Servicio humanitario
Amigos y sanitarios se aliaron para ‘resucitar’ a Francisco
Francisco Alvarado corrió para darle a una pelota baja en una pista de pádel y la vida para él quedó suspendida. Sólo la firme convicción de amigos y compañeros de trabajo por hacerle maniobras de reanimación, junto a la implicación de profesionales del SUC, permitieron que hoy lo pueda contar.

Claudio Reitano, técnico de emergencias; Francisco Alvarado, el paciente, y Luis Miguel Padrón, enfermero. / ED
Los profesionales de las emergencias y quienes viven de cerca una parada cardiorrespiratoria saben que, a veces, la línea que separa la vida de la muerte es muy delgada. Y una formación adecuada en primeros auxilios puede significar la diferencia en que una víctima pueda sobrevivir o no. La historia de Francisco Alvarado Noriega es un ejemplo de cómo la preparación de los ciudadanos para estas situaciones, que las empresas tengan desfibriladores o la buena coordinación e implicación del personal de las ambulancias del Servicio de Urgencias Canario (SUC) permiten que haya un final feliz y que hoy el paciente siga disfrutando de la vida y de su familia.
Francisco jugaba al pádel con compañeros de trabajo, amigos y conocidos en las canchas del hotel Gran Meliá Palacio de Isora, en Alcalá (Guía de Isora), el 13 de noviembre del 2024. Él no se acuerda de nada, ni siquiera del partido. Le contaron que iba a golpear una pelota baja, se agachó y se desplomó. La vida quedó suspendida.
A su lado estaba Mario, padre de un compañero de trabajo en el citado hotel de lujo. Fue él, junto a otros jugadores, quien desde el primer momento realizó las maniobras de reanimación cardiopulmonar. Alguien fue al establecimiento, situado a unas decenas de metros, y recogió un desfibrilador semiautomático (DESA) para hacerle descargas a Francisco.
Pablo Arrocha Pérez es enfermero coordinador del SUC en la sala del 1-1-2 en Santa Cruz de Tenerife. Aquel día trabajaba en el turno de tarde-noche. Recibió una alerta. Un varón de unos 40 años se había desplomado de forma brusca y tenía la respiración agónica; es decir, que no era efectiva. Eran los claros indicios de que Francisco había sufrido una parada cardiorrespiratoria (PCR).

Pablo Arrocha, enfermero coordinador del SUC en la sala del 1-1-2. | E. D.
A Pablo le tocó explicar a quienes estaban alrededor de Alvarado cómo tenían que actuar. Uno de sus mensajes consistió en que quienes realizaban los masajes cardíacos debían cambiar sus roles cada dos minutos. Y no debían parar en ningún momento.
Otro gestor de recursos del SUC movilizó una ambulancia sanitarizada, que se dirigió a las canchas de pádel, y otra básica, que acudió al centro de salud de Alcalá para recoger al médico y el enfermero que estaban de guardia.
Una vez que el desfibrilador ya estaba junto a la víctima, Pablo Arrocha dijo a los compañeros de Francisco cómo tenían que hacer la reanimación con el citado aparato y cómo guiarse por el mismo para que funcionara de manera correcta.
El DESA indicó que se debía realizar una primera descarga y así se hizo por los testigos. Y hubo varias más, hasta que llegó el primer equipo de la ambulancia sanitarizada. Dichos profesionales continuaron con la reanimación, hasta que pudieron estabilizar al afectado y éste recuperó la respiración y el pulso. Después de los «cuidados postresucitación», el médico y los enfermeros comprobaron que el paciente tenía un infarto agudo de miocardio.
El siguiente paso de Pablo Arrocha fue coordinarse con el cardiólogo de guardia en el Hospital La Candelaria con el fin de que prepara la Unidad de Hemodinámica para atender a Francisco.
El enfermero coordinador del SUC destaca la importancia de los primeros intervinientes, que se dejaron aconsejar por los coordinadores sanitarios. «Son los ciudadanos los que realmente salvan la vida al paciente con las indicaciones del coordinador», aclara. Por cada minuto que no se inicie la reanimación cardiopulmonar, las posibilidades de sobrevivir bajan un 10%. A partir de los cinco minutos, ya no hay actividad cerebral. Recuerda que aquel día la labor de equipo de la sala de coordinación del SUC, de las ambulancias, de Atención Primaria, de la Policía Local y del Hospital La Candelaria supuso un éxito.
Luis Miguel Padrón era el enfermero de la ambulancia sanitarizada. Apunta que «los compañeros del afectado ya habían hecho un muy buen trabajo, gracias a los consejos de la sala coordinadora del SUC». El trabajo de Padrón consistió en «canalizar las vías, dar medicación específica y usar el monitor nuestro». Así se consiguió que la víctima recuperara la respiración y su corazón volviera a latir por sí sólo. Después se efectuó la intubación y el manejo del paciente para trasladarlo al hospital.
Claudio Reitano Lombardo, técnico de la ambulancia sanitarizada, indica que «estábamos en nuestra base de Puerto de Santiago y, desde que nos activaron hasta que llegamos, tardamos unos siete minutos». Era un servicio denominado de «tiempo dependiente», en el que los profesionales van más rápido, pues de llegar un minuto antes o después puede depender la vida de la persona.
Comenta que los primeros intervinientes, al tener formación sobre el DESA, localizaron el aparato y pudieron darle descargas, con ayuda del coordinador del SUC. Ese «primer eslabón fue clave para que toda la cadena funcionara».
Reitano conducía la ambulancia sanitarizada, que, junto con el equipo médico del centro de salud de Alcalá, trasladó después al paciente al punto de encuentro, ubicado en Fonsalía, donde la víctima fue recogida por otro recurso medicalizado, que lo llevó a La Candelaria. Para Claudio, «se logró un óptimo resultado, pues el paciente logró sobrevivir sin tener secuelas». Opina que «la gente de la calle debe saber actuar antes de nuestra llegada, ya que, por muy rápido que lleguemos, no hemos presenciado el hecho».
Tras décadas de trabajo en las ambulancias y gracias a este servicio, Reitano se llevó una de las alegrías más grandes de su profesión. El 24 de diciembre recibió una felicitación de Navidad por parte de Francisco Alvarado, «pues había sido partícipe de salvarle la vida».
El afectado es originario de Venezuela, pero ya tiene nacionalidad española. Es empleado del hotel Palacio de Isora, en el departamento de Alimentos y Bebidas.
Tras sufrir la parada, despertó 48 horas después, el sábado 15 de noviembre, en el hospital. En ese tiempo, ni él ni el resto de su familia pudo disfrutar del cumpleaños de su hija, que fue el día antes. Lo primero que dijo tras recobrar la conciencia fue: «¿Dónde está el coche, que no sé dónde lo dejé?». Algunos de esos amigos y compañeros que ayudaron a salvarle la vida son Mario, su hijo Isaac, David, Javier, Ernesto o Yuli, entre otros.
En la revisión que se hizo hace unas semanas le dijeron que estaba bien, «súper bien para haber pasado por una situación así».
Tiene medicación de por vida, pero sigue jugando al pádel y al tenis. Eso sí, cuida aún más la alimentación. «Hay que valorar lo que me ha pasado», comenta. Según le ha dicho Claudio Reitano, en su trayectoria en las ambulancias sólo tres personas han logrado recuperarse de esa manera. También recuerda que, al tercer día, cuando estaba ya en planta, resultó muy emocionante el encuentro con el enfermero Luis Miguel Padrón.
De dichos profesionales del SUC manifiesta que «ellos se implican y con su vocación tan grande no son conscientes del impacto positivo que tienen en la sociedad».
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