Entrevista | Manuel Alfonso Patarroyo Doctor en Medicina y experto en la enfermedad de la malaria
Manuel Alfonso Patarroyo: «Tras una vida trabajando con la malaria, cuando surgió el covid, lo vimos sencillo»
El doctor en Medicina reflexiona sobre lo aprendido durante la pandemia y adelanta los retos que se le presentan a su país en el ámbito científico

Manuel Alfonso Patarroyo, en La Laguna. / María Pisaca

El doctor en Medicina y experto en la enfermedad de la malaria Manuel Alfonso Patarroyo visitó recientemente la Isla para participar en la sexta edición de Campus África, que se celebra hasta este viernes 26 de julio en La Laguna. Durante su intervención, habló del desarrollo de las vacunas contra la malaria, una enfermedad que afecta cada año a 250 millones de personas y se produce por cinco especies de parásitos.
Parece una tradición familiar lo de acudir en cada nueva edición de Campus África...
Pues sí, no solo por mi padre, sino también porque mi tío ha venido en alguna ocasión.
Precisamente, ¿cómo se encuentra su padre, Manuel Elkin Patarroyo?
Ha tenido algunos problemas de salud en los últimos años pero afortunadamente ahora se encuentra mejor. Aún trabaja, porque para él esto es algo muy vocacional, y la familia espera que siga así muchos años más porque está claro que es una persona con una mente curiosa y activa. Estoy bastante seguro que no aguantaría en casa sin hacer nada, así que es genial que siga trabajando.
¿En qué ha consistido su intervención en esta nueva edición de Campus África?
He venido para hablar del desarrollo de la vacuna contra la malaria de Plamodium vivax. Existen cinco especies de parásitos que producen la malaria en el ser humano y, aunque con la que trabajo no es la más letal, sí es la que está más dispersa por todo el planeta. Ha sido un camino difícil y tortuoso, pero en el que tenemos avances interesantes. Mi intervención también sirve para reflexionar sobre los estándares que existen en la actualidad para iniciar estudios en humanos. Existe una normativa que se llama buenas prácticas de manufactura, que se refiere a que todo lo que se produzca debe estar en un ambiente totalmente controlado, y eso provoca que sea muy costoso. Eso también se produjo en el caso del covid, porque hubo más de mil candidatos para ofrecer una vacuna pero finalmente solo han salido al mercado cuatro o cinco, porque hay que tener un gran músculo financiero.
Esta nueva edición de Campus África está dedicada a Los territorios insulares del Atlántico africano: cultura, medio ambiente y salud global.
Son temas que hay que tratar y en los que se están produciendo muchos avances también. Creo que esta iniciativa está siendo una labor titánica por parte de los doctores Basilio Valladares y José Gómez Soliño. Ya algunos somos veteranos, porque esta es por lo menos la quinta vez que vengo, y estoy encantando y agradecido de poder estar aquí. Creo que, si algo nos enseñó la pandemia, es que tenemos que ser bastante más solidarios de lo que éramos antes.
¿Y estamos respondiendo debidamente a ese llamamiento solidario?
Debemos fortalecer esa labor de cooperación porque esta enfermedad nos mostró que no estamos preparados para afrontar muchísimas cosas. Si bien hubo una iniciativa solidaria inicial, la soberanía sanitaria, al igual que la alimentaria, terminan dependiendo de cada país. Podemos ser muy solidarios, pero si a mi país se le está muriendo la gente por un patógeno y toca generar vacunas, yo voy a priorizar mi país, y eso quedó demostrado durante la pandemia. Yo procedo de Colombia, un país en vías de desarrollo, y nos hemos dado cuenta de que tenemos que incrementar nuestra inversión local y nuestras infraestructuras, para estar preparados por si vuelve a suceder algo así.
¿Y cómo están trabajando en Colombia actualmente? ¿Realmente algo ha cambiado?
Estamos trabajando en algunas iniciativas para producir vacunas estatales pero es una labor que llevará años y por eso precisamente debemos impulsarla. Hay que desarrollar vías de investigación en países que actualmente no cuentan con ellas porque cada país debe contar con su propia capacidad de respuesta. Es importante que Colombia cuente con su propia protección porque la pandemia nos enseñó que un patógeno se puede propagar por todo del mundo en cuestión de 15 días.
¿Cómo ayudó en esa crisis el bagaje que personas como usted tenían en el ámbito científico con otras enfermedades?
Nuestro trabajo con la malaria, que es una enfermedad parasitaria, ayudó. Lo más sencillo que existe es un virus, un poco más complejo es una bacteria y lo más grande es un parásito. El parásito de la malaria tiene 5.600 genes que codifican 5.600 proteínas distintas, pero el coronavirus tiene unas 20 proteínas. No quiero ser reduccionista, pero después de toda una vida trabajando con la malaria, cuando se nos presentó el covid, lo vimos sencillo. Tenemos una estrategia de vacunas con péptidos, que son fragmentos de proteínas, porque nuestra idea es identificarlas para ver cuáles están en la superficie y atacarlas. Esa es la idea con la que trabajamos también con la malaria.
Los tiempos de trabajo en la ciencia son muy largos y con el covid todo ha tenido que hacerse a contrarreloj. ¿Considera que esto puede suponer un cambio de paradigma y que las labores se agilicen ahora en otros ámbitos científicos?
La pandemia nos enseñó una verdad complicada de asimilar. Unos tres meses después del comienzo de la crisis ya teníamos las primeras vacunas y eso nos lleva a preguntarnos ¿qué hay de nuevo ahora que no había antes? Y la respuesta es dura pero sencilla: este es uno de los pocos patógenos que no respeta ninguna clase social. La malaria mata a más gente en países en vías de desarrollo, y la tuberculosis también, pero al covid no le importó viajar a donde fuera necesario y por eso se le buscó una solución tan rápida. La inversión que se realizó con el covid no tiene precedentes con ningún otro patógeno. Cuando hay intención de invertir, el problema se puede resolver y la parte solidaria no es tan importante como cabría esperar. Eso es algo que nos debería hacer reflexionar.
Precisamente ese trabajo con el covid provocó que otras investigaciones se paralizaran. ¿Eso ha afectado a su trabajo con la malaria, por ejemplo?
Ciertamente se dejó de hacer un seguimiento a otras enfermedades y por eso en muchos países no se tiene claro cuál es el estado de otros problemas, de las muertes y casos que se producen por otras enfermedades que antes sí estábamos controlando. Nosotros estábamos haciendo seguimiento de la malaria, la tuberculosis y otras enfermedades y ahora que estamos recuperando los recuentos, hemos visto que se han disparado algunos casos.
¿Qué le diría a los antivacunas?
Existen posturas extremistas que yo, sinceramente, no entiendo. En el caso de esta pandemia, está perfectamente claro la cantidad de vidas que se salvaron con las vacunas disponibles. Que aún existan antivacunas me parece absurdo porque la mortalidad se redujo gracias a ellas.
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