Falsificación y apropiación indebida
Un maître de un restaurante de Tenerife, acusado por ‘decantar’ a su bolsillo 70.000 euros
El jefe de sala de un restaurante presuntamente anulaba de la caja registradora las comandas servidas a clientes cuando pagaban en efectivo para apoderarse del dinero

El jefe de sala del restaurante, durante su declaración en el juicio. / M. A. A.

Estuvo trabajando en un reconocido restaurante de Tenerife entre mayo de 2016 y junio de 2018. Era el maître, el jefe de sala, de uno de los tres negocios de hostelería que dirigía un matrimonio y sus tres hijos. La familia, en esas fechas, atravesaba un momento duro tras el fallecimiento de la matriarca y delegaron en ese empleado funciones de gestión de uno de los restaurantes. Sin embargo, y por un acontecimiento fortuito, uno de los propietarios del restaurante descubrió que ese trabajador se aprovechaba de la confianza que le había dado y le «estaba robando», aunque en ese momento no supo ni desde cuándo ni la cantidad total.
Una auditoría despejó la duda: el desfalco se elevó a 70.764,90 euros que debían constar como dinero en efectivo facturado según las comandas que anuló el maître a lo largo de los meses. El empleado fue despedido y los propietarios lo demandaron reclamándole la cantidad de dinero sustraída.
El caso ha llegado a la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife celebrándose ayer la vista oral en la que el exempleado afronta, como presunto autor de un delito de falsificación y otro de apropiación indebida, una pena de cinco años de prisión y multa con una cuota diaria de ocho euros durante 12 meses. Además, la Fiscalía y la acusación particular reclaman al acusado que restituya los 70.764,90 euros que presuntamente sustrajo de la caja registradora.
Para los denunciantes, el responsable de la desaparición del dinero «tenía que ser el maître», era el que «tenía un rol de privilegios en las operaciones de caja» que le permitía modificar pedidos, anular comandas, reservas o registrar invitaciones autorizadas a clientes. Ese rol o credencial, según testificaron ayer en la vista oral, solo lo tenía él y ningún otro empleado salvo el propietario, que tenía total acceso a las operaciones.
El jefe de sala habría distraído durante meses diferentes cantidades de efectivo sin que saltaran las alarmas en el arqueo contable diario de la facturación en caja.
¿ Y cómo lo hacía? El empresario y el fiscal sostienen que el ahora acusado se valía de esos privilegios en la caja registradora para computar las comandas y se quedaba pendiente de la forma en la que pagaban los clientes, en efectivo o con tarjeta. Si la cuenta de una mesa se abonaba en metálico, el encargado anulaba esa comanda de la caja y apartaba el dinero para apoderarse de él más tarde.
El empresario se dio cuenta de esta operativa de casualidad. Un día almorzó en el negocio y se fijó que al cierre de la caja tras el servicio de mediodía, se habían anulado las comandas de dos mesas y no tenía sentido porque él mismo había visto que los clientes de ambas habían consumido y abonado las cuentas. Cuando le pidió al contable que hiciera el arqueo de la caja ese mediodía descubrió que en el cajón del efectivo había 268 euros de más, la cantidad exacta de las dos comandas anuladas.
La sospecha de que esa irregularidad podía no ser casual, se confirmó con un análisis de las comandas anuladas ese el mes. La sorpresa fue que constaban numerosas anulaciones de comandas aunque el servicio se había realizado y los clientes habían abonado las consumiciones. La cantidad que no se había computado superaba los 3.000 euros.
El propietario y el contable tenían claro quién podía estar anulando las comandas con el ánimo de quedarse con el efectivo y esperaron a que se incorporara al turno de tarde el encargado para confrontarle con lo descubierto.
Según los dos testigos, el empleado «agachó la cabeza y pidió perdón, aunque no reconoció las sustracciones». Varios días más tarde, se volvieron a reunir para firmar la extinción voluntaria del contrato laboral y un documento de compromiso de pago de lo sustraído, pero nunca devolvió dinero.
El ya exempleado contactó por Whatsapp con sus antiguos jefes para que no lo despidieran porque dijo que «su mujer no sabía nada, que podía devolver el dinero con parte de la nómina que recibiese, y que había cogido el dinero porque tenía problemas con una adicción a las máquinas tragaperras», declaró el propietario.
El informe pericial presentado en la vista avala que mientras el ahora acusado estuvo contratado en el restaurante, las cancelaciones de comandas aumentaron un 59% y cuando estaba de vacaciones o de baja, las cancelaciones caían en un porcentaje similar.
El perito contable cuantificó que en 2016 la caja presentaba un descuadre de casi 17.000 euros, en 2017, cerca de 33.500 y en 2018 cerca de 21.000 euros y consideró significativo que estos hechos aumentaran tras su contratación.
El investigado declaró que no sustrajo dinero, y mucho menos la cantidad que le imputaban. Reconoció que tenía costumbre invitar a copas o chupitos a los clientes y que muchas de esas invitaciones no estaban autorizadas, por eso -dijo- cuando le reclamaron que devolviera el dinero pensó que se referían «a las invitaciones», que calculó en «unos 3.000 o 4.000 euros».
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