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Ataretaco, la puerta hacia un nuevo comienzo en Tenerife: 1.300 personas vulnerables se benefician de los proyectos de la entidad

La mayoría de los programas de inserción sociolaboral son financiados por la Dirección General de Servicios Sociales, a excepción de tres

La consejera de Bienestar Social, Candelaria Delgado, visita el local para conocer la situación

El docente Emanuele Pantano, junto a varias alumnas, en una de las clases habituales del proyecto ‘Tarquí’.

El docente Emanuele Pantano, junto a varias alumnas, en una de las clases habituales del proyecto ‘Tarquí’. / Arturo Jiménez

La Laguna

En el barrio lagunero de Taco, a la altura de la parada del tranvía de San Gerónimo, una vivienda amarilla de unos tres pisos se presenta como una de las sedes de la Fundación Ataretaco en Tenerife. Un espacio de encuentro para personas en riesgo de exclusión social que desprende humildad, esfuerzo y cercanía. Desde el primer vistazo se puede captar la esencia de la entidad. Aquí comenzó su andadura en 1984, con la intención de ayudar a migrantes, personas sin empleo de larga duración y mujeres víctimas de violencia de género. Desde entonces, no ha dejado de ofrecer formación integral para favorecer la inserción sociolaboral de estos colectivos.

Entre las miles de personas que ayudan cada año, destaca la imagen de Vania Cassama, una mujer de 40 años procedente de Guinea-Bisáu. Sentada en la sala principal del edificio junto a sus compañeras, Cassama interactúa en una de sus clases habituales de español. La iniciativa forma parte del proyecto Tarquí, que se centra precisamente en la formación y atención social de migrantes en situación de vulnerabilidad y con necesidades de integración y aprendizaje de la lengua local. El programa comenzó a desarrollarse en 2007. Y el año pasado se beneficiaron alrededor de 80 personas de sus servicios. Entre ellas, Cassama.

Financiación de proyectos

Tarquí forma parte junto a otros 16 proyectos de la oferta de la entidad. La mayoría de los programas se financian a través de la Dirección General de Servicios Sociales de la Consejería de Bienestar Social. Sin embargo, justo esta iniciativa carece de apoyo económico. Por este motivo, la consejera de Bienestar Social, Candelaria Delgado, visitó esta mañana las instalaciones de Ataretaco. «Hemos venido a conocer de cerca el trabajo que desempeñan y a analizar las preocupaciones de la fundación en materia de financiación», concretó.

La reunión permitió poner sobre la mesa cada una de las cuestiones a tratar. «El objetivo es ver en qué medida nos pueden ayudar a dar continuidad a estos tres proyectos que carecen de financiación», señaló el director de Ataretaco, Jorge Sánchez. En concreto, las tres iniciativas tienen un coste de unos 155.000 euros. Sánchez aseguró que se tratan de medidas muy necesarias para las personas.

Gracias a Tarquí, Cassama ha podido aprender español y desenvolverse mejor en el contexto social de Tenerife. Ella llegó a la Isla para desarrollar una vida conjunta con su marido, canario de nacimiento. Y en apenas un año ha logrado tener un español bastante fluido. «He aprendido mucho gracias a la fundación y he tenido la suerte de aprender con un profesor excelente», detalla.

Metodología innovadora

Emanuele Pantano es el docente del que Cassama habla. Llegó desde Italia hace un año como voluntario, para desarrollar un proyecto propio que permite la enseñanza de la lengua española sin necesidad de compartir otro idioma en común. Lo hizo gracias al Cuerpo Europeo de Solidaridad –que concede subvenciones para este tipo de acciones–. «Enseñar español a personas que no comparten una lengua, ya que, por ejemplo, algunos hablan portugués y otros francés, es complejo», revela. Su año como voluntario ya ha finalizado y ha pasado a formar parte del equipo de Ataretaco. Ahora continuará impartiendo su metodología y ayudando a personas de cualquier parte del mundo.

Cassama no es la única que se ha visto beneficiada por los servicios de la entidad. En el último año, Ataretaco atendió a 1.300 personas vulnerables, de las que 700 realizaron un itinerario formativo y de 250 encontraron un empleo. Alejandro Velázquez, coordinador de proyectos sociales, explica que la llegada de una persona a la fundación puede darse a través de múltiples vías. «Hay quienes ven nuestros carteles y llaman y otros que acuden derivados de administraciones locales u otras entidades del tercer sector», detalla.

Puerta de entrada

No obstante, no hay que olvidar que Ataretaco cuenta con una infraestructura local que favorece la cercanía. «También hay personas que llaman directamente a nuestra puerta y le atendemos sobre la marcha», menciona. Como fue el caso de Cassama.

Lo primero que hace el equipo de la entidad es apuntar el contacto de la persona interesada. «Después realizamos una entrevista para establecer un diagnóstico», agrega. Y durante esa pequeña reunión, el personal detecta si se trata de una necesidad concreta que puede solventarse a través de un proyecto o si necesita orientación. «Lo siguiente es ponerse manos a la obra», concluye. Y así es como la fundación ha logrado ganarse el cariño del conocido barrio lagunero.

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