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Operación contra el tráfico de drogas

Así se escondía en Barcelona Fikri Amellah, capo internacional de la coca y el hachís

Fikri Amellah, marroquí a quien la Guardia Civil atribuye el mando de una red internacional de captación y entrega de hachís y cocaína, se escondía en la capital catalana de una orden internacional de detención con una vida en apariencia anodina, modesta

Detención de Fikri Amellah, supuesto líder narco del Estrecho, en la calle Blasco de Garay de Barcelona, el pasado día 14. JORDI OTIX

Había buscado un punto con conexiones internacionales, pero tan distante del Campo de Gibraltar como para intentar salir del radar de los agentes antidroga del sur. Y había elegido Barcelona por buscar el parapeto de la familia, según fuentes cercanas a la operación de la Guardia Civil que este martes despertó de madrugada al Poble Sec. Seis parientes tienen domicilio en la ciudad, cuatro en el 1º 1ª del número 9 de la calle de Blasco de Garay, donde ha sido capturado el que supuestamente se había convertido en un líder internacional del narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.

Fikri Amellah, marroquí a quien la Guardia Civil atribuye el mando de una red internacional de captación y entrega de hachís y cocaína, el treintañero que logró convertirse en principal socio suministrador del potente clan de Los Castaña en Cádiz, se escondía en Barcelona de una orden internacional de detención con una vida en apariencia anodina, modesta.

Solo en sus desplazamientos fuera de la capital catalana mostraba el poderío de una fortuna amasada lancha va lancha viene entre Marruecos y España. En sus escapadas le ponía las cosas difíciles a las fuerzas de seguridad españolas, francesas y belgas. Contra lo que parecía en el Poble Sec, a Fikri le gustan la fiesta, el lujo y los cochazos, y viajar a cuerpo de rey... pero utilizando una identidad y una documentación falsa en cada desplazamiento, según constata Europol.

En septiembre de 2020 la Guardia Civil lo detuvo en la Operación Dismantle, la que, como su nombre indica, desmanteló al clan de Los Castaña. Caía uno de los cárteles principales del Estrecho, el de los hermanos Francisco y Antonio Tejón. Cuatro días antes tuvo la Guardia Civil a Amellah al alcance de la mano: se había retirado a un chalé de lujo con los Tejón y otros invitados a celebrar una reunión. No solo a reunirse, también a celebrar. Funcionaba a tope un sistema de saltos de coca presuntamente ideado por Amellah: llevar el polvo blanco americano también en lanchas africanas.

Pero los agentes prefirieron atraparlo con el resto de las 50 detenciones que practicaron el 15 de septiembre. Tras ese golpe, Fikri puso tierra de por medio con destino a Barcelona.

"Un marroquí tranquilo"

En el 1º 1ª del 9 de Blasco de Garay vivía “una familia de árabes muy tranquilos”. Es cuanto explican los vecinos sobre los inquilinos que el martes de madrugada recibieron la tromba de la Guardia Civil. “Sé que eran marroquís pero ni a qué se dedicaban ni cómo se llamaban”, cuenta una estudiante que vive justo encima. La finca que con más interés vigiló desde el aire el helicóptero del instituto armado durante el operativo es un edificio de pasado noble convertido en una colmena de personas que no se conocen: abundan los contratos de alquiler y los universitarios extranjeros o núcleos de migrantes reagrupados. Como en tantas otras escaleras de Poble Sec, aquí se perdió hace años la necesidad de comportarse como una comunidad. Este vecindario se parece poco al lugar en el que se crió Joan Manuel Serrat. “Ya no sé quién vive aquí”, explica con pesar uno de los moradores más antiguos.

Si de quiénes eran los marroquíes del primero apenas conocían nada, salvo que eran discretos, del nombre de Amellah lo ignoraban todo. Para los vecinos, descubrir que habían vivido junto a uno de los narcos más buscados internacionalmente ha sido una sorpresa tan extraordinaria como la que se han llevado los clientes de la heladería Tropicana, en el 48 de la calle de Blay.

El martes la heladería fue objeto del registro más intenso de los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, con participación de policías belgas y franceses. De su domicilio al Tropicana apenas hay 50 metros. Desde este rincón, muy cerca de donde vivían el resto de lugartenientes de la organización –a cargo de negocios de hostelería que usarían también como tapaderas–, Amellah podía dar órdenes sin levantar sospechas, siendo a ojos de sus vecinos, “un marroquí tranquilo”.

En su escondite barcelonés se tapaba lo que podía, salvo lo imprescindible: el 2 de marzo inscribió en el Registro Mercantil, con su nombre y dos apellidos, la sociedad limitada Agharbi BCN, dedicada a "la fabricación y comercio al por menor de toda clase de helados". Es el Tropicana, que había empezado a operar el 27 de enero.

La UCO investiga el negocio como una tapadera similar a una tienda de informática que tuvo en Málaga: da igual que fuera bien o mal -como los otros locales de hostelería en Barcelona- mientras proporcione una ocupación con la que responder preguntas si lo paraban los Mossos: Fikri, de oficio heladero.

Pero no es costumbre de un tendero usar teléfonos encriptados, vía satélite. Es uno de los detalles que siguen abiertos de la operación, con mucho personal desplazado a Barcelona. En la base de Sant Andreu de la Barca, y en instalaciones militares de su conurbación, tienen que remontarse al otoño del 17 para recordar semejante concentración de guardias. Tantos, que algunos se han tenido que buscar hotel estos días.

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