Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Un entrenador de Tenerife trunca la carrera de una tenista de élite de la que abusó sexualmente

La Fiscalía solicita para el presunto agresor una pena de 12 años de prisión y una indemnización de 50.000 euros para la víctima

El acusado, en primer término, durante la primera sesión del juicio celebrada en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife

El acusado, en primer término, durante la primera sesión del juicio celebrada en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife / M. Á. A.

Miguel Ángel Autero

Miguel Ángel Autero

Santa Cruz de Tenerife

La Fiscalía de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife acusa a P. P. R., un entrenador de tenis para el que pide una pena de 12 años de prisión y una indemnización de 50.000 euros, como presunto autor de un delito de abusos sexuales sobre una menor a la que entrenaba desde que tenía 11 años. La víctima lo denunció cuando tenía 19 años, pero no pudo superar las secuelas psicológicas y abandonó su carrera.

La vista oral, que se celebra desde ayer en audiencia pública, salvo la declaración de la víctima que quedó restringida, sirvió para exponer la «relación de control» que ejercía el ahora acusado con su pupila a la que le unía un contrato de exclusividad firmado con sus padres en 2013.

«Desde que tenía cinco años, para ella no había nada más importante que jugar al tenis», declaró la madre en el juicio. Su esfuerzo y dedicación la llevaron a copar lo más alto del ranking en las diferentes categorías en las que jugó: ganó campeonatos de España y estuvo entre las 25 mejores jugadoras del mundo. Pero su carrera se vio truncada demasiado pronto. No fue una lesión grave, ni el fracaso ante rivales superiores los que la llevaron a abandonar. Fue la ansiedad constante que padecía la que la alejó de las canchas para siempre en 2021, tras denunciar a su entrenador por abusos sexuales.

Control total

«Mi hija solo vivía para el tenis y su entrenador personal se convirtió para ella en un Dios que bajó a la Tierra». Describió los pormenores de una relación profesional de la que –reveló– «quedaba al margen de muchas decisiones, incluso poder hablar con ella porque le quitaba el móvil». Declaró que «controlaba los horarios para comer, descansar y le imponía castigos muy duros si creía que no había estado a la altura en un partido. «Ejercía un control total» sobre ella, pero la madre creía que era lo mejor para llevarla a lo más alto y «confiaba plenamente en él».

Afirmó que lo trataban «como si fuera familia» hasta el punto de que vivieron con él en Tenerife y alquilaron un piso en Barcelona tras ser fichada por un club de alto rendimiento gestionado por una fundación para futuras promesas del deporte. Entrenador y jugadora convivieron durante años y la mayor parte del tiempo su madre no estaba presente porque «confiaba ciegamente» en él.

A pesar de esa relación de confianza y en una visita que hizo al piso en el que vivía su hija con su mentor, descubrió un «masajeador sexual» y le preguntó a P. P. R. quien le contestó «ofendido» al insinuarle un comportamiento no apropiado. Él le dijo que lo había utilizado para masajear el codo de la niña porque se le «cargó» tras un entrenamiento intenso. Y le creyó porque su hija le corroboró lo mismo.

Poco después observó «una pelea entre ellos» y vio heridas en el cuerpo de su hija que, tiempo más tarde, le reconoció que se autolesionaba. La madre no supo lo que pasaba entre ellos hasta que un día el entrenador le confesó que estaba enamorado de su hija, que tenían encuentros sexuales pero «sin penetración» y que quería que fuese «la madre de sus hijos».

Al día siguiente denunciaron, y el entrenador fue despedido del club. La deportista está desde 2021 en tratamiento psicológico y abandonó su carrera deportiva por «crisis agudas de ansiedad», lo que fue corroborado por diferentes peritos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents