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¿Cómo es una cirugía robótica en un hospital de Tenerife? Así es el paso a paso de una intervención mínimamente invasiva

El hospital San Juan de Dios está a punto de realizar su primera operación con el sistema quirúrgico Da Vinci, una adquisición que mejorará la calidad asistencial de sus pacientes oncológicos

Personal sanitario del Hospital San Juan de Dios durante una prostatectomía radical robotizada a un paciente con cáncer de próstata.

Personal sanitario del Hospital San Juan de Dios durante una prostatectomía radical robotizada a un paciente con cáncer de próstata. / Arturo Jiménez

Santa Cruz de Tenerife

En los momentos previos a una prostatectomía radical robotizada, un tratamiento recurrente para el cáncer de próstata, impera la organización, la coordinación y, sobre todo, la profesionalidad. El tono de la situación es serio y riguroso. Aunque en esta ocasión, en el Hospital San Juan de Dios también se palpa cierto entusiasmo entre el personal sanitario. Poco a poco, el pasillo que conduce a la sala de trabajo comienza a llenarse de enfermeros, médicos y auxiliares vestidos con sus característicos pijamas azules. Las mascarillas quirúrgicas empiezan a confundir vagamente algunos de los rostros conocidos. Y a medida que la puerta de entrada del quirófano comienza a tornarse, la temperatura ambiente desciende y una plataforma robótica de gran tamaño se hace con el protagonismo de la oscura sala. Se trata de la nueva adquisición del hospital y que marca, un antes y un después para los pacientes oncológicos del centro: el sistema quirúrgico Da Vinci.

Es la primera intervención de este tipo que se realiza en el hospital. «Esta plataforma robótica avanzada está diseñada para cirugías mínimamente invasivas que reducen los riesgos de complicaciones, ya que la precisión de la tecnología no depende del pulso de un cirujano», señala la directora médica del centro, Concepción González. En este sentido, asegura que además de mejorar la calidad asistencial, el sistema Da Vinci permite reducir el tiempo de estancia hospitalaria del paciente y el dolor postoperatorio. No obstante, el uso de este sistema requiere de una formación previa. «Ahora vamos a comenzar con los pacientes oncológicos de Urología, que suelen personas con cánceres de próstata y riñón detectados, ya que es el personal que recibió la formación la semana pasada», dice. «Pero planeamos incorporar la cirugía robótica a otras especialidades más adelante», agrega.

Ventajas del sistema quirúrgico Da Vinci

  • Se trata de un robot que permite llevar a cabo cirugías mínimamente invasivas, por lo que las cicatrices son más pequeñas y las incisiones de mayor profundidad.
  • Mejora la precisión de los cirujanos y les otorga un campo visual mucho más amplio, ya que les permite llega a zonas ue antes era imposible.
  • El uso de este sistema quirúrgico reduce el riesgo de infección y hemorragias en el paciente.
  • La seguridad clínica aumenta gracias a que existe un menor riesgo de complicaciones.
  • La calidad asistencial del paciente mejora, así se acorta su estancia hospitalaria y se reduce el dolor postoperatorio.

Primeros pasos en quirófano

Mientras, en la sala, Tomás Concepción, urólogo y cirujano, y el resto del equipo comienzan con los primeros pasos de la operación. Antes de que Concepción se sitúe detrás del monitor que le permitirá controlar las extremidades del robot, ya que son estos brazos tecnológicos los que interactúan directamente con el paciente, se debe desplegar la maquinaria. «El robot cuenta con cuatro brazos y es necesario colocarle fundas estériles a cada extremidad estériles para que el campo sea completamente seguro», indica. Después, llega el turno del docking. «Es decir, el ensamblado del paciente y el robot», aclara. En el centro de la sala, e iluminada por una luz tenue, resalta la figura de un varón con cáncer de próstata, adormilado por la anestesia. Sin embargo, la preparación de este individuo para la operación se remonta tiempo atrás.

«Una vez que el cáncer es confirmado y se pauta la operación, los anestesistas lo visitan unos días antes de la intervención para comprobar que no existe ningún factor de riesgo que pueda complicar la cirugía», puntualiza Concepción. Cuando se supera esa fase, el paciente pasa a programación quirúrgica. «Y en el mismo día de la operación, se le realiza en check-in, como en los aviones, para comprobar que tiene todas las pruebas en orden», añade. Lo siguiente es sencillo: «Lo citan para la preanestesia y se le administran los fármacos necesarios para que esté tranquilo, y una vez en quirófano se le pone la anestesia general».

Proceso técnico

Ya cuando el paciente está situado en quirófano y acoplado al robot, el equipo se pone manos a la obra. Comienza la acción. El personal sanitario procede a la realización manual de seis pequeñas incisiones. «A cada corte le añadimos un trocar de ocho milímetros –unos tubos cortos y delgados que sirven para perforar cavidades corporales–, cuatro de ellos robóticos y otros dos de asistencia», explica el urólogo. Y es que además de Concepción, en la sala también está presente la cirujana Ana Plata, encargada de asistir cada uno de sus movimientos. También está la anestesista y varios instrumentistas y enfermeras auxiliares. Lo habitual es que el equipo sanitario encargado de la operación sea el único en la sala, pero esta vez es diferente y más de un curioso se acerca para conocer el funcionamiento de la nueva máquina.

Concepción procede a mover los brazos del robot a través del monitor y la cámara. «Lo controlo con los pies y las manos y además puedo manejar tres instrumentos más, que suelen ser las tijeras y pinzas eléctricas y las pinzas de agarre», cuenta. No obstante, conforme transcurre la cirugía, esas herramientas van cambiando en función de las necesidades del momento. Plata, mientras, desde sus trocares, se encarga de aspirar y administrar a Concepción lo que le haga falta. «Si necesito suturas o algún drenaje, ella me lo facilita», añade Concepción. En cuestión de dos horas, la cirugía termina y el hospital San Juan de Dios firma un hito en su historia.

«Un auténtico salto», en palabras de Concepción, hacia la mejora sanitaria. «Es un método innovador y sofisticado que otorga mucha seguridad al paciente y que le ahorra mucho sufrimiento en estancias y dolores innecesario», concluye.

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