16 de abril de 2019
16.04.2019

Jonathan López, un tinerfeño testigo directo del incendio de la Catedral Notre Dame

Los bomberos lograron salvar la estructura, en especial el campanario norte, si bien dos tercios de la cubierta quedaron destruidos

16.04.2019 | 12:35
Jonathan López, un tinerfeño testigo directo de la tragedia

Jonathan López Hernández es un santacrucero de 42 años que desde hace tres ha establecido su residencia en París.

Trabaja en la empresa Hermes International, una casa de modas francesa, especializada en accesorios de cuero listos para usar y relojes de alto lujo.

La casualidad quiso que ayer por la tarde, después de haber terminado su jornada laboral, se dirigiera a cumplir con una cita médica en una clínica que se encuentra a tan sólo 50 metros de la plaza donde está ubicada la catedral de Notre Dame.

"Mientras me encontraba en la sala de espera, aguardando pacientemente mi turno, la policía irrumpió y nos conminó a evacuar el lugar a toda velocidad".

Casi de inmediato, por la mente de Jonathan pasó la desagradable idea de un nuevo atentado en París. "Cuando alcanzamos la calle todo el cielo estaba cubierto por una densa cortina de humo", refiere este santacrucero.

A través de las personas que se arremolinaban en el lugar supo Jonathan, aún aturdido, que se había declarado un incendio en la catedral. "Lo cierto es que las obras empezaron hace unas dos semanas, pero a la hora en la que se declaró el fuego, que según se estaba comentando se había iniciado en la parte trasera, no había en el templo ni obreros ni personal, porque los trabajos de los operarios terminaron a las cinco de la tarde".

Lo cierto es que la imagen con la que se encontró el tinerfeño era dantesca: "Las lenguas de fuego devoraban una iglesia que data del siglo XIV y que representa todo un símbolo para París y los franceses", explica. De ahí las manifestaciones de pena y dolor. "Todos llorábamos, tantos los parisinos como los turistas", dice.

Pero, sin duda, el peor momento sobrevino cuando se desmoronó la aguja que corona el edificio. "Entonces, el pánico se apoderó de todos los que nos encontrábamos allí", aseguraba Jonathan.

Aún en estado de shock, este santacrucero afirmaba que va a tardar tiempo en olvidar lo que vivió ayer, mientras volvía a lamentar que una joya del arte que ni las dos grandes guerras habían destruido, hubiera sido pasto de las llamas.

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