La brutalidad policial tras la muerte de Franco: cuatro muertes violentas en Tenerife, entre ellas la de Javier Fernández Quesada
Casi medio siglo después del ametrallamiento del estudiante grancanario en el Campus Central de la ULL, el historiador Domingo Garí-Montllor analiza el contexto de violencia policial posterior a la muerte de Franco

Domingo Gari-Montllor Hayek, ayer en el Campus de Guajara. / María Pisaca

Casi medio siglo después del ametrallamiento del estudiante grancanario Javier Fernández Quesada (1955-1977) en los escalones del edificio central de la Universidad de La Laguna aún no hay un culpable. Se sabe que fue abatido por los disparos a quemarropa de un guardia civil cuando un grupo de jóvenes huían en dirección al Paraninfo. Esta y las muertes de Bartolomé García Lorenzo, en 1976, y Antonio González Ramos y Antonio Padilla de Corona, en 1975, son los rescoldos más sangrientos que se registraron en Tenerife tras el fallecimiento del dictador Franco.
«Fueron años de gatillo fácil», aclara el historiador Domingo Garí-Montllor Hayek, doctor en Historia Contemporánea y experto en geopolítica, sobre un periodo en el que los cuerpos policiales [Policía Armada y Guardia Civil] «disparaban primero y luego preguntaban; era como el lejano Oeste», compara el autor del libro Tenerife en rojo (2010), donde analiza aspectos del postfranquismo. «El Estado no sabe hacia dónde va», prosigue un docente que ha formado a alumnos en las facultades de Ciencias Políticas y Sociología; Formación del Profesorado; Geografía e Historia; Bellas Artes y Derecho y Relaciones Laborales de las Universidades de La Laguna (ULL), Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la UNED. «Tiene tanta inseguridad que frente a la disidencia y las protestas sólo sabe aplicar mano dura... Sigue siendo un Estado dictatorial, a pesar de que el dictador ya está muerto. Aún no hay Constitución», explica con un par de pinceladas.
La brutalidad con la que las fuerzas reprimen los brotes de protestas acaban con fallecidos en Andalucía, Barcelona, Madrid, Vitoria, Tenerife... «Era una práctica común, pero lo que no parecía nada normal es que en una isla tranquila, rural, en la que nunca pasaba casi nada se produjeran cuatro muertes violentas en menos de tres años», acentúa en un instante de la conversación en el que subraya que «la dictadura comete cuatro asesinatos en un periodo en el que supuestamente no hay dictadura».
"Lo que es difícil de entender son cuatro asesinatos en una isla rural, tranquila y en la que casi nunca pasaba nada"
La tortura hasta la muerte que sufrió Antonio González Ramos, el tiroteo a Antonio Padilla [usaba dinamita o goma 2 para la pesca furtiva], el acribillamiento de Bartolomé García en un barrio nada problemático de Santa Cruz en el que los recursos policiales se cuelan armados hasta los dientes o el asesinato de Quesada en la Universidad de La Laguna son las pruebas de una represión que se adentró varias veces en un territorio sin retorno. «La legislación permitía esos operativos en los que los policías y los guardias civiles siempre se iban de rositas», cuenta un analista de la historia contemporánea que ha centrado sus estudios en asuntos asociados con temas de Geopolítica, Democracia, Historia Social e Historia de las Ideas Políticas.
«La calle estaba agitada»
Domingo Garí estudiaba bachillerato en el Instituto Viera y Clavijo de La Laguna [el centro se encuentra a menos de un kilómetro del punto en el que cayó fulminado Quesada] durante los años que siguieron a la muerte del Generalísimo. «40 años de dictadura no se van de un día para otro y, además, no es nada fácil convertir en demócratas a personas que han conocido un sistema en el que no había derechos», añade en una fase de la charla en la que inevitablemente habla de «los movimientos sociales que se estaban generando en la calle... El suceso ocurre en medio de una huelga general de varios sectores y quien no paraba era obligado a parar por los piquetes», sintetiza sin olvidar el rol tan decisivo que tuvo Mardones Sevilla como gobernador civil de Santa Cruz de Tenerife. «Su respuesta fue demoledora».
El profesor de la ULL está convencido de que «no fue una cacería contra Quesada, sino los procedimientos habituales que seguían unos recursos policiales que estaban desatados. Hay que lamentar que el 12 de diciembre de 1977 le tocara a él, pero podía haber sido cualquier otro dada la violencia con la que actuaron para reprimir unas concentraciones que tenían un claro sentido de protesta social», puntualiza de un periodo en el que «mucha gente no sabía cómo ganarse la vida».
"En esos años los policías y los guardias civiles siempre se iban de rositas, jamás daban explicaciones"
Lo que no niega Domingo Garí es que «aquella universidad estaba algo más politizada que la actual en gran medida por el ascenso que estaban experimentando las luchas obreras y, sobre todo, un sentimiento de identidad nacionalista que empezaba a brotar entre la comunidad universitaria», sostiene de un asesinato que «hoy es difícil de comprender, pero que entonces formaba parte del día a día de una sociedad que no se había liberado aún de los años de dictadura».

¿Preguntas y respuestas?
¿Quién era Javier Fernández Quesada?
Joven grancanario que se matriculó en la Universidad de La Laguna para formarse como biólogo. Asociado con el movimiento independentista canario después de muerto, fue ametrallado por un guardia civil cuando tenía 22 años en los exteriores del edificio central de la ULL durante una jornada de protestas estudiantiles.
¿Cuándo ocurrió el asesinato?
En las primeras horas de la tarde del 12 de diciembre de 1977 en los jardines del Campus Central de la Universidad de La Laguna. La Guardia Civil accedió al recinto dando tiros al aire y persiguiendo a los alumnos hasta las escalinatas que dan acceso al Paraninfo, punto en el que cayó fulminado Javier Quesada.
¿Hubo algún responsable?
No y, además, Luis Mardones Sevilla, gobernador civil de Santa Cruz de Tenerife, manifestó en varias ocasiones que «no estaba demostrado que fuera un guardia civil el que efectuara los disparos». Nunca hubo un culpable y la investigación se cerró a toda velocidad sin encontrar a los responsables del crimen.
¿En qué circunstancias se produjo?
La clase trabajadora estaba en pie de guerra en busca de mejoras laborales y salarios. En la calle coincidieron varias huelgas como la de los conductores del Transporte Interurbano de Tenerife (Titsa) y los sectores tabaqueros y el de los frigoríficos. Las movilizaciones empezaron en espacios públicos y se colaron en la universidad.
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