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Caso Abierto - eldia.es

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Sin rastro desde hace 2 años

Una desaparición bajo mentiras, contradicciones e infidelidades

El miércoles se cumplen dos años desde la última vez que el taxista José Delgado fue visto con vida | Cuatro familiares, imputados

La Guardia Civil durante el rastreo en la vivienda del cuñado de José Delgado en El Palmar de Teror. | | JUAN CARLOS CASTRO

La desaparición del taxista José Delgado Naranjo, de la que el próximo miércoles se cumplen dos años desde que fue visto por última vez, se produjo bajo un ambiente de infidelidades, mentiras y contradicciones que han llevado a que su mujer (Rosa María Y. O. ‘Rosi’), su hijastro (Kilian S. Y.), su cuñado (Eduardo Y. O.) y su suegra (Expedita Y.) estén imputados por un presunto caso de homicidio y obstrucción a la justicia. La investigación realizada por la Guardia Civil revela que ni el matrimonio vivía una relación “idílica”, como la describió su familia política, que su mujer ha dado varias versiones sobre adonde iba aquel día o cómo iba vestido, y que existen contradicciones entre los acusados. Los investigadores creen que sólo falta una pieza para acabar este puzzle: hallar el cuerpo.

Relación «idílica»

El Instituto Armado recoge en sus informes que Rosi aseguraba que la relación con su marido era «idílica», sin problemas aparentes, con objetivos de futuro como un viaje a Nueva York. Las pesquisas, sin embargo, muestra que existían desencuentros importantes entre el matrimonio. No obstante, 29 días antes de que se produjera la desaparición ambos mantuvieron una fuerte discusión que acabó con José Delgado fuera del domicilio familiar. «No vuelvas... ya no entras en mi casa», le escribió ella a través de Whatsapp el 11 de noviembre a las 21.36 horas. «Te preparó tus cosas y te vas», fue el siguiente mensaje. A ello se une que el desaparecido mantenía una relación extramatrimonial.

«Ya voy»

Precisamente, entre las personas que vieron con vida por última vez a José Delgado está su amante. Se encontraba con ella la tarde-noche del 8 de diciembre cuando aseguraba que estaba cuidando de su madre en el barrio de Casablanca I. Recibió entonces una llamada de teléfono, supuestamente de su esposa. «Va, ya voy», asegura la amante que le contestó y, nervioso, se fue. Llamó a un colega taxista, que precisamente en ese momento estaba en un servicio a Teror por lo que tuvo que parar otro taxi que le llevó a su casa. Esta sí que fue la última persona, fuera de su núcleo familiar político, que lo vio por última vez. El profesional reconoció meses después a José Delgado y aseguró que lo llevó hasta el barrio terorense de La Guanchía. Durante ese trayecto, su amante lo llamó hasta en dos ocasiones y los investigadores creen que apagó el móvil antes de entrar por la puerta de su casa para evitar que le llamase en presencia de su mujer.

Borracho

Allí le esperaba Rosi, una persona que en palabras de su anterior marido es «dominante». Esta aseguró que llegó «borracho», un hecho que repite insistentemente en cada una de las entrevistas; algo que niegan el taxista que le llevó aquella noche y la amante. Nadie sabe qué ocurrió entonces. Eduardo, su cuñado, afirma que hubo una discusión porque José no le había dicho la verdad a Rosi sobre el cuidado de su madre, ya que ese domingo tenía que estar con la progenitora. «Le mintió pero luego mi hermana le sacó la verdad. Él le dijo que la chica vino y le hizo el turno y ella le dijo: ‘¿vino o la llamaste tú?’ Y al final le sacó la verdad, que la llamó él». Rosi no hace mención de estos hechos en ningún momento.

¿Qué ocurrió por la mañana?

Los testimonios de los familiares de la esposa coinciden casi por completo en qué fue lo que ocurrió por la mañana aquel 9 de diciembre de 2019: fueron Rosi, Eduardo y la madre de ambos a Teror, donde dejaron a José, para después irse a Arucas a hacer gestiones y a un supermercado para realizar una compra de entre 80 y 100 euros. Volvieron a la villa mariana a pagar unos recibos y allí se encontraron con el desaparecido, que les dijo: «Aquí los estaba esperando», algo que les extrañó puesto que había perdido el móvil el día anterior. Luego volvieron a su casa, pero no pudieron montar a José en el coche, un Dacia Duster, porque no había espacio para él pese a que quedaba una plaza de pasajero libre. En el vehículo iban Rosi, Eduardo, Expedita y la compra. Sobre el mediodía llegaron a la casa de La Guanchía, haciéndolo José poco después en taxi.

Sin rastro de José por Teror

Las indagaciones realizadas por la Policía Judicial de la Guardia Civil no sitúa en ningún momento al desaparecido en Teror aquel día. Han rastreado cámaras de comercios o entidades bancarias, han preguntado a los taxistas de las 21 licencias que hay en el municipio, se han entrevistado con trabajadores. Nadie vio aquel día a José por las calles del casco urbano. Ninguna grabación le recoge por allí. Los taxistas tampoco recuerdan haberlo llevado a su casa. Nada que confirme que el relato de la familia es cierto.

Primeras contradicciones

Uno de los momentos claves es quién se encontraba en la casa poco antes de que, según Rosi, se produjera la desaparición. En la casa estaban José, Rosi, Eduardo, Expedita y, por momentos, Kilian, el hijo mayor de Rosi. Sus declaraciones se contradicen porque no coinciden al indicar quien estaba y quien no. Pero una de las claves está en que Rosi asegura que después de comer, se tiró en el sofá junto a su marido y que se quedó dormida, sobre las 15.00 horas, viendo la tele. A las 15.45, cuando se despertó, José ya no estaba en la casa. Supuestamente, salió y ya no volvió nunca más. El análisis de las conexiones que el móvil de Rosi realizó aquel día apuntan, sin embargo, a que estuvo conectada a Internet durante ese periodo de tiempo, que está en todo momento recibiendo y enviando datos.

Llamada al 112

La última vez que la familia de Rosi vio a José Delgado fue la tarde del día 9. Ella, en cambio, no llamó al 112 para denunciar que no sabía nada de él hasta el mediodía del día siguiente. Así describió la desaparición durante la conversación con la operadora: «¡Hola!, ¡hola!, ¡buenos días!, ¡Eh! Estoy... es que he llamado a varios hospitales y a varios sitios y no localizo... ¡eh!..., y la policía me dijo que llamara a ustedes a ver si, como ustedes son los que recogen con las ambulancias a las personas heridas y demás. Que mi marido lleva desaparecido, mi marido se ha desaparecido hace un un un día y medio [esto llevaría su desaparición a la noche del día 8] y se dejó aquí en casa toda la documentación, y todo. Entonces...». La operadora del 112 en un momento le pregunta si lleva un día y medio desaparecido, a lo que Rosi responde que sí, y le pregunta que si sabe cómo iba vestido. «¿Vestido? No lo sé, no lo sé, no me acuerdo», afirmó. Otra de las cuestiones claves para los investigadores es cuando le interrogan si sabe adonde iba: «Sé que iba para Las Palmas», respondió. Un agente le aconseja que vaya adonde suele ir él a caminar y si no lo encuentra, que denuncie la desaparición

Varias versiones

En esa conversación la Guardia Civil comienza a tejer las contradicciones en el testimonio de su mujer. Primero con la ropa. En la denuncia que presenta a la cinco de la tarde del día siguiente, 11 de diciembre, dijo que la vestimenta que supuestamente llevaba era un pantalón vaquero, calzado deportivo de color verde, una blusa de color azul y una chaqueta de abrigo. El 26 de diciembre modificó esta descripción y dijo que iba con vaquero, camiseta de manga corta gris y náuticos de color marrón. Ese día, a las preguntas del agente si echa en falta un pijama y unas zapatillas, descripción que dio una mujer que supuestamente había visto a José Delgado tras su desaparición, dijo que sí. La otra contradicción es adonde iba. Primero señaló que para Las Palmas, pero ante la Guardia civil alegó que creía se había ido a la farmacia porque le dolía la cabeza y padecía de lumbago.

No participan en los rastreos

Nada más interponer la denuncia, comienzan los rastreos. El Instituto Armado declara la desaparición de «alto riesgo» y decenas de personas acompañan el dispositivo, entre los que se encuentran familiares del taxista. Quienes no participan en ningún momento es la familia política, un hecho que extraña a todos. La búsqueda se hace por tierra, por aire con el helicóptero y por agua, con la inmersión de los GEAS en varios estanques. Llegan de Madrid agentes especialistas de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo, que se entrevistan con nueve personas para sacar numerosas conclusiones. También aparecen perros especializados para la búsqueda de personas. Tarde, según los familiares de José Delgado, quienes consideran que se tenía que haber utilizado a estos animales desde el principio aunque fueran de la unidad canina de la Policía Nacional. No hay rastro del cadáver.

Habla de José en pasado

Al empezar la búsqueda, una sobrina del desaparecido decidió grabar una conversación con el cuñado de José Delgado, Eduardo, quien habla del taxista en pasado como si ya estuviera muerto. «Nunca me imaginé que mi cuñado, que no servía de mucho el pobre, iba a terminar así. Yo un día me imaginé que mi hermana lo iba a mandar por culo y lo iba a echar de casa, pero nunca pensé este final para él». A lo que añadió: «Bueno, no se puede decir nada, pero yo para mi está muerto. Ya lleva cuatro [días] y una persona no puede vivir tanto tiempo por ahí tirado y con el frío que ha hecho y lo friolero que era él».

Aparece el móvil

El móvil del taxista había desaparecido la noche del 8 de diciembre, supuestamente durante su trayecto en taxi desde Las Palmas de Gran Canaria hasta Teror. La Guardia Civil registró hasta en tres ocasiones la vivienda familiar de La Guanchía sin hallar rastro del celular. Por momentos, el terminal se activó con puntos que lo situaban en Artenara o en medio del Atlántico, pero siempre en torno a Gran Canaria. Esto pudo deberse a que el móvil fue encendido y apagado al instante o puesto en modo avión. La Guardia Civil llegó a buscarlo en unos contenedores situados cerca de la antigua fábrica de Donuts de Teror, donde Google lo situaba como última ubicación. La sorpresa llegó el 26 de abril de 2020. En pleno confinamiento, Rosa avisa a los investigadores de que ha encontrado el móvil, que se había caído de un mueble al moverlo durante una limpieza. El «hallazgo casual» se había producido el día anterior, pero la esposa no lo puso en conocimiento hasta un día después. En su declaración aseguró que lo había manipulado, pero que no había borrado archivo alguno. El análisis del terminal la contradijo: había eliminado cinco fotografías en la que aparecía la cabeza de su marido, con unas gafas en el interior de un coche. Asimismo, los investigadores comprobaron que el tráfico de mensajes que había entre ambos creció de manera sorprendente el día 8 de diciembre, con 39 mensajes, hasta cinco veces más que un día normal.

«El tuyo ya no huele»

El 18 de junio de 2020 Rosi mantiene una conversación por Whatsapp con su hermano Eduardo sobre el hallazgo de un cadáver en la zona de San José del Álamo. Ella le envía un audio en el que le comenta que le han dicho que localizaron hace 15 días el cuerpo de un hombre y que olía mucho. Él le responde: «Piensa toleta, el tuyo ya no huele», según aparece en las diligencias policiales.

Búsquedas en Internet

En el análisis del ordenador de Eduardo, los investigadores encuentran cinco búsquedas relacionadas con la descomposición de cadáveres. Las páginas que visita tienen los títulos ‘Descomposición’ de la Wikipedia, ‘¿Cuánto tarda un cuerpo en descomponerse?’ de la web del periódico El Mundo, el mismo titular de un artículo de la revista Muy Interesante, ‘Así se descompone un cuerpo al morir’ y buscó en Google ‘Cómo se descompone un cuerpo’. Los investigadores consideran que estos rastreos por la web se realizaron entre el 21 de diciembre de 2019 y el 22 de enero de 2020.

La Guardia Civil tiene claro de que la familia política está detrás de la muerte de José Delgado. Tiene numerosos indicios que apuntan a que algo pasó aquella noche del 8 de diciembre de 2019. Y siguen investigando. Tanto los agente como la familia del taxista mantienen la esperanza de que encontrarán el cuerpo. Para ello, esperan que alguien que sepa qué ocurrió aquel día les diga donde está.

Venta fraudulenta de una moto

La familia de José Delgado Naranjo sospechan que algún familiar político de éste ha vendido una moto que era de su propiedad, pero que estaba puesta a nombre de una de sus hermanas. Así lo hacen constatar en una denuncia presentada, en la que señalan que el vehículo Suzuki VH25 había sido vendido, presuntamente por su esposa, pese a que los papeles están a nombre de una hermana. La familia desconocen cómo ha sido posible ese transacción ya que nadie, excepto la propietaria, tiene la potestad de hacerlo. Por ello, solicitan que se abra una investigación para intentar esclarecer este hecho, que se denunció a principios de este año pero que aún no han tenido respuesta alguna. La motocicleta se encontraba aparcada en la vivienda que hasta hace dos años José Delgado Naranjo compartía con su esposa y con uno de los dos hijos de esta.

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