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Día Internacional de los Museos

Renovarse, pero sin claudicar ante la Inteligencia Artificial

Todo parece indicar que la Red de Museos del Cabildo de Tenerife está en un punto de inflexión para tejer los mecanismos que deben garantizar su buena sintonía con la ciudadanía las próximas tres décadas, una planificación en la que las nuevas tecnologías serán decisivas.

José Carlos Acha mira una de las fotografías de los fondos del TEA Tenerife Espacio de las Artes

José Carlos Acha mira una de las fotografías de los fondos del TEA Tenerife Espacio de las Artes / Andrés Gutiérrez

Jorge Dávila

Jorge Dávila

Santa Cruz de Tenerife

Renovarse o morir. No hay un paso intermedio para analizar el futuro más inmediato de la Red Insular de Museos del Cabildo de Tenerife, un puzzle integrado por el Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA), el Museo de la Ciencia y el Cosmos (MCC), el Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHA), el Centro de Documentación de Canarias y América (Mcedocam) y el Centro Expositivo de la Cueva del Viento (MCV). Estos espacios museísticos recibieron el año pasado a 277.479 personas y el reto es continuar creciendo. Para ello es necesario dar un giro de 180 grados y abrazar con fuerza al progreso tecnológico. Un ciclo de renovación que no necesariamente implica dar todo el poder a la Inteligencia Artificial; es posible progresar sin tener que zarandear la bandera de rendición ante la gran ofensiva de la IA.

José Carlos Acha, consejero insular de Cultura, tiene claro la sintomatología de un «problema» que hay que arreglar para que estos cimientos «aguanten otros 30 años». El deterioro provocado por el paso del tiempo, mensajes incompletos, un lenguaje que impacta de frente contra los discursos de la enésima era tecnológica y mejorar los canales de inversión son los cuatro puntos cardinales desde donde se quiere impulsar un discurso inclusivo. «Lo que se ha hecho en los últimos 30 años está muy bien y ha servido para llegar vivos hasta aquí, pero toca hacer cambios y pensar en una nueva realidad museística», señala el responsable de área.

Llenar una pared de textos que ya no lee nadie es algo que tiene sus días contados. «Estamos en la era de los códigos QR, de los elementos interactivos, de invocar a la realidad virtual para que de la misma forma que los alumnos pueden ver una ánfora romana en 3D en un aula las personas que acuden a un museo tengan esa posibilidad», enumera poniendo como ejemplo que esos cambios ya se están llevando a cabo en el Museo de la Ciencia y el Cosmos (MCC) gracias a una inversión que supera los 500.000 euros y que se está empezando a acometer en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHA) con un proyecto dividido en tres fases y un presupuesto final de 900.000 euros.

La ausencia de información es otra de las cuestiones que preocupa y que está en una fase de corrección. «Los hallazgos del yacimiento de Lobos no están en nuestros museos, pero tampoco hay referencias al volcán de El Hierro (Tagoro) o el de La Palma (Tajogaite). Esas lagunas, y otras muchas que afectan al patrimonio arqueológico o natural, hay que solucionarlas para que las nuevas generaciones tengan una información más fiable, adaptada a los tiempos tecnológicos que vivimos y, sobre todo, ordenada», incide José Carlos Acha.

Abandonar un museo con preguntas sin resolver es una cuestión vital en la que coinciden Conrado Rodríguez-Maffiotte, director del MUNA, María Dolores Chinea Brito, conocida como Colola, que es la subdirectora del Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHA), y María Fátima Hernández Martín, directora del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife. Los tres nos cuentan de una manera abreviada sus impresiones con motivo de la celebración del Día Internacional de los Museos.

Visiones de largo recorrido

Colola acumula más de tres décadas de experiencias en el mundo de los museos y, por lo tanto, conoce bien las escaramuzas que han impulsado las distintas transformaciones. «Los cambios en estos centros son constantes, siempre para bien, y nunca nos paramos del todo», resume antes de hacer suyo el lema elegido para este año y que está conectado con dar un salto a la integración con la sociedad. Para ella es muy importante darle voz al público porque considera que exhibir no es una «acción objetiva» y escuchar esas opiniones ayudan a mejorar la labor que se hace desde la dirección del MHA.

Sin querer jugar a futuróloga, ella se imagina un porvenir en el que «las piezas de un museo entren y salgan de ellos [aún no sabe bien cómo] como una especie de pasarela virtual que acerque las piezas a la ciudadanía... Todo lo que está entrelazado con los avances tecnológicos genera cierto respeto, pero la virtualidad es algo que va a experimentar muchas novedades en los próximos años».

Conrado Rodríguez, director del MUNA, se muestra más escéptico ante las revoluciones que están por llegar. Ayer cumplió 36 años de servicio en la Red de Museos del Cabildo de Tenerife y sabe que las transformaciones son lentas y, sobre todo, deben estar apuntaladas por una gran inyección económica (el presupuesto de 2024 para esta área se cifró en 9.751.897 euros). Y es que, a pesar de todo lo que se escucha en torno a la incidencia que tienen los avances tecnológicos, él considera que «el mundo de la antropología y arqueología maneja otros tiempos y estamos en un centro que es muy avanzado para la época en la que nos encontramos», reivindica sin perder de vista que la última intervención se ejecutó en 2002.

De lo que se está cocinando sólo se atreve a comentar que «probablemente el MUNA cambie su estructura para ordenar sus contenidos por plantas». Algo que el consejero José Carlos Acha ratifica en su «radiografía» de las cuestiones que se deben solventar sobre la marcha. «El primer piso estará dedicado a las ciencias naturales [estratos, flora, clima, geología, morfología...], en el que avanzaremos desde el litoral hasta llegar al Teide por diferentes etapas, y en el segundo estarán los fondos arqueológicos».

Una de las lecciones que dejó la crisis sanitaria del covid-19 aparece anudada al hecho de que lo último no siempre es lo más recomendable. En este sentido, Rodríguez-Maffiotte pone como ejemplo los «graves problemas que ocasionaron las gafas de realidad aumentada por sus problemas de higiene. Lo normal, ante esa situación, es que vayamos en otra dirección mucho más segura como puede ser la vinculación de nuestros móviles con los elementos interactivos que hay en un museo».

Fuentes de conocimiento

Fátima es directora del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife desde 2013, aunque ingresó como conservadora en la plantilla laboral del Cabildo de Tenerife en 1987. Una de las facetas que más se trabaja en este centro es la investigación. «Nos preocupa conocer mejor los efectos del cambio climático o la contaminación de los mares con toneladas de microplásticos», avanza dándole una gran relevancia a los contenidos de la revista Vieraea, una publicación científica anual en la que se incluyen referencias de botánica, zoología, paleontología y ecología de la Región Macaronésica.

Los efectos devastadores de la pandemia es una cuestión que ha sido tratada en profundidad en diversos formatos [conferencias, publicaciones, talleres divulgativos] por parte de un museo que tampoco quiere perder sus puntos de anclaje con el pasado. «Hay que tener en cuenta que trabajamos con unos materiales muy sensibles, en algunos casos ya inexistentes o en claro peligro de extinción. Sobreguardar lo que existe en un museo es algo que es intrínseco a los profesionales que trabajamos en estos centros, pero la realidad es que todo lo que tenemos le pertenece a la sociedad. Si sólo estamos pendientes de la Inteligencia Artificial y los márgenes de mejora tecnológica que podemos conseguir vamos a descuidar algo que es vital en un museo: no podemos perder el contacto humano con aquellos que deciden pasar un rato entre nosotros», concluye. n

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