Una lucha a contrarreloj frente al ictus: así afronta el Hospital de La Candelaria una de las patologías más mortales
Cuando se sufre un accidente cerebrovascular, el tiempo puede ser un aliado y por eso, el centro dispone de un protocolo medido al milímetro en el que participan profesionales de varios servicios

Mónica Fernández del Castillo, coordinadora de Radiología de Urgencias de La Candelaria, observa una imagen cerebral. / María Pisaca
Cuando una persona sufre un ictus, el tiempo se convierte en su mayor aliado pero también en su principal enemigo. Esa sencilla pero clave premisa es algo que los sanitarios del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria tienen muy claro. Desde el momento en el que reciben la llamada del 112 hasta la hospitalización del paciente en la Unidad de Ictus, profesionales de distintos servicios –Urgencias, Neurología y Radiología, entre otros– se coordinan para funcionar como un único equipo. Milímetro a milímetro, y haciendo escala en diferentes paradas, el paciente recorre el trayecto que pauta el protocolo que lo mantendrá con vida: el código ictus.
Este plan puede activarse a través de dos rutas distintas. Por vía hospitalaria, cuando el paciente llega por su propio pie al hospital. O por vía extrahospitalaria, que es cuando la recepción se produce fuera del hospital, a través del 112. «Emergencias avisa al servicio de Neurología y es entonces cuando se activa el código», indica el coordinador de Unidad de Ictus de La Candelaria, Antonio Medina.
Primera parada
La primera parada tiene lugar en Urgencias. «El paciente pasa a la zona de críticos y se le realiza una primera valoración, a través de una analítica básica que permite confirmar si se trata de un ictus», relata. Y en caso de que la sospecha sea cierta, en cuestión de segundos es trasladado hasta el servicio de Radiología de Urgencias, ubicado en la misma planta para facilitar un rápido desplazamiento.
Allí pasará por un escáner simple para ver si hay lesión isquémica –que es la falta de riego sanguíneo– y se someterá a un estudio vascular para determinar la presencia de trombos o presiones. Además, la coordinadora de Radiología de Urgencias, Mónica Fernández del Castillo, explica que se le hace una resonancia magnética, otra de las pruebas clave, para determinar el tratamiento del paciente. «Es bastante útil para establecer una hora de inicio de los síntomas y precisar la forma más adecuada de intervenir», agrega.
Tratamientos
En la actualidad, existen dos métodos para el tratamiento de lesiones isquémicas. «Por un lado, está la fibrinolisis, que es la administración intravenosa de fármacos para disolver el coágulo que bloquea el vaso sanguíneo», indica Medina. Y por otro, la trombectomía mecánica, un procedimiento mínimamente invasivo que utiliza catéteres para llegar hasta la arteria obstruida y extraer el coágulo.
«Cuando un paciente es candidato a este último método se le deriva a radiología intervencionista para la operación», menciona Fernández del Castillo. Y justo en los quirófanos de este servicio, un equipo de profesionales –compuestos por dos médicos radiólogos, dos enfermeros y un auxiliar– hace magia. No obstante, el neurólogo inicial y el personal de la Unidad de Medicina Intensiva (UMI) están presentes para intervenir en caso de que se produzcan complicaciones. «Nosotros damos soporte al trabajo de quirófano y mantenemos siempre una correcta oxigenación y hemodinámica, ya que el paciente está vulnerable en este tipo de intervenciones», señala la coordinadora de la Unidad de Neurocríticos, María Candelaria Ruíz.
Tras la intervención, el paciente pasa las siguientes 24 horas en la UMI bajo observación. «Al día siguiente se le realiza un escáner de control para comprobar que evoluciona correctamente y, de ser así, se le deriva a la Unidad de Ictus», indica Ruíz. Hace menos de dos años, esta unidad, que se encontraba en la sexta planta del hospital, cambió de ubicación para situarse más cerca del resto de servicios que intervienen en el código ictus. Una decisión «muy acertada» a juicio de Medina, ya que agiliza el trabajo dada la cercanía a los otros servicios.
Media anual
Alrededor de 300 personas ingresan anualmente en la Unidad de Ictus de La Candelaria. «Aquí realizamos el proceso de monitorización del paciente e intentamos averiguar las causas que han derivado en esta enfermedad cerebral», comenta. Y es que son muchos los factores que intervienen en el desarrollo de un ictus. «Un paciente hipertenso, diabético o con problemas cardiacos tiene mayor probabilidad de padecerlo», explica. En este sentido, Medina insiste en que la prevención es fundamental para evitar las peores consecuencias de estos factores de riesgo.
En los mejores casos, el recorrido hospitalario del paciente termina en la Unidad de Ictus. «A veces se producen secuelas de la lesión y debe someterse a un programa de rehabilitación», aclara el neurólogo. En cualquier caso, recuerda que detectar de manera precoz la enfermedad es lo más importante. «Desde que notemos que una persona pierde el habla y la movilidad lateral bruscamente, o experimenta un dolor de cabeza agudo y repentino, debemos actuar», concluye.
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