La fiscal Lidia Fidalgo afirmó que no existe ni una prueba médica o forense que ratifique que el acusado de matar a su tía en Tenerife, Martín León, sufriera un arrebato u obcecación en el momento del ataque mortal. Así lo expresó la representante del Ministerio Público durante la lectura de las conclusiones del juicio con Tribunal de Jurado que se desarrolla en la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife por el asesinato de Josefa, de 81 años.

Además, Fidalgo apuntó que una inspectora de la Brigada de Policía Judicial de la Policía Nacional de La Laguna en el momento del suceso aseguró en la vista que el implicado "estaba en su sano juicio y sabía lo que hacía".

Este feminicidio ocurrió el 29 de mayo del 2021 en una casa del Camino Pista Militar, en La Laguna. La mujer y el sobrino, de 49 años, mantuvieron una discusión en la azotea, donde vivía el implicado, y la mujer cayó por las escaleras, lo que le produjo diversas lesiones, entre ellas, la fractura de cinco costillas.

Después, el hombre presuntamente la llevó a una habitación y la acostó en una cama. Después, según la Fiscalía, el varón fue a la cocina, cogió el cuchillo más grande que había y la apuñaló tres veces. La relación entre ambas personas no fue precisamente plácida durante su convivencia. Y, desde el momento de su arresto, el implicado reconoció los hechos. Pero, durante dos días, convivió con el cadáver de la afectada, hasta que fue detenido el domingo 1 de junio.

Un año antes de la muerte violenta de Josefa, esta le solicitó a su sobrino que dejara el cuarto que ocupaba en la azotea, por las buenas o por las malas". E, incluso, le advirtió de que sería peor si lo sacaba de allí la Policía. Y, meses antes del apuñalamiento, la octogenaria denunció a Martín León ante el cuerpo de seguridad.

La fiscal explicó que en las uñas de la víctima los agentes de la Brigada de Policía Científica hallaron ADN del ahora acusado. Además, en la ropa de este apareció sangre que correspondía a su tía. Para la representante del Ministerio Público, la agravante de alevosía se fundamenta en que la mujer no pudo oponer resistencia al apuñalamiento, después de haber caído por las escaleras y tener su capacidad de movilidad muy limitada. Josefa medía 1,54 metros y pesaba unos 80 kilos.

Según las médicos forenses, resulta muy poco probable que la mujer tuviera la posibilidad de levantarse por sí misma y acudir a una habitación por sus propios medios. Y tampoco pudo pedir ayuda, en la medida en que el teléfono de la casa se hallaba en la cocina, hasta donde no podía llegar la víctima. En base a la reconstrucción del episodio, la afectada interpuso una mano, como acto reflejo, al percibir que iba a ser apuñalada por su familiar. Para la fiscal, la mujer se podía haber salvado si, después de caer por las escaleras, su sobrino hubiese llamado a los servicios de emergencias.

La representante del Ministerio Público comentó que Martín León residía en la vivienda de su tía después de que fuera condenado por agredir a su madre y tener una orden de alejamiento de esta.

La abogada de la Defensa, Ana Cristina Galván, afirmó que "no hay pruebas concretas de lo que pasó, más allá de la declaración de Martín". Desde el punto de vista de esta letrada, no existen motivos para aplicarle la agravante de género, puesto que nunca hubo "menosprecio" hacia su tía. De hecho, indicó que, a pesar de que podía haber desavenencias en algunos momentos, después "hacían las paces", a la vez que el ahora acusado la cuidaba, le hacía la comida a veces o la llevaba al médico o a comprar.

La abogada de Martín León recordó que había interés de Josefa y una amiga en que el hoy procesado se fuera de la casa, puesto que la segunda había comprado la edificación y temían que permaneciera allí mucho tiempo. Desde su punto de vista, no existió alevosía en el apuñalamiento de la octogenaria.

El procesado expresó que sentía mucho lo sucedido. "Me arrepiento, pero no puedo dar marcha atrás". Ante las acusaciones de la Fiscalía, dijo que en ningún momento maltrató a su tía ni es un machista; sino que, al contrario, "la cuidaba y le hacía mucho bien". Aclaró que "fue un momento muy doloroso".

Apuntó que, después recibir la nota de su familiar para que dejara el domicilio, guardó el escrito en su cuarto y Josefa le pidió perdón varias veces. En ocasiones, también la evitaba para no tener discusiones con ella y le llegó a grabar audios sobre lo que le decía la mujer.