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Las madres de niños con discapacidad denuncian la faltade extraescolares

Las progenitoras se ven obligadas a reducir su jornada laboral, cuando no a renunciar al empleo

Una de las madres afectadas junto a su hijo. | | E.D

La conciliación familiar de las madres y padres de niños con discapacidad en Canarias se está convirtiendo en una misión imposible. La mayoría de colegios así como los centros de educación especial carecen de actividades extraescolares adaptadas a las características de estos niños. Esto significa que, lo quieran o no, los pequeños y adolescentes apenas están fuera de casa unas 4 horas, lo que dificulta a las madres conciliar sus horarios laborales con el cuidado intensivo que requieren sus hijos las «48 horas del día».

«Me es imposible trabajar una jornada completa». Silvia Wollny lleva años intentando buscar una fórmula que le permita conciliar su trabajo con el cuidado de su hijo Lucas, que tiene una enfermedad rara que le obliga a permanecer postrado en una silla de ruedas. Su hijo se encuentra escolarizado en el Centro de Educación Especial (CEE) Adeje, uno de los cuatro colegios públicos en Tenerife dedicados íntegramente a la formación de estos jóvenes. «No nos dan la opción de tener actividades extraescolares ni de recogida temprana, por lo que, como muy tarde a las 15:00 horas vuelve a casa», resalta la madre. «Sin un apoyo es imposible», lamenta.

Luisa Morales ha tenido que reducir su jornada. «Me vendría bien la permanencia, porque mi hijo entra en el CEE Hermano Pedro a las 8 de la mañana y sale a las 3 de la tarde», explica.

Ninguno de estos centros –hay ocho en total en toda Canarias– cuenta con actividades que se realicen fuera del horario lectivo. Una fuente consultada en el CEE Chacona, que también se sitúa en el sur de Tenerife, asegura que no es posible porque el colegio es comarcal y «cuando terminan las clases cada alumno vuelve a sus municipios donde pueden recibir sus actividades complementarias».

Los problemas se intensifican en verano; las familias no encuentran campamentos

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La Consejería de Educación, por su parte, asegura que entre sus competencias no se encuentra la de dotar a los colegios de actividades fuera de la jornada lectiva, más allá de ofrecer el servicio de comedor y de transporte. La responsabilidad, en realidad, está en manos de las AMPAS o del Ayuntamiento, pero no todas tienen los medios para ofertar un servicio tan especializado como el que requieren estos niños.

Otras veces, como en el caso de Florencia Martín, se encuentran obstáculos en la propia administración. Martín se preocupó por buscar opciones de actividades fuera de jornada que, además, pudieran disfrutar todos los niños del colegio de su hijo. Alexander, que tiene una lesión cerebral debido a una malformación genética, aún puede acudir a un centro «integrativo», es decir, un colegio al uso con aula enclave. Sin embargo, todos sus esfuerzos fueron en vano. «Conseguí que nos dejaran ir gratis a terapia hípica y el Ayuntamiento no nos ayudó a poner un transporte», resalta Martín, que afirma sentirse cansada de «recoger firmas» y moverse por todos los rincones de la isla para que sus esfuerzos siempre acaben siendo en vano.

Los problemas se intensifican durante el verano. «No hay un solo campamento al que podamos llevarlos», explica Sandra Ramos, madre de Clara, de 13 años, una niña que sufre una enfermedad rara que le hace sufrir ataques de epilepsia. «No podemos dejarlos en ningún sitio desde que salen del cole», lamenta, e insiste: «Necesitamos alguna opción para que estén en contacto con niños de su edad y les estimule». Luisa Morales añade que, además, «la oferta de campamentos es muy poca y enseguida se llenan»

Ningún centro de educación especial cuenta con actividades fuera del horario lectivo

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Porque lo que buscan las familias no es solo un recurso adaptado para aliviar su carga durante un par de horas más al día; también le gustaría que sus hijos pudieran disfrutar de recursos integrativos. «Estar con otros niños sin discapacidad les viene bien, les estimula», insiste Ramos.

Otra mamá, que ha pedido que se conserve su privacidad, señala que «si tienes vida laboral, hay que hacer un encaje de bolillos para llegar a todo». Ella se ha visto obligada a dejar su empleo después de que la consejería de Educación decidiera que su hijo tendría que cambiarse del colegio en el que había tenido una buena experiencia durante varios años a un CEE. Esta decisión que según ella se llevó a cabo «unilateralmente», le ha obligado a dejar su trabajo porque considera que un CEE no es el espacio adecuado para su hijo. «Es una forma de segregación con el que no estoy de acuerdo», resalta.

A todo ello se une los gastos que deben hacer en el cuidado de sus hijos, por lo que tener que elegir entre el bienestar de los niños y su empleo acaba generando una merma en su calidad de vida.

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