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La Guardia Civil niega que la víctima del homicidio de Tenerife fuera violenta

Los investigadores no hallaron vestigios de una agresión en los palos de golf que había en el lugar

El acusado, Ricky Clinton, en la segunda sesión del juicio

El acusado, Ricky Clinton, en la segunda sesión del juicio / Pedro Fumero

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Santa Cruz de Tenerife

La víctima del homicidio cometido en febrero de 2020 en la localidad de Costa del Silencio, en el municipio de Arona, Angelo Michel, era una persona pacífica y tranquila, según su hija y los vecinos que lo conocían. Además, en los palos de golf y en la muleta localizados en el espacio donde habitaba, bajo las antiguas canchas de tenis de Ten Bel, no se hallaron rastros de sangre ni de haber sido utilizados en una agresión, según explicaron dos guardias civiles que realizaron inspecciones oculares en días diferentes, antes y después de hallar el cuerpo sin vida.

Así se expuso en la segunda sesión del juicio con Jurado que se celebra en la Audiencia Pronvicial de Santa Cruz de Tenerife. Y, de esta manera, pierde fuerza la declaración realizada el pasado lunes por el acusado de esta muerte violenta, el ciudadano británico Ricky Clinton, quien aseguró que el fallecido lo atacó con uno de dichos objetos deportivos antes de que él respondiera a golpes en legítima defensa y acabara con la vida del varón que era conocido en la zona como Miguel.

El comandante de la Guardia Civil que ejercía entonces de jefe de la Unidad Orgánica de Policía Judicial (UOPJ) aseguró a preguntas del fiscal del caso que, cuando se solicitó la orden europea de detención y entrega (OEDE) del presunto autor, ya se había acabado la investigación esencial sobre este asunto, pues se contaba con la autopsia y las pruebas del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. De hecho, se ratificó que restos del ADN hallados en el escenario del suceso correspondían con las del acusado.

Dicho mando del Instituto Armado negó que Ricky Clinton colaborara con los agentes para facilitar el esclarecimiento del homicidio, pues, de hecho, aclaró que, una vez que presuntamente cometió el hecho, huyó a su país de origen en compañía de su amigo Jay lo antes que pudo.

A raíz de la denuncia interpuesta por la hija de la víctima por su desaparición, desde la Guardia Civil de la Compañía de Playa de las Américas se estableció un dispositivo de búsqueda. Un agente de la Oficina Administrativa participó en una dotación para tratar de localizar a Angelo Michel, junto a su capitán, a comienzos de marzo. Este profesional fue quien halló el cadáver del citado hombre cuando realizaba una labor de inspección en el enclave donde residía el ciudadano francés.

Este funcionario afirmó que observó una puerta cerrada, con una mesa delante, con un objeto encima. Y le llamó la atención que en un lugar de esas características estuviera tan bien colocada la mesa delante de una puerta cerrada, que, además, se hallaba atada con un cordón.

Al abrir la citada puerta percibió olor a putrefacción en la zona de las duchas y los vestuarios. Había un pequeño rastro de sangre hacia uno de los cubículos. El cuerpo estaba debajo de mantas y basura en una de las duchas. Si no hubiera sido el olor, no se hubiera detectado, indicó el guardia civil.

El subteniente del Equipo de Delitos contra las Personas de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil comentó que el trabajo de este grupo comenzó en el momento en que se localizó el cuerpo sin vida. Uno de los primeros datos que obtuvieron en sus pesquisas fue que el varón conocido en Costa del Silencio como Miguel compartía residencia con dos hombres de nacionalidad británica.

En esas gestiones, los agentes averiguaron que ambos individuos habían estado alojados con anterioridad en un complejo de apartamentos de la zona, el Alondras Park, donde supuestamente no abonaron su estancia y tuvieron problemas relacionados con altercados, peleas y elevado consumo de alcohol.

Una vez que identificaron a dichas personas, Ricky Clinton y su amigo Jay, los investigadores se pusieron en contacto con la policía británica y comprobaron que tenían antecedentes en el Reino Unido por robos, agresiones o el uso y tenencia de armas, entre otras cosas.

Algunas personas que acudían de forma periódica a jugar a la petanca a las cercanías de las antiguas canchas de tenis de Ten Bel echaron de menos a finales de febrero de 2020 a Angelo Michel. Estos vecinos y conocidos explicaron que Miguel era una buena persona y no era nada problemático. De hecho, les facilitaba agua y una manguera para que regaran el espacio para jugar a la petanca.

Otros testigos, que viven cerca del lugar de los hechos, explicaron a los profesionales de la Policía Judicial que quienes residían bajo las gradas se dedicaban a beber alcohol y en alguna ocasión escucharon gritos y peleas en dicho espacio.

Tras cometer la agresión mortal, el ahora acusado y su amigo se fueron de Costa del Silencio y se alojaron una noche en un hotel de San Isidro. Y al día siguiente se desplazaron al aeropuerto Tenerife Sur Reina Sofía, desde donde compraron sus billetes para regresar a su país de origen.

Los agentes realizaron un seguimiento de los movimientos de ambos implicados y confirmaron que habían pasado el filtro de acceso al avión. En las imágenes de vídeo se comprobó que eran los dos británicos que habían estado acogidos por Angelo Michel.

A un empleado de una compañía aérea le llamó la atención el nerviosismo de ambos individuos y que uno de ellos tenía lesiones en un pómulo, en un codo y en los nudillos de una mano, que estaban excesivamente hinchados.

Este subteniente también negó la colaboración del presunto autor en el esclarecimiento del hecho. Matizó que, de hecho, este martes fue la primera vez que veía en persona al implicado.

Guardias civiles del aeropuerto Tenerife Sur confirmaron que los implicados habían intentado comprar los billetes en la sede de la compañía Jet2 Holidays. Un cabo de la Policía Judicial tomó declaración al empleado que atendió a los dos investigados. Este trabajador no les vendió los billetes, puesto que había mucha calima en la pista del aeropuerto y un exceso de personas se concentraba en la terminal del Reina Sofía. Este empleado tenía órdenes de su superior de no vender más billetes. Ante esta circunstancia, una de las hipótesis es que Clinton y Jay compraron sus vuelos a través de internet con sus móviles.

El 29 de febrero, antes de que fuera hallado el cadáver, un guardia civil realizó una inspección ocular y un informe fotográfico. Entre otras cosas, recogió imágenes de una especie de cocina en el exterior del habitáculo en el que residía Ángelo Michel. Este agente no encontró restos de hachís, heroína ni cocaína, ni dinero en efectivo. Había una bolsa con palos de golf, así como una muleta. Pero en ninguno de esos objetos había restos de sangre o signos de haber sido utilizados en una agresión.

El motivo de esa inspección fue que, tras la denuncia presentada por su hija, los vecinos de la zona aseguraron que el lunes anterior hubo una pelea entre la víctima y los otros dos individuos que pernoctaban bajo las gradas de las canchas de tenis.

En las imágenes captadas de los dos británicos en el aeropuerto no se apreció que el ahora acusado y su amigo presentaran algún tipo de dificultad para andar o desenvolverse.

Un agente del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil identificó a Michel gracias a las huellas dactilares. El único lugar donde se hallan vestigios del homicidio fue la zona utilizada como vivienda y las duchas y vestuarios donde apareció el cuerpo. En el lugar había también restos de basuras, cartones de vino y leche, así como envoltorios de otro tipo de alimentos.

En el lugar no se hallaron restos del consumo de sustancias estupefacientes. Tampoco encontraron ropa manchada de sangre entre la basura. En el habitáculo no había ni agua ni electricidad. El único punto de agua se hallaba en el exterior y era el que supuestamente usaban para asearse o lavar platos.

Había marcas de arrastre de un cuerpo, con restos de sangre, entre la puerta del vestuario y la ducha en la que estaba el cadáver de Ángelo Michel. Ese rastro era muy visible por la gran cantidad de tierra, barro y hojarasca que había antes en el espacio. Los guardias civiles de Criminalística creen que el cadáver fue arrastrado con una sábana y el que lo llevó entró de espaldas en la ducha número tres y dejó las piernas más pegadas a la pared del fondo de la ducha.

Para ocultarlo, supuestamente se usó parte de la ropa apilada en ese vestuario. En la misma sábana fue sacado el cuerpo por la Guardia Civil hasta un lugar más limpio para poder examinarlo mejor.

En una de las camas había serios daños, lo que, según el agente de Criminalística, pudo existir un forcejeo o lucha entre personas que causara tal destrozo.

Una de las hipótesis es que la primera agresión se produjo junto a una tubería vertical cercana a la puerta y que después el cuerpo se tiró sobre una cama, donde se le recogió en una sábana, con la cual fue llevado hasta la ducha.

Este otro agente de Criminalística ratificó que en los palos de golf no se hallaron manchas de sangre o indicios de que se usaran en una agresión.

En una cajita había una báscula de precisión y un teléfono móvil. Cabe recordar que las básculas de precisión, o grameras, suelen utilizarse por personas que venden droga. Sin embargo, los guardias civiles no hallaron en dicho lugar restos evidentes del consumo de hachís, cocaína o heroína. Existen indicios de que alguien pudo limpiar el suelo del espacio en el que estaban dos camas individuales.

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