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Entrevista | José María Bermúdez de Castro Paleontólogo

José María Bermúdez de Castro: de los aborígenes canarios a la paleoantropología mundial

En su libro 'Canarias: mi primera parada científica', el científico José María Bermúdez de Castro relata cómo su investigación sobre los aborígenes canarios marcó el inicio de su trayectoria profesional.

José María Bermúdez de Castro.

José María Bermúdez de Castro. / El Día

Almudena Cruz

Almudena Cruz

Santa Cruz de Tenerife

José María Bermúdez de Castro es una de las figuras más influyentes de la paleoantropología contemporánea. Como codirector de los yacimientos de Atapuerca formó parte del equipo que identificó el Homo antecessor, hito de la ciencia europea. Por ese hallazgo recibió, junto a sus compañeros, el premio Príncipe de Asturias. Muchos no saben, sin embargo, que su primera investigación como doctorando tuvo lugar en Canarias y versó sobre los primeros pobladores de las Islas. Este martes 10 de febrero a las 18:30 horas presenta Canarias: mi primera parada científica en la sede del Instituto de Estudios Hispánicos de La Laguna. En este libro, una publicación promovida desde el Gobierno de Canarias, habla sobre cómo aquella etapa marcó para siempre su trayectoria científica.

Antes de hablar del motivo que le trae mañana a Canarias siento curiosidad por saber qué fue lo que le atrajo a usted de la ciencia cuando se decantó por ella.

Me quise dedicar a la investigación porque mi padre era investigador científico y ese ambiente se respiraba en mi casa. Sin embargo, yo no me decanté por su disciplina, que era la química. Desde muy pronto me interesó muchísimo la biología. Bueno, primero la medicina, que era una carrera más conocida en aquella época. Por eso me matriculé ahí pero finalmente recalé en la facultad de Biología. Me encantó el ambiente y la carrera me fue fenomenalmente bien, me lo pasé genial. Cuando terminé, hablé con mi padre y él me animó a hacer una tesis doctoral. Me indicó que fuera por los distintos departamentos, a ver quién me podía acoger. No había apenas becas en aquel momento, solo las del Ministerio de Ciencia. Estuve dando vueltas hasta que acabé en el despacho de una profesora muy agradable que, cuando yo le dije que estaba interesado en la evolución humana, me dijo que apenas habían fósiles humanos en España, solo unos en la Sierra de Atapuerca. Aquello fue como un jarro de agua fría y, tras pedirle consejo, me abrió un armario lleno de huesos.Me lié con ellos sin muchas ganas porque eran medievales.

¿Y cómo fue que terminó investigando en Canarias?

Pues esta profesora , que había trabajado mucho en la patología de cráneos antiguos, me dijo que en Sevilla había unos esqueletos de aborígenes canarias. Yo no sabía nada al respecto porque en aquella época no nos enseñaban nada sobre Canarias. Total, que me sorprendí muchísimo. La cosa era que la beca apenas me daba para nada e iba a ser una tesis muy cara. El director del departamento me pagó el billete de avión y me fui con la idea de arreglármelas como pudiera. Así hice mi primer viaje a Canarias, concretamente a Gran Canaria y al Museo Canario. El siguiente viaje fue a Tenerife y luego estuve de nuevo en Gran Canaria. Fueron tres viajes llenos de aventuras y desventuras, con cuatro duros en el bolsillo. Me lo pasé muy bien, fue divertidísimo y aprendí una barbaridad. No sabía absolutamente nada, pero nada, de la historia de Canarias. Todo fueron sorpresas, y muy agradables, por cierto. Me gustó tanto que ese trabajo ya me enganchó de por vida. Fue entonces cuando Emiliano Aguirre, que ya había sido mi mentor y era el director del Proyecto de Atapuerca, me llamó. Me dijo: ‘mira, José María, termina la tesis de Canarias que quiero que estés en el proyecto’. Se portó muy bien, me estuvo pagando una beca para estudiar en Atapuerca.Me permitió terminar mi tesis.

«En las Islas aprendí que a través de la morfología dental se pueden saber muchas cosas»

Su tesis se centró en estudiar la dentición de los aborígenes canarios...

Correcto. Ese era un tema que no se había estudiado hasta ese momento desde el punto de vista de la antropología. Había muy pocos datos, solo algunos de un americano que estuvo ahí en la década de los años 20 del siglo pasado. Bueno, yo tampoco sabía nada de dientes entonces. Tuve que estudiar mucho y me di cuenta de que a través de la morfología dental se podían saber muchas cosas. Había muchísima información en revistas extranjeras sobre esto. Me emocioné muchísimo porque además era una población que apenas estaba estudiada.

¿Y qué fue lo que averiguó?

Hubo muchas cosas pero te lo puedo sintetizar diciéndote que la población de Tenerife y La Gomera era muy diferente a la de Gran Canaria. Pensé: ‘de ahí viene la rivalidad’ (risas).

¿Y por qué?

Pues ahí estaba el debate. Muchos decían que era porque fueron oleadas migratorias distintas o que fueron llevadas en distintos momentos a Canarias. Los aborígenes tenían , como sabes, animales domésticos y practicaban muy bien la agricultura. Tenían una cultura neolítica que estaba un poco atrasada pero que tampoco estaba mal. En aquel momento había diversas teorías sobre cómo habían llegado a las Islas.

En el libro que ha escrito asegura que desde aquel momento se quedó enamorado de las Islas.

Yo me enamoré de Canarias, sí. Cuando llegué me sorprendí muchísimo y me lo pasé muy bien. Y estaba completamente solo, pero eso nunca me ha importado. Al principio me costó y. tal y como cuento en el libro, tuve dificultades para acceder al Museo Canario. Luego, Luis Diego Cuscoy me ayudó mucho, me trató como un colega pese a que yo era apenas un jovencito. Y he de decir que he vuelto a Canarias muchas veces, tanto a seguir estudiando materiales como para hacer turismo. Siempre me lo he pasado genial: la temperatura es buenísima, todo es fantástico y ¿qué te voy a decir de la gastronomía?

En la década de los ochenta era muy complicado ser investigador, ¿no es cierto?

Tremendamente. Yo pude hacerlo porque tuve el apoyo de mi padre. También es cierto que el nivel de vida de entonces no tenía nada que ver con el de ahora. Era todo muchísimo más barato. Ahora sí que es imposible. La gente que quiere hacer sus tesis doctorales la pasa canutas porque ahora encima la competencia es enorme.

¿Podemos decir que Canarias tuvo parte del mérito de que naciera su pasión por la paleontología?

Sí, claro, por supuesto. Mi pasión por la paleontología se forjó en Canarias.Una conclusión a la que he llegado después de todos estos años es que la antigüedad da igual, es lo mismo hace un millón de años que hace dos mil. Al fin y al cabo todo es prehistoria y el estudio es muy similar aunque la anatomía no lo sea. Los métodos de estudio son muy parecidos. Lo que ha cambiado son los recursos. En un proyecto como el de Atapuerca el equipo puede estar formado por unas cuarenta personas y aprendes geología, botánica, arqueología.... En Canarias tuve que aprende por mi cuenta, sobe todo de arqueología.

Mucha gente no sabrá que usted ocupa la letra K en la Academia Española de la Lengua. Ciencia, lenguaje y cultura...

Me propusieron cuando me jubilé. En la Academia hay escritores, filólogos, economistas, periodistas y luego estamos un historiador de la ciencia, un médico, una persona experta en inteligencia artificial y yo. Somos, digamos, el grupo de los extravagantes. Ahora mismo estoy haciendo una revisión de zoología: son unas 2.000 palabras vinculadas con temas también de biología, geología, biología, botánica y arqueología, un poco de todo.

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