Para ellos, hoy, 8 de diciembre, se cumple un año desde que desapareció José Delgado, el taxista de Las Palmas de Gran Canaria cuyo paradero se perdió hace 365 días. Su familia da por hecho que falleció, que acabaron con su vida, pero quieren darle el último adiós. “Sólo pedimos, por favor, que nos digan donde se encuentra su cadáver, aunque sea una pista de alguien anónimo, sólo queremos despedirnos de él”. Habla su hermano Jesús, quien desde el principio se afanó en la búsqueda del profesional. La investigación de la Guardia Civil sigue bajo secreto de sumario y abierta. Cuatro personas, su mujer Rosa María Y. O, su hijastro Kilian R. S. N., su cuñado Eduardo J. S. N. y su suegra Expedita N. O. O., continúan bajo la figura de investigados por un presunto delito de homicidio.

Todos los indicios apuntan a la familia de la esposa de José Delgado como presuntos autores de la desaparición del taxista, de cuyo cuerpo se deshicieron posteriormente. Lo cree hasta el titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Arucas que lleva el caso, quien el pasado septiembre, después de que se produjera la detención de los cuatros y su posterior puesta en libertad con cargos, aseguró que ellos mismos se incriminaban en el crimen por la “plaga” de incoherencias que se recogen en sus declaraciones judiciales.

Los investigados aseguran que la desaparición no se produjo el 8 de diciembre de 2019, domingo; sino al día siguiente después de que José Delgado fuera a Teror y allí se reencontrara con ellos. Estos últimos, en declaraciones de sus familiares, le dijeron que no podían llevarlo a la casa en la que convivían en el barrio de La Guanchía porque no había espacio en el coche. Lo tuvo que hacer en taxi, pese a que no hay constancia ni testigos más allá de los imputados que le vieran aquel día por la villa mariana. Afirman estos que la última vez que vieron al taxista fue la tarde de aquel día, cuando su mujer dormía la siesta con la tele puesta después del almuerzo. Alegan que salió de la casa y ya nunca más regresó.

La pareja mantenía una buena relación, aunque Delgado acusaba diferencias con su hijastro

La familia carnal de José Delgado no dan credibilidad al testimonio de esta. Están seguros de que el último que vio con vida a Delgado, fuera del entorno familiar, fue otro taxista, que le llevó la noche del 8 de septiembre desde el barrio capitalino de Casablanca I, donde se pasó todo el domingo cuidando de su madre, hasta La Guanchía. Incluso dan la hora exacta de la última vez que se conectó a Whatsapp: las 23.20. Su pareja afirmó que ese domingo José perdió el móvil que, meses después, ella misma encontró durante el confinamiento al mover un mueble durante una limpieza.

El móvil del presunto crimen no está claro. La relación sentimental que José y Rosa mantenían parecía idílica. Todo iba a pedir de rosas según las declaraciones de los familias. Sólo había un punto discordante. Kilian, el hijo de ella, con quien el desaparecido había mantenido alguna discusión por robos que se habían producido en el interior de la vivienda. Por uno de ellos, el de un anillo, llegó incluso a celebrarse un juicio contra su hijastro. Alba, la pareja de este último, afirmó que aquello fue una llamada de atención de Rosa a su hijo porque estaba en la “edad de la tontería” y “quería darle un susto”.

La familia de José Delgado sólo quiere saber dónde se encuentra su cadáver. Lo piden por favor. “Sólo queremos que aparezca mi hermano”, apostilla Jesús Delgado, quien añade que esperan que cualquier persona que pueda aportar cualquier indicio se apiade, “aunque sea de manera anónima”. Quieren, al menos, poder despedirse de José.