Desde antiguo, la historia ha estado cuajada de elementos simbólicos acerca de ese particular y estrecho maridaje. Ya lo cantaban los autores clásicos. Lo cierto es que con el paso del tiempo se ha confirmado que vino y amor están hechos el uno para el otro, íntimamente unidos: son una pareja eterna.

La historia está cuajada de elementos simbólicos acerca de ese estrecho maridaje entre vino y amor. Ya lo decían los clásicos, como el dramaturgo griego Eurípides, para quien «donde no hay vino no hay amor», o el poeta latino Ovidio, cuando habló sobre las célebres bacanales romanas, afirmando que «con amor, el vino es fuego».

En el drama satírico Cíclope, Eurípides trata el episodio mítico de Odiseo en la tierra de los cíclopes. Uno de los principales temas de esta obra es la oposición entre el mundo civilizado del héroe y el salvajismo del monstruo, oposición que cobra especial relevancia en los términos de la hospitalidad y del banquete. En este punto, el hecho de que el Cíclope desconozca el vino no sólo brinda a Odiseo la posibilidad de escapar, sino que la presencia de Dioniso es crucial en la obra como uno de los motores de la acción a través de su identificación con su atributo más importante, el vino.

Por lo que se refiere a Ovidio, en sus obras de juventud, las amatorias, el vino aparece con una triple intención: primero, como un elemento idóneo para el juego erótico y el flirteo; en segundo lugar, como desinhibidor de la vergüenza e, incluso, como una cura contra el mal de amores; y en tercer lugar, como símbolo de la poesía elegíaca. En las obras de vejez, las del destierro, el vino emerge, por un lado, como un bonito recuerdo de su vida pasada y, por otro, como elemento de desasosiego.

En el Antiguo Testamento, la vid era un símbolo de fertilidad y en El Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita, el personaje don Amor ataca el consumo inmoderado de vino, no erigido en moralista, sino llevando a su protagonista por la senda del loco amor, atribuyendo al vino las propiedades más deseables en un amante: la fuerza física, el buen aliento.

El vino y el amor parecen estar hechos el uno para el otro, una pareja eterna, y es que el vino tiene muchos beneficios vinculados con el amor y las relaciones íntimas. Por ejemplo, para los hombres se considera como un vasodilatador que permite la llegada de la sangre a todo el cuerpo y para las mujeres resulta beneficioso en cuanto a potenciar la secreción de estrógenos.

La vinoteca El Gusto por El Vino abre de par en par su excepcional cava y de la mano de su alma mater, Toño Armas, aconseja vinos para festejar San Valentín.

Besos con fresas. Bermejo rosado Brut Nature. Su burbujeo, esos toques cítricos y florales, las notas de pastelería... En resumen, goloso, fresco, amplio.

Días de vino y rosas. AT Roca Reserva Brut Nature. Como en la película, este espumoso 100% se hace poética y armoniosa melodía, con aromas de manzana reineta sobre fondo de frutos rojos (fresa y la frambuesa); cremoso, largo y sabroso.

Desayuno con diamantes. André Clouet Grand Cru, un Pinot Noir. elegante como Audrey Hepburn, fresco como la mítica película, con aromas de fruta roja fresca y notas cítricas. Expresivo, con fina burbuja y un largo final.

Ese oscuro objeto del deseo. Si Luis Buñuel logró la genialidad con esta cinta, ganadora de un Oscar, Luca Beso de Dante, un tinto de Mendoza (Argentina), desborda pasión con sus notas de menta y fruta en el paladar. La fruta Cabernet se fusiona a la perfección con el Malbec.

Con taninos. Dominio de Valdepusa Cabernet Sauvignon es un tinto intenso, con aromas a frutas del bosque, especias (canela) y tabaco. En boca es estructurado y potente, con toques de chocolate. Despierta emociones.

La primavera la sangre altera. Sangarida la Yegua, del Bierzo, fermentado en barrica. Un original blanco, elegante y armonioso que resulta muy expresivo. Dominan los aromas a frutas blancas, con toques cítricos y recuerdos especiados de su paso por madera.

Para tomar con mariscos. Enate Uno Chardonnay es un vino blanco con crianza , de largo recorrido; original y diferente, con un enorme potencial, fresco y carnoso e ideal para maridar con mariscos. Un latigazo para los sentidos.

La penúltima copa. Casta Diva Reserva Real es un blanco que entona con alta solera; con sabor a miel, almendras y turrón transmite una dulzura que emociona.

La tentación de la carne. Malleolus Valderramiro, uno de los excepcionales tintos de Emilio Moro, de la Denominación de Origen Ribera de Duero, un vino que despierta y desata pasiones intensas, de raíz, centenarias: como un roble.

Dilo con flores. El Novio Perfecto es un blanco sutil y seductor, con el perfume y la fragancia de la uva moscatel; ligero, invita a repetir, como el amor, con una prolongada y refrescante acidez que equilibra de manera magistral su adictivo toque dulzón.