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Los 50 precedentes inquietantes del robo de las joyas del Louvre

El libro ‘Ladrones de arte’ recoge decenas de hurtos históricos espectaculares

Su autora, la tasadora Ana Trigo, sostiene que existe un mercado negro cuyos integrantes están dispuestos a pagar cifras millonarias aun sabiendo que no podrán mostrar su botín

El alzador de mudanzas que usaron los ladrones del Museo del Louvre.

El alzador de mudanzas que usaron los ladrones del Museo del Louvre. / Dimitar Dilkoff/AFP/dpa

Daniel G. Sastre

Barcelona

El pasado 19 de octubre, a las 9.30 de la mañana, cuatro personas robaron ocho joyas del Museo del Louvre de París valoradas en 88 millones de euros. Lo hicieron vestidos de operarios y con el museo abierto; la intervención, que llevaron a cabo utilizando un elevador de mudanzas, les llevó menos de ocho minutos. "Estuve allí, en la sala del robo, no hace mucho durante bastante tiempo, y me llamó la atención que había muy poca seguridad. De hecho, es que no había un vigilante de sala, y por eso no me ha sorprendido demasiado", dice Ana Trigo, que acaba de publicar 'Ladrones de arte' (Ariel), un libro que repasa 50 robos célebres de grandes obras. El reciente hurto del Louvre sirve como recordatorio de que estas operaciones espectaculares siguen produciéndose.

Trigo es una tasadora de arte y antigüedades que ha trabajado para varias galerías y casas de subastas internacionales, y que ya ha publicado algunos libros anteriores relacionados con ese ámbito, y por eso es una voz autorizada para opinar sobre el robo del Louvre. La policía francesa ya ha detenido al menos a siete personas en relación con el caso, pero no hay ni rastro de las joyas. "Hay dos posibilidades. La primera es que las piezas que han robado vayan a ser desmembradas y convertidas en piezas más pequeñas, para que no sean reconocibles, y puedan venderlas más fácilmente. Esto sería horrible, lógicamente, porque le resta muchísimo valor, y también valor histórico, porque ya no serían las piezas que son", dice Trigo. Se trata de joyas de las reinas María Amalia de Nápoles y Sicilia y de Hortensia de Beauharnais, y de las emperatrices María Luisa de Austria y Eugenia de Montijo. "La otra posibilidad es que haya sido un robo por encargo, es decir, que lo haya organizado un marchante que ya tuviera ya un comprador para estas piezas. Y entonces, o están escondidas o ya están fuera del país", añade la tasadora.

El precedente de 'La Gioconda'

Como recoge el libro de Trigo, no es la primera vez que el Museo del Louvre, el más visitado del mundo, es escenario de un robo de película. El 21 de agosto de 1911 un pintor de brocha gorda que había hecho algunos trabajos en el museo, el italiano Vincenzo Peruggia, entró antes de la apertura y se llevó bajo su bata de trabajo 'La Gioconda' de Leonardo da Vinci, que hasta ese momento "no era ni mucho menos tan conocida como lo es hoy" y que a partir de entonces "se convirtió en la obra de arte más identificable del planeta".

Hasta el punto de que, durante los dos años en los que 'La Gioconda' estuvo desaparecida, se produjo un curioso negocio a su costa, dice Trigo: "Un argentino, conocido como marqués de Valfierno, hizo copias del cuadro y las vendió como si fueran el auténtico. Y no fueron una ni dos, sino seis. Vendió cinco a americanos y una a un brasileño".

Dormir en un sarcófago

El Louvre ya era entonces una instalación mal vigilada. "Una semana antes de ese robo de 1911, un periodista había pasado toda la noche durmiéndo en un sarcófago, en la zona egipcia, para denunciar la falta de seguridad que había en el museo", explica la autora.

El cuadro fue recuperado en 1913, cuando Peruggia intentó venderlo en Florencia. Cuando lo detuvieron, el ladrón alegó un impulso patriótico: creía que estaba reparando un supuesto expolio de Napoleón Bonaparte. Pero lo cierto es que 'La Gioconda' había salido de Italia hacia Francia mucho antes, en 1516, cuando el rey Francisco I se la compró legítimamente a Leonardo.

El caso del Louvre es solo uno de los que reseña Ladrones de arte, que también da cuenta de la existencia de un mercado negro en el que se mueven cifras "realmente millonarias", que pagan "coleccionistas dispuestos a abonarlas a pesar de conocer la procedencia ilícita de una obra". De hecho, Trigo pone el foco sobre la figura de los 'gloaters', "personas que ansían tanto una pieza que no dudan en adquirirla a un alto precio aun sabiendo que nunca podrán mostrarla".

El destino de las joyas

¿Podría ser ese el destino de las joyas robadas hace dos meses en el Louvre? Trigo piensa que sí. "Existe un pequeño círculo al que no le importaría no poder exhibir las joyas, que las comprarían para su disfrute personal. Por supuesto que hay un mercado para estas obras robadas, que es un mercado en el que no falta dinero precisamente", sostiene.

De hecho, a la autora se le ocurrió este 'Ladrones de arte' cuando descubrió que había habido un gran robo en el Guardamuebles real de París durante la Revolución Francesa. El botín fue nada menos que las joyas de la Corona francesa. "Solamente con una de las piedras más famosas, el diamante Azul de Francia (también conocido como diamante Hope), valorado en más de tres millones de libras francesas, habría sido suficiente en la época para comprar tres castillos y sus tierras colindantes", explica el libro. Ese robo se produjo en 1792; hoy, más de 200 años después, nadie sabe qué ocurrió en realidad. No es un precedente muy halagüeño para quienes quieren recuperar ahora las joyas robadas en el Louvre.

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