que prestan trs de los chicos que se han acogido al Proyecto de Formación de Alternancia con el Empleo (PFAE). Se incorporaron hace veinte días y han estado en conociendo la labor a desarrollar como animadores socioculturales en la Casa de la Cultura, de La Esperanza; la Casa de la Juventud, de El Chorrillo, o la Luditepca El Islote Perdido, de Llano del Moro, y los sorprendió el incendio, en otra faceta más solidaria. Es el caso de Elsa, de 25 años, de Llanos del Moro, que cursó Audiovisuales en La Guancha y animación 2D y 3D en Fuerteventura, además de luego formarse como auxiliar en veterinaria; además del PFAE de Turismo en Promoción e Información Turística; o Crístofer Díaz, de 24 años y de La Esperanza, que estudió Programación en el Instituto Pérez Minik, en La Laguna, o David Alemán, de 22 años y natural de La Esperanza, que después de Bachillerato hizo un grado superior en fotografía.
De la Marcha Verde al incendio
Entre los desalojados de Las Barreras, Ramón González Morales, nacido en 1944, y su hermano Isidoro, naturales de Las Barreras. «Nos tienen ‘arrestados’ aquí porque hay humo en las casas», dice. El padre, de El Río (Arico), se marchó a Venezuela y desde 13 años ya estaba Ramón limpiando cacharros en la Escuela Hogar, hasta que se marchó al cuartel y se tumbó –como narra– dos años en el cuartel, que lo llevó al Aaiún, a participar en la Marcha Verde. Ya de regreso su madre, de Barranco Hondo, lo puso a trabajar en Suar Díaz, donde estuvo 53 años hasta jubilarse y coon el que sacó adelante a sus hijas: una profesora de Inglés, otra, asesora fiscal y la tercera, profesora de piano.
Fuera del centro de El Chorrillo, Macarena Hernández, de 37 años y vecina de Montaña Grande, que en su recuperación de un accidente de tráfico se ha visto sobresaltada por el accidente; allí acude con su padre y su hermana.
No se dejan cabos sueltos, y hasta se ha habilitado el colegio de San Isidro para los animales de las personas desalojadas gracias a la iniciativa del Colegio Oficial de Veterinarios, una iniciativa que nació para atender a los afectados por la erupción de La Palma, se continuó con el incendio de la Isla Bonita y ahora se retoma en La Esperanza. Junto a la periodista Yolanda Arenas, voluntaria solidaria que hoy pone rumbo a Bilbao para atender la llamada de la cuadrilla y animada por su hija Leyre, Verónica Hernández y Natalia Ónega decidieron cerrar sus clínicas veterinarias en Tejina y Candelaria para atender gratis a los animales de los desalojados.
Entre los perros, el único que no tiene dueño reconocido, Mateo. Es el único dato que se conoce, porque así lo hizo constar quien lo entregó, con quien se desvive la concejala Irene Villar en su visita.
Llamaradas de solidaria mientras los vecinos siguen en vilo con el incendio aún fuera de control.
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