¿FP o Universidad? el falso dilema que ya no tiene sentido
¿Por qué no las dos? Empezar por FP como mejor opción: más práctica, más corta, más empleo y conectada a la universidad

Estudiante decidiendo qué camino elegir. / ICSE
Cada vez más expertos coinciden: empezar por la Formación Profesional Superior no solo mejora la empleabilidad, sino que también se consolida como el camino más eficaz para acceder a la universidad con mayores garantías de éxito.
Durante décadas, miles de estudiantes en España han tenido que enfrentarse a una decisión aparentemente trascendental: elegir entre la universidad o la Formación Profesional. Sin embargo, este planteamiento, profundamente arraigado en el sistema educativo y en la mentalidad social, está empezando a cuestionarse. Hoy, una nueva realidad se abre paso: no se trata de elegir entre una opción u otra, sino de entender que ambas pueden formar parte de un mismo itinerario formativo. El modelo tradicional de elegir como primera opción la universidad pierde fuerza frente a una nueva realidad: cada vez más jóvenes apuestan por empezar por la Formación Profesional y continuar después hacía la universidad.
Un modelo en transformación
El sistema educativo español está experimentando una transformación silenciosa pero profunda. La antigua jerarquía que situaba a la universidad como única vía de prestigio está dando paso a un modelo más flexible, práctico, más corto y conectado con el empleo.
En este nuevo contexto, la Formación Profesional de Grado Superior emerge como una opción estratégica, no solo para incorporarse al mercado laboral en menos tiempo, sino también como una vía sólida hacia la universidad. Por eso la FP emerge como una vía más segura y progresiva: permite avanzar paso a paso, consolidando logros y manteniendo abiertas todas las opciones.
Los datos que explican el cambio
Las cifras son contundentes y ayudan a entender por qué cada vez más expertos recomiendan iniciar el itinerario educativo a través de la FP Superior:
El 23% (casi 1 de cada 4) de los estudiantes universitarios abandona sus estudios durante el primer año.
Solo aproximadamente el 50% de media, logra finalizar la carrera universitaria y muchos de los jóvenes que la inician terminan sin una titulación o sin una orientación clara.
La duración media real de los estudios universitarios se sitúa en torno a los 6 años.
Frente a esta realidad, la Formación Profesional presenta indicadores más sólidos:
Altas tasas de finalización (menor número de estudiantes fracasan)
Programas de 2 años de duración claramente definidos: la FP es más corta y una vía más rápida hacia el empleo.
Formación eminentemente práctica y orientada al empleo
Conexión con las empresas desde el primer año.
Como resultado de estos datos, se puede decir que la FP Superior aporta más empleo, menor riesgo y más oportunidades. Uno de los factores más determinantes es la inserción laboral: llegan antes y se adaptan mejor. Actualmente, los titulados en FP Superior alcanzan tasas de empleabilidad cercanas al 75%, superando a los egresados universitarios, que no llegan al 60% en muchos casos.
Pero el dato más revelador aparece cuando ambos itinerarios se combinan: los estudiantes que cursan FP Superior y posteriormente un Grado universitario alcanzan niveles de empleabilidad de hasta el 85% en los dos primeros años. El estudiante de FP de ICSE, que concluye los estudios con el grado inglés: la inserción media es del 95%.
Esto demuestra que la combinación de formación práctica y académica no solo es posible, sino altamente eficaz.
Europa ya lo tiene claro
Este modelo no es nuevo. En países como Alemania, Suiza, Austria u Holanda, más del 60% del alumnado opta por la formación profesional como primera opción tras la educación secundaria. Allí la lógica es sencilla: primero se adquieren competencias prácticas, luego se decide si se continúa hacia niveles superiores.
En estos sistemas educativos, el itinerario habitual es claro:
Formación técnica
Inserción laboral
Especialización universitaria (si se desea)
España comienza ahora a adoptar este modelo europeo, alineándose con este enfoque, impulsado también por la nueva Ley de Formación Profesional, que promueve itinerarios más flexibles y conectados con el tejido productivo.
Aprender haciendo: la clave del éxito
Una de las grandes ventajas de la FP es su enfoque práctico. El estudiante no sólo adquiere conocimientos teóricos, sino que desarrolla competencias reales en entornos cercanos a la empresa. Este aprendizaje aplicado permite: mayor motivación del estudiante, mejor comprensión de la profesión y transición más rápida al empleo. Además, modelos como la FP Dual refuerzan esta conexión directa con el mundo laboral desde el primer año.
Una decisión más inteligente (y menos arriesgada)
Para muchos expertos, el cambio no es solo educativo, sino también estratégico. Elegir la FP como primera opción: permite obtener una titulación en menor tiempo, acceder antes al mercado laboral, tomar decisiones más maduras sobre el futuro académico y reducir el riesgo de abandono.
En palabras de profesionales del centro ICSE:
“La FP aparece como la vía más segura y progresiva. Permite avanzar paso a paso, consolidando logros y manteniendo abiertas todas las opciones.”
“La FP no limita el futuro del alumno, lo amplía. Le permite avanzar con más seguridad y mantener abiertas todas las opciones.”
El fin de una falsa disyuntiva
El gran cambio de mentalidad consiste en entender que ya no es necesario elegir entre FP o universidad.
El modelo que gana fuerza es claro: FP Superior + Grado universitario
Un itinerario que combina lo mejor de ambos mundos: la empleabilidad inmediata de la FP y la especialización académica de la universidad. La nueva generación ya no se conforma con acumular conocimientos teóricos. Busca experiencias, competencias y oportunidades de inserción laboral: en apenas dos años el alumno/a adquiere una cualificación profesional, entra en contacto con empresas y, en muchos casos, accede al primer empleo.
La educación del futuro no pasa por elegir caminos excluyentes, es integrar y sino por construir trayectorias flexibles, inteligentes y adaptadas a la realidad. En este nuevo escenario, la Formación Profesional deja de ser una alternativa para convertirse en el punto de partida.
Porque, como cada vez más estudiantes descubren: no se trata de elegir entre FP o Universidad… sino de saber cómo llegar mejor a ambas.
La generación que ya no elige entre FP y Universidad. Lo que durante años la pregunta inevitable: ¿Vas a hacer FP o vas a ir a la universidad? y que la respuesta, tradicionalmente aceptada, era ir a la universidad, considerado como la mejor opción por su alta reputación frente a la FP, considerada de segunda. Pero hoy, sin embargo, esa pregunta empieza a quedarse obsoleta: una nueva generación de estudiantes, familias y educadores está cambiando la forma de entender la educación superior, aportando por itinerarios más flexibles, prácticos y aplicados a la realidad del empleo.
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