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Salud infantil

El cerebro en los adolescentes: los secretos de su transformación

La Asociación Española de Pediatría subraya que habilidades como la planificación, el control de impulsos y la regulación emocional siguen madurando durante la adolescencia

El cerebro funciona como una red interconectada que se mantiene en comunicación constante con el resto del cuerpo y con el entorno.

El cerebro funciona como una red interconectada que se mantiene en comunicación constante con el resto del cuerpo y con el entorno. / ShutterStock

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Madrid

Cada semana, en cualquier salón de casa, aula o parque ocurren pequeñas transformaciones silenciosas en los menores que a menudo pasan desapercibidas para los adultos. Si en la infancia estos avances se reflejan en hitos visibles como aprender a caminar o construir frases completas, durante la adolescencia las transformaciones son más complejas y tienen lugar en habilidades relacionadas con el pensamiento, las emociones y la autonomía.

El aprendizaje avanza a velocidad de crucero, algo impensable en personas adultas, y el responsable de ello es el cerebro, un órgano que sigue siendo uno de los más sorprendentes y desconocidos de nuestro organismo. A lo largo de toda la vida, el cerebro de una persona se adapta y reorganiza, pero este proceso resulta especialmente visible en los niños pequeños, que adquieren cada día nuevas destrezas, habilidades y emociones con las que sorprenden a sus padres.

Este órgano, que aún hoy esconde secretos para la ciencia, funciona como una red interconectada que se mantiene en comunicación constante con el resto del cuerpo y con el entorno. Incluso mientras la persona duerme el cerebro se mantiene activo, consolidando aprendizajes y organizando la información acumulada durante el día.

La plasticidad cerebral

Uno de los descubrimientos más esperanzadores en torno al cerebro es su capacidad para reorganizarse y adaptarse a nuevas experiencias y estímulos. Tal y como explica la Asociación Española de Pediatría (AEP), esta capacidad permite que algunas zonas del cerebro puedan asumir funciones de otras que se hayan dañado y crear nuevas conexiones cuando se aprende algo.

Esta cualidad, admite dicha asociación, es aún mayor en los niños, cuando el cerebro es especialmente flexible y moldeable. Sin embargo, las áreas que no se estimulan a edades tempranas tienden a debilitarse. El cerebro optimiza recursos, es por eso que las experiencias a las que se enfrenta un niño en su infancia tienen un gran impacto.

Un proceso largo

Desde el nacimiento, el cerebro humano inicia un proceso de crecimiento extraordinario en el que se forman millones de conexiones neuronales que permiten el desarrollo de sus capacidades cognitivas, emocionales y sociales.

Este proceso no concluye en la infancia, sino que algunas de las funciones más complejas del cerebro continúan desarrollándose durante la adolescencia y los primeros años de la edad adulta. Esta evolución está condicionada tanto por factores no modificables, como la herencia genética, como por elementos ambientales que desempeñan un papel decisivo a lo largo de la infancia y la adolescencia, según la AEP. La estimulación, las experiencias vividas, los vínculos afectivos y el entorno en el que crece cada persona influyen de manera significativa en la construcción y fortalecimiento de estas conexiones.

Entre las funciones que requieren más tiempo para alcanzar su plena madurez se encuentran algunas de las habilidades más complejas del ser humano. La planificación, la toma de decisiones, el control de los impulsos y la regulación emocional continúan desarrollándose durante años, incluso más allá de la infancia.

El cerebro se construye en relación y se fortalece en el vínculo.

El cerebro se construye en relación y se fortalece en el vínculo. / ShutterStock

Estas habilidades dependen en buena medida de la corteza prefrontal, que no culmina su maduración hasta aproximadamente los 25 años. Por ello, la adolescencia es una etapa intensa, en la que los jóvenes desean autonomía, pero su cerebro aún no tiene totalmente desarrolladas las herramientas necesarias para anticipar consecuencias, organizarse o gestionar emociones complejas.

Respetar los tiempos

En esta circunstancia, es importante que las familias comprendan que no pueden modificar la genética ni acelerar la maduración de los cerebros de sus hijos. Lo que sí está en su mano, informan desde la AEP, es crear un entorno que favorezca al desarrollo saludable. Los expertos destacan que actividades tan accesibles como el contacto con la naturaleza, la lectura compartida, la música, la práctica regular de actividad física, la exposición a experiencias nuevas y el mantenimiento de relaciones sociales de calidad contribuyen a estimular el cerebro y a fortalecer habilidades.

Todo esto debe realizarse sin caer en el error de saturar al menor, pues puede provocar efectos contrarios a los que se pretenden. Comprender qué se puede esperar en cada etapa ayuda a ajustar las expectativas y a acompañar con paciencia y serenidad.

Tal y como subrayan desde AEP, el cerebro se construye en relación y se fortalece en el vínculo. “Estimulemos juntos nuestro cerebro… también como adultos. Porque aprender y crecer no tiene edad”, destacan los profesionales de la Asociación Española de Pediatría.

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