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JUICIO POR ABUSOS SEXUALES Y PORNOGRAFÍA INFANTIL

El fiscal pide 25 años de cárcel al acusado de abusar de una niña de siete

Según la víctima, los hechos ocurrieron en casa de sus padres, en la del implicado y en un parque

Palacio de Justicia de Santa Cruz de Tenerife

El fiscal Alejandro Salinas solicita 25 años de prisión en total para un hombre que está acusado de abusos sexuales, elaborar y exhibir pornografía infantil a su sobrina política en el municipio de San Miguel de Abona. Los hechos ocurrieron en el 2019, cuando la víctima tenía siete años. La abogada defensora pide la libre absolución del individuo. En base al escrito de calificación del Ministerio Público, el individuo aprovechó que era cuñado del padre de la niña para acercarse a la misma y proponerle realizar acciones sexuales delictivas, de manera fundamental, tocamientos, introducción de un dedo en la vagina de la menor y obligarla a practicarle una felación en una ocasión.

Durante dos horas, el tribunal de la Sección II de la Audiencia Provincial escuchó el testimonio de la pequeña a través de la prueba preconstituida; es decir, una entrevista realizada por dos psicólogas especializadas, que se graba con una cámara, con el objetivo de que la afectada no tenga que relatar en diferentes ocasiones y ante los magistrados el episodio por el que pasó. La niña indicó que «mi tío está en la cárcel por algo», para después explicar que se halla en prisión «porque me tocaba las partes íntimas», según le contaron sus progenitores.

La víctima señaló que el implicado, en primer lugar, le pidió tocarle su vulva y que ella le tocara el pene, mientras que después le planteó que él le chupaba sus órganos sexuales y que la pequeña le hiciera una felación a él. A preguntas de las dos especialistas, la afectada relató que los mencionados episodios ocurrieron unas siete veces; en la casa de los padres de la pequeña y en la del propio acusado, así como en un parque.

Según la niña, los delitos comenzaron una vez que sus padres invitaron a varios familiares a su vivienda. En un determinado momento, el adulto anunció a los padres, una abuela y otros tíos que se hallaban en la terraza que iban a ver los juguetes de la menor. Una vez en la planta alta de la casa, la afectada mostró interés por dibujar, por lo que fue a buscar un folio. Sin embargo, el acusado le aclaró que, en realidad, no deseaba ver sus juguetes ni pintar, sino que quería «tocarle el chocho». «Me lo dijo muy bajito, para que nadie lo escuchara», dijo la menor. Y para hacerlo, llevó a la niña al cuarto de su hermano. Al plantearlo como un juego más, la respuesta de la pequeña fue: «Ah, vale», pero se trataba de una acción que nadie le había hecho antes, según el testimonio de la perjudicada. En aquel momento, ella no comprendió por qué había mentido «a mi familia».

El adulto también hizo fotos de las partes íntimas de la pequeña y le mostró vídeos pornográficos

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En el relato que figura en la prueba preconstituida, la afectada contó que, una vez tumbada en la cama, su tío político le subió el traje, le quitó la ropa interior y le hizo una fotografía de sus partes íntimas con las piernas abiertas. Además, la menor reconoció que su tío político le mostró varios vídeos, en los que se veía como un adulto introducía un dedo en la vagina de una niña. Por la situación similar por la que pasaba, la niña pensó que el individuo que aparecía en las imágenes también era su tío, aunque, en realidad, no había visto su cara.

En otro de los vídeos se aprecia, según el testimonio de la víctima, que un varón adulto introducía su pene en la vagina de una niña, en la que, además, eyaculó. Según la pequeña afectada, el ahora acusado le dijo que aquel líquido blanco era «leche» y que eso significaba que a la niña que sufría la penetración «le gustaba mucho». La víctima comentó que a ella le metió un dedo y que en el interior se lo movió, mientras él expresaba: «¡Ay, qué rico!». La menor aclaró: «yo no dije nada».

Otro de los episodios de abusos ocurrió en la casa del cuñado de su padre, cuando el implicado se bajó los pantalones y le pidió a la víctima que hiciera lo mismo. La pequeña admitió ante las psicólogas que «no pensaba que era malo, ni que mi tío ... me estaba engañando».

Tras unas manifestaciones contradictorias, la niña afirmó que «me pidió que se la chupara». La afectada accedió durante un «poquito rato», ya que «me daba un poco de asco». Además, en base al mismo testimonio, el adulto también le hizo sexo oral en sus genitales. En una tercera ocasión, las acciones delictivas ocurrieron cuando en la casa del implicado se celebraba una «fiesta de pijamas». Esa vez, según la menor, la empujó con cierta violencia sobre la cama, hasta el punto que la víctima pensó que iba a caer al suelo.

Una de las veces en que la perjudicada por estos hechos acudió con unas amigas a un establecimiento de hostelería, estas la invitaron a jugar, pero ella declinó hacerlo, ya que, aunque no lo dijo en ese momento, le dolía mucho su zona íntima, porque el presunto autor le había metido el dedo y le hizo daño.

En base a la labor realizada por las psicólogas que entrevistaron e hicieron el informe sobre la menor, en el vídeo que fue observado ayer por el Tribunal de la Sección II de la Audiencia Provincial, la niña reconoció que mintió en dos ocasiones al exponer la situación por la que había pasado. Una se produjo al afirmar que el presunto autor la amenazó con decirle a sus padres que se portaba mal si no accedía a sus deseos. Y la segunda se produjo al comentar que su tío político la había penetrado vaginalmente con su pene. Supuestamente, tras varios episodios vividos con el presunto autor de los abusos sexuales, la pequeña en una ocasión también intercambió tocamientos con su hermano, ya que estaban aburridos y no sabían a qué jugar; «como» el implicado, «pero no me hacía cosas malas». Fueron sus padres quienes le explicaron que ese tipo de acciones eran inadecuadas.

"Es un secreto entre los dos"

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En este presunto caso de abusos sexuales a una menor se cumplen dos de los factores clásicos del fenómeno; por una parte, que el presunto autor forma parte de la familia de la víctima y, por otra, que el implicado solicitaba a la afectada que no dijera a sus padres ni a otras personas nada de lo que la obligaba a hacer, ya que «era un secreto entre los dos». De hecho, hasta que sus padres tuvieron conocimiento de la situación por la que pasaba la niña, el presunto autor de los abusos y su víctima se llevaban «bien», como admitió la menor ante las psicólogas. El fiscal Alejandro Salinas considera que el individuo es autor de cuatro delitos: elaboración de pornografía infantil (por el que le pide ocho años de prisión), exhibición de pornografía infantil a la pequeña (por el que solicita otro año), exhibición de pornografía adulta (por el que reclama un año más), así como por abusos sexuales continuados (por el que plantea 15 años); es decir, 25 años en total. El acusado está en prisión provisional desde su arresto por parte de la Guardia Civil.

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