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Los forenses ratifican que la víctima del homicidio en Tenerife murió asfixiado

En una uña y en la palma de una mano de la víctima había restos genéticos del ahora acusado

Foto del juicio por el homicidio en Costa del Silencio

Foto del juicio por el homicidio en Costa del Silencio / E.D.

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Santa Cruz de Tenerife

Dos médicos del Instituto de Medicina Legal de Santa Cruz de Tenerife que realizaron la autopsia a Angelo Michel, el hombre cuya muerte violenta se produjo a finales de febrero de 2020 en el municipio de Arona, confirmaron que la víctima tenía fracturado el hueso ioides, al igual que el cartílago tiroides. Ambas lesiones son compatibles, según dichos especialistas, con la versión dada por el acusado del ataque mortal, el ciudadano británico Ricky Clinton, de que se colocó encima de Miguel y le apretó el cuello hasta que lo asfixió.

Así trascendió en la tercera sesión del juicio con Tribunal del Jurado que se celebra en la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife por un delito de homicidio ocurrido en el lugar en el que las partes vivían esos días, bajo las gradas de las antiguas canchas de tenis de Ten Bel, en Costa del Silencio.

Los citados profesionales ratificaron que el fallecido tenía fracturadas cuatro costillas en el costado izquierdo. Los forenses explicaron que, sin descartar otros posibles motivos, las citadas heridas pueden deberse a que una persona adulta se sentara encima del afectado y por el peso le causara tales lesiones.

Angelo Michel, de nacionalidad francesa y conocido en Costa del Silencio como Miguel, tenía problemas pulmonares, que podían estar relacionados con el consumo de tabaco, alcohol o drogas en el pasado.

Durante la realización de la autopsia, en el cadáver solamente se detectó la presencia de alcohol en sangre, pero con unas cantidades muy elevadas, probablemente derivadas del estado de putrefacción que presentaba el cuerpo. Se estima que el análisis forense se llevó a cabo siete días después aproximadamente de que se produjera su muerte.

Los dos profesionales que efectuaron la autopsia confirmaron que Angelo Michel era una persona que padecía una enfermedad cardíaca crónica y un enfisema, una patología crónica en los pulmones, habitual en quienes han fumado mucho a lo largo de su vida, con un alto riesgo, lo que le provocaría dificultad para realizar numerosas actividades cotidianas, como caminar, correr o dormir.

Los mencionados profesionales del Instituto de Medicina Legal no apreciaron señales relevantes de lucha o de forcejeo, ni en los brazos ni en las manos de la víctima, por lo que deducen que la capacidad de defensa de Miguel "fue poca".

"No sabemos en qué condiciones" se realizó la supuesta reanimación que el acusado dijo que efectuó al afectado. Los médicos forenses no pudieron confirmar o desmentir que dicho proceso para salvar la vida de Miguel se hubiera efectuado realmente.

Además, el director y uno de los forenses del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Canarias explicaron que en el cadáver se apreció un nivel de 6,32 miligramos de alcohol en sangre, pero no se hallaron restos de fármacos o sustancias estupefacientes.

En una uña de la víctima había perfil de ADN del acusado, así como en cuatro hisopos tomados de las manos del fallecido, en un cordón atado a una puerta y en una sábana.

En numerosos lugares del espacio usado como vivienda aparecen restos de sangre de la víctima y en muy pocos del ahora acusado, que supuestamente, horas antes de acabar con la vida de Angelo Michel, recibió diversos golpes al ser desalojado de una discoteca del centro comercial Starco, en Playa de las Américas.

Y en los bordes de una sábana con la que el cadáver fue trasladado a una de las duchas se encontró ADN de Jay, el amigo del acusado.

El fallecimiento de Angelo Michel se produjo entre la madrugada y la tarde del 26 de febrero, según recogió el fiscal del caso, Ángel García, en sus conclusiones.

En la jornada de este miércoles, 5 de julio, también prestó declaración el amigo del acusado, quien explicó que, después de que echaran a Ricky de la discoteca Tramps, no recuerda que este tuviera alguna lesión importante, "ni él me comentó nada".

Dicho testigo explicó que "siempre estábamos bebiendo". "La mayoría del tiempo estábamos bebiendo alcohol, porque vinimos a Tenerife a intentar dejar las drogas; para nosotros era un signo positivo el hecho de sólo beber alcohol", aclaró Jay. No recordó que tuviera que limpiar sangre en el espacio en que ocurrió la agresión mortal. Después del grave suceso, refirió que Ricky le comentó que Miguel se había ido a El Fraile, pero se hallaba tan confuso por la bebida que no sabe si realmente le dijo eso o que se había marchado para regresar el siguiente viernes (friday, en inglés).

Comentó que sabía que Miguel vendía droga. Jay admitió que cobraba una pensión de 250 libras esterlinas cada dos semanas, a raíz de acudir a rehabilitación para desintoxicarse. Según este testigo, los pasajes de regreso al Reino Unido los pagó Ricky, que ingresaba dinero cada mes.

Aclaró que, en realidad, en un primer momento, "me pedían 25 años de prisión a mí", mientras que a Ricky le solicitaban 15. Entonces, el ahora acusado le admitió lo que había ocurrido realmente, es decir, que había matado a Miguel, y le dijo que no se preocupara, pues él iba a asumir la autoría. Manifestó que se marcharon de Costa del Silencio para acudir al funeral de la abuela de Ricky y que tal viaje de vuelta al Reino Unido estaba previsto desde hacía varios días antes.

Según Jay, en ningún momento sospechó de que en el lugar donde residían bajo las gradas de las canchas de tenis de Ten Bel había ocurrido una agresión grave a Angelo Michel.

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