Las infecciones por hepatitis A se triplican en un año en Canarias
El Archipiélago se encuentra entre las comunidades en la que más ha crecido la tasa de infecciones
Los contagios se están produciendo a través de relaciones sexuales

Muestras de sangre de varios pacientes tomadas en un punto de cribado (screening point) de Tenerife. / María Pisaca

Las infecciones por hepatitis A se han triplicado este año en Canarias. A cierre de 2024, el Archipiélago ha registrado 59 casos de esta patología, lo que supone 46 más que el año 2023, cuando se detectaron tan solo 17. La mayor parte de los contagios se están produciendo tras contactos sexuales de personas que han viajado a países donde el agua de abasto no pasa por un proceso de depuración tan estricto como el español.
"No es una cifra alta, pero nos mantenemos vigilantes", resume Álvaro Torres, jefe de vigilancia epidemiológica del Gobierno de Canarias. Sin embargo, el Archipiélago es una de las comunidades más afectadas en términos relativos. En concreto, las Islas cuentan con 2,6 casos por cada 100.000 habitantes, una incidencia tan solo superada por Baleares (3,8) y País Vasco. En números absolutos, las comunidades más afectadas son Andalucía (166 casos), Madrid (161) y Cataluña (114).
El repunte de los casos de hepatitis A se está produciendo a la vez en toda España. En conjunto se han detectado 894 casos de hepatitis A (el doble que el año anterior). Así, aunque las cifras no son aún comparables al último brote que se vivió en España entre 2015 y 2017 –cuando se constataron 5.643 casos– sí que se acerca al inicio de aquella última oleada de contagios.
Por su forma de transmisión (fecal-oral), esta infección suele estar asociada al consumo de agua o alimentos insalubres, el saneamiento deficiente, la mala higiene personal y el sexo bucoanal. De hecho, en España era una enfermedad común que la mayoría de personas solía contraer de niños. Así ocurrió hasta la década de los 60, cuando se empezó a clorar el agua residual y se endurecieron los controles de calidad. "Esto explica que casi todas las personas nacidas antes de 1970 tuvieran anticuerpos contra esta enfermedad", indica Torres. Desde entonces, el perfil de contagio ha cambiado.
La enfermedad, que otrora, afectaba más a niños y a mayores, es ahora una patología más común de la mediana edad o de los adultos jóvenes. "Ahora vemos muchos más casos y brotes que se inician a través del contacto sexual", destaca el epidemiólogo. Además, la mayor parte de los casos se están produciendo entre hombres sexualmente activos entre 15 y 44 años.
"El perfil de los casos y la información genómica de los aislamientos son compatibles con la hipótesis de un aumento de la transmisión en la población de hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH)", destaca el último informe de Evaluación Rápida del Riesgo publicado por el pasado 20 de diciembre por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES). La hipótesis que se maneja es que muchos de estos contagios se inician con el viaje de una persona a países donde el tratamiento de aguas residuales no es tan estricto, como Marruecos, México o Tailandia.
Es difícil, sin embargo, establecer la ruta de contagio que ha seguido el virus con total seguridad. "Los afectados demuestran cierta esquivez y no nos comunican si son parte de este colectivo", insiste Torres, que añade que, además, el tiempo de incubación del virus es tan largo (de 14 a 28 días) que muchas veces ni siquiera los pacientes son capaces de asociar un viaje o acción al contagio.
Vacunas rápidas
La hepatitis A cuenta con una vacuna muy eficaz que, sin embargo, en España no se encuentra dentro del calendario vacunal al ser un patógeno poco frecuente. "En su mayoría, lo controlamos gracias al tratamiento de aguas residuales", indica Álvaro Torres. En paralelo, y para garantizar una rebaja del riesgo, se mantiene la recomendación de vacunación a personas con problemas hepáticos y a los viajeros que acudan a este tipo de países. Si, además, se acredita que el viaje de trabajo, el SCS financia el pinchazo.
Sin embargo, a raíz del cambio de patrón de contagio, el Ministerio de Sanidad también recomienda desde 2017 proteger a los miembros del colectivo de gais, bisexuales y hombres que tienen sexo con hombres. No está siendo fácil. "Nos cuesta llegar a ellos", indica Torres. En Canarias, para tratar de evitar las infecciones, la Dirección de Salud Pública ha unido fuerzas con las entidades del tercer sector (ONGs) para que sean ellas quienes trasladen esta información a sus asociados.
No obstante, a raíz del repunte de todas las infecciones de transmisión sexual (ITS), el Archipiélago ha querido tomar el pulso a los contagios. Por ello, ha dado nuevas responsabilidades a los puntos de cribado (screening points) de Tenerife para que, además de diagnosticar ITS, también actúen como centros de vacunación. "Hasta ahora se han vacunado a 80 personas", explica Torres, que ya está buscando la forma de trasladar esta experiencia piloto a Gran Canaria.
"Tras la experiencia en Tenerife, hemos preparado un documento en el que resaltamos las cosas buenas y las cosas que se deben mejorar", indica el epidemiólogo. El mayor obstáculo, por el momento, es el personal, ya que quieren integrar a médicos en los equipos, que ahora mismo están conformados únicamente por enfermeros. "Ahora mismo encontramos que al detectar una ITS, el personal de los screening points no pueden recetar antibióticos a los pacientes", indica.
Una enfermedad poco grave
Pese a la alerta que ha generado este anuncio, la gravedad de la enfermedad es baja en la mayoría de los casos, aunque las personas inmunodeprimidas y aquellas con una hepatopatía subyacente, podrían experimentar una mayor gravedad clínica. "Apenas acaba hospitalizado un 2% de los contagiados", indica Torres. Además, los expertos del CCAES defienden que, dado el patrón epidemiológico que se observa, "la probabilidad de transmisión se considera muy baja para la población general en el momento actual".
La hepatitis A es una inflamación del hígado debida al virus de la hepatitis. A diferencia de las hepatitis B y C, la hepatitis A no causa hepatopatía crónica, pero puede ocasionar síntomas debilitantes y, en raras ocasiones, hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), que a menudo es mortal. Apenas un 0,5% de las personas contagiadas, mueren.
Los síntomas van de moderados a graves y pueden incluir fiebre, malestar, pérdida de apetito, diarrea, náuseas, molestias abdominales, coloración oscura de la orina e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos). Los infectados no siempre presentan todos esos síntomas. Los adultos presentan signos y síntomas con mayor frecuencia que los niños. De hecho, la gravedad y la mortalidad de la enfermedad aumentan con la edad.
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