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Ocho de cada diez consultas ginecológicas en Canarias en verano son por infección

La humedad, las altas temperaturas y algunos hábitos propios de esta época del año favorecen la proliferación de microorganismos y disparan el riesgo de desarrollar infecciones del tracto urinario y vulvovaginitis

Dr. Salvador del Rosario, especialista en ginecología y obstetricia

Dr. Salvador del Rosario, especialista en ginecología y obstetricia / ED

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Las Palmas de Gran Canaria

Las infecciones ginecológicas aumentan hasta un 50% en verano. Así lo reflejan los datos que maneja la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Este incremento también se aprecia en la actividad asistencial de los hospitales de Canarias. En el Hospital Vithas Las Palmas, por ejemplo, ocho de cada diez consultas ginecológicas atendidas en Urgencias durante el período estival están relacionadas con infecciones del tracto urinario o vulvovaginitis, frente a las dos o tres de cada diez que se registran el resto del año.

Según informa el doctor Salvador del Rosario, especialista en Ginecología en el citado centro, el aumento de la incidencia está relacionado con las condiciones propias de esta época. «La humedad y el calor crean un caldo de cultivo que favorece el crecimiento de microorganismos», anota.

Ese fenómeno no solo explica el crecimiento de los cuadros de vaginosis bacterianas, también está detrás de los casos de vulvovaginitis en general –un grupo de infecciones que afectan a la vulva y la vagina y que pueden estar provocadas por bacterias, hongos e incluso virus–, así como del incremento de las infecciones del tracto urinario.

Ahora bien, el verano también reúne una serie de hábitos que favorecen la aparición de estas afecciones. Uno de los más frecuentes es permanecer durante horas con el bañador mojado tras un día de playa o piscina. Esta situación, unida al calor y a la humedad, facilita la multiplicación de los microorganismos y acaba desencadenando las molestias más habituales. Entre ellas figuran el picor vaginal, las alteraciones del flujo, pequeñas lesiones en la vulva o la vagina y, en el caso de las infecciones urinarias, el escozor al orinar, el aumento de la frecuencia miccional o la sensación de no vaciar completamente la vejiga.

Atención inmediata

A pesar de que muchas mujeres optan por esperar unos días para comprobar si los síntomas remiten por sí solos, el facultativo aconseja solicitar atención médica desde que aparezcan las primeras señales de alarma. «Habitualmente, estos casos se resuelven de manera muy sencilla con tratamientos muy cortos. Sin embargo, el hecho de retrasar la atención puede derivar en la aparición de complicaciones y obligar a recurrir a tratamientos de mayor complejidad, incluso por vía intravenosa», advierte.

El ginecólogo insiste en que la prevención desempeña un papel clave. Por ello, aconseja no permanecer muchas horas con el bañador húmedo. «Siempre les decimos a nuestras pacientes que hagan cambios frecuentes y que se lleven uno o dos bañadores de repuesto», comenta. Otras de las recomendaciones son utilizar ropa cómoda y transpirable e hidratarse de forma adecuada, ya que una ingesta insuficiente de líquidos dificulta la eliminación de bacterias a través de la orina y aumenta el riesgo de desarrollar cistitis.

«La uretra de las mujeres es mucho más corta que la de los hombres, lo que favorece el ascenso de las bacterias hasta la vejiga y la aparición de la cistitis. Hay que tener en cuenta que si el problema no se trata a tiempo puede llegar a provocar una infección en las vías urinarias altas, como puede ser la pielonefritis –una afección que afecta a los riñones–», subraya el experto.

Hay que señalar que las embarazadas constituyen uno de los colectivos con mayor riesgo a contraer estas infecciones. ¿El motivo? Los cambios fisiológicos y anatómicos que tienen lugar durante la gestación. «Se producen alteraciones en el flujo y además la uretra se verticaliza mucho más por la presión que ejerce el útero, lo que hace que las infecciones sean más frecuentes», detalla.

Automedicación

La automedicación es otra de las prácticas que el especialista desaconseja. En este sentido, el doctor Del Rosario aclara que existen patologías que comparten molestias similares, por lo que iniciar un tratamiento sin contar con un diagnóstico previo no solo puede resultar ineficaz, también puede ir de la mano de la aparición de resistencias. «A lo mejor, la paciente se está tomando un tratamiento para una infección de orina que realmente es una vulvovaginitis, o viceversa», ejemplifica. De ahí la importancia de acudir a las consultas de los especialistas.

Como complemento a las estrategias preventivas, el doctor apuesta por el uso de probióticos, sobre todo durante los meses de julio, agosto y principios de septiembre. «Con los tratamientos, también se altera la flora vaginal beneficiosa, por lo que reponerla ayuda a disminuir el riesgo de sufrir recaídas», añade el facultativo.

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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