Ballmann y el cine para empatizar
La actriz canaria triunfa con su última película ‘La abuela y el forastero’, que ganó cuatro premios en el Festival Internacional de Cine de Alicante

AIDA BALLMANN en el estreno de La abuela y el forastero en el 21 Festival Cine Alicante / E. D.

La actriz canaria Aïda Ballmann reflexiona sobre los orígenes y la pertenencia a un territorio a través de sus últimos papeles. La intérprete se muestra satisfecha por haber podido participar en la cinta La abuela y el forastero, la ópera prima de Sergi Miralles, que recientemente obtuvo cuatro premios en el Festival Internacional de Cine de Alicante. Reconoce que no se esperaba la buena acogida que está experimentando esta cinta porque «siempre hay un gran esfuerzo detrás para poder sacar adelante proyectos de este tipo», afirma la actriz canaria quien grabó esta película el verano pasado en Valencia.
Asegura que desde el comienzo se sintió muy cómoda con este proyecto, que parecía hecho directamente para ella. En la película interpreta a la mujer de Enric (Carles Francino) quien, en plena crisis vital, regresa a su pueblo natal para asistir al funeral de su abuela. Julia, el personaje de Ballmann, no puede acompañarlo y por eso se mantiene en contacto con su marido de manera telemática. Curiosamente, la canaria tuvo que seguir de esta misma manera la primera reunión que celebró el equipo para llevar a cabo la lectura del guion. «Primero me sentí un poco excluida, pero luego me di cuenta e que era una buena manera de poder trabajar mi personaje», reflexiona la intérprete. La forma de grabar estas escenas, en las que la pareja mantiene conversaciones separados por una pantalla, también fue especial para Ballmann.
Si algo destaca la actriz de su participación en este rodaje es precisamente el mensaje que trata de trasmitir La abuela y el forastero. Nacida en El Hierro, pero de padres alemanes, ella misma se sintió una forastera en algunos momentos de su niñez y por eso se sintió identificada con las temáticas principales de la película que muestra la relación entre Teresa, una modista del pueblo natal de Enric, y Samir, el frutero pakistaní que en realidad es un gran sastre que tuvo que emigrar de su país de origen. «De pequeña llegué a sentirme así porque mi aspecto físico era diferente al de mis vecinos de El Hierro y por eso me gustó mucho que el guion de esta película hablara sobre este tema», reflexiona la joven quien va más allá y hace un paralelismo sobre la crisis migratoria que se vive en el planeta en la actualidad.
«A veces nos falla la empatía cuando vemos llegar a una persona en una patera porque cada uno tiene su propia historia y todos tienen un motivo para iniciar ese viaje», reflexiona la actriz y recuerda que «todos los pueblos, en algún momento de su historia, han tenido que emigrar por una razón u otra». Y para trasmitir todas esas realidades y reflexiones, Aïda Ballmann sabe que el cine es el mejor elemento transmisor. El Séptimo Arte «nos da un punto de vista nuevo en muchas ocasiones y nos permite efectuar pequeños cambios de manera interna que luego se pueden exteriorizar de una forma muy sutil en nuestro entorno», afirma la actriz, quien ha tenido que compaginar el rodaje de La abuela y el forastero en Valencia con la serie Operación Barrio Inglés en Sevilla, y que ya está disponible en RTVE Play. Asegura que lo pasó muy bien durante esos meses porque tenía que compaginar «dos personajes completamente diferentes y para mí fue un placer enfrentarme a ese reto» ya que en la serie interpreta a una espía de origen inglés pero nazi.
Además, recientemente ha participado en la serie de Atresplayer Una vida menos en Canarias. En este sentido, destaca el regalo que es para ella poder trabajar en su tierra natal: «Estos proyectos me permiten trabajar con gente del medio de Canarias, personas a las que no veo demasiado, y eso ya es un placer. Además, es una excusa perfecta para disfrutar de nuestros paisajes y poder mostrarlos en el cine para ponerlos en valor».
Mientras disfruta de tan buen momento dentro de la interpretación, trata de explotar también su faceta como directora, que ya estrenó con la grabación de su ópera prima, el documental Camino de tierra. Explica que lo grabó «en un momento de crisis, cuando no sabía muy bien qué hacer con mi carrera y decidí contar yo misma las historias que yo quería porque me di cuenta de que hasta ese momento estaba interpretando las que escribían otras personas». Así pues, decidió contar la historia de sus padres, una pareja de alemanes que antes de asentarse en El Hierro vivió Senegal. «Me compré una cámara y estuve viajando por Gambia y Senegal. Cuando regresé a casa y me puse a montar el material me di cuenta de que me faltaba contenido para que la historia fuera redonda y decidí volver a África con mis padres y mis hermanas. Todo ello me permitió reafirmarme en la idea de que yo misma soy una mezcla cultural y eso me define», concluye la actriz, quien trabaja ahora en el que será su segundo documental y que en esta ocasión girará alrededor de la menopausia.
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